Es innegable que la sociedad ha ido cambiando en muchos aspectos, positiva y negativamente. La violencia es inherente al ser humano. El hecho de que siempre haya existido no significa que haya que acostumbrarse a ella y justificar su incremento. Lo llamativo es que en los últimos tiempos las grescas juveniles y callejeras han comenzado por tener por protagonistas a las damas.
Ahora se denomina bullying al acoso, hostigamiento o cualquier forma de maltrato producido entre estudiantes. Tal vez porque antes no había denuncias o quizás porque el fenómeno no existía, la aparición de algunas pandillas femeninas ha comenzado a llamar la atención. Las actitudes violentas entre chicas cada vez se registran a menor edad. La jefa del Departamento Violencia, Mujer y Derechos Humanos de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán confirmó que desde hace un par de años se viene produciendo un incremento de los casos de violencia entre mujeres, especialmente en la adolescencia y juventud.
La experta le dijo a nuestro diario que antes, quienes protagonizaban grescas a trompadas eran chicas de 16 años en adelante; ahora se observa que la edad ha descendido a los 11 años. Indicó que también se ha notado una mayor intensidad en las agresiones; ya no se trata de un mero empujón o un tirón de cabellos y las causas de las peleas son diversas. Los casos que llegan al organismo municipal pone en evidencia que el problema es complejo; a veces en los noviazgos en los que la violencia es cruzada, es decir que la mujer también agrede al varón.
En agosto pasado una adolescente fue patoteada por chicas de su misma edad en la vía pública, hecho que renovó la preocupación por este tipo de episodios que suelen repetirse con frecuencia dentro y fuera de los establecimientos escolares. Una encuesta nacional realizada en 2008 por el Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica Argentina sobre 6.000 chicos, indicaba que el 46 % de ellos dijo haber sufrido a veces la violencia indirecta; el 11 % afirmó haber sufrido mucho la violencia indirecta; el 32 % señaló que sufría “a veces” agresiones físicas; el 62 % de los entrevistados indicó que había sufrido agresiones verbales, mientras que el mismo porcentaje confesó que había maltratado a sus compañeros “a veces”. El 6 % de los encuestados afirmó que había maltratado a sus compañeros en forma continua, mientras que el 97 % de los docentes había dicho que actualmente existen situaciones de violencia en las escuelas.
Una experta en estudios de género señaló que en su afán por igualar al hombre, las mujeres van avanzando en todos los ámbitos, incluso hasta en lo negativo. “El sexo femenino busca igualarse en todo con ellos, hasta en la violencia. ¿Por qué las chicas no iban a entrar en eso también?”, se preguntó.
En el mundo parecen estar cambiando los papeles. Ver a una dama con pantalones o incluso traje, forma parte de la vida cotidiana desde hace muchos años. Sin embargo, pocos días atrás, dábamos a conocer en nuestras páginas que la moda de muchas chicas tucumanas es usar ropa interior masculina porque les resulta más cómoda, según argumentan. El boxeo, por ejemplo, era un deporte de hombres.
Si bien puede existir una suerte de masculinización de la mujer -o feminización del hombre-, no es menos cierto que apelar a la violencia para zanjar los problemas o las diferencias con otras personas refleja el malestar social, la intolerancia y en especial, la falta de comunicación en la familia. Nuestra sociedad no debería mirar para otro lado; este fenómeno, por ahora, es incipiente. Se está aún a tiempo para evitar que el problema salga de su cauce.
31 Marzo 2009 Seguir en 







