El ruralismo debe mejorar su estrategia
El Gobierno parece haber quedado en mejor posición que el campo, en el marco de la protesta sectorial que se llevó a cabo la semana que pasó. Por Fernando García Soto - Redacción de LA GACETA.
Parecido, pero distinto. El paro ruralista nacional, que tuvo lugar durante toda la semana que pasó -con cortes de rutas incluidos-, generó postales similares a las que se observaron el año pasado, cuando el campo argentino se abroqueló contra la resolución 125, que impuso retenciones móviles a las exportaciones de soja. Pero en esta nueva etapa del conflicto Gobierno-campo careció de la mística que la confrontación había generado en 2008. En Tucumán, la protesta no encandiló ni siquiera a los productores que el año pasado poblaron cuatro piquetes en la provincia durante semanas.
Durante los siete días que duró el paro agropecuario no hubo definiciones distintas de las que ya se conocían. O sea, quedó claro que hay decenas de problemas que aquejan al campo, pero lo que en verdad quieren los productores es la eliminación o al menos la baja sustancial de las retenciones a la soja. Tal vez porque la dirigencia ruralista no diseñó una estrategia de comunicación contundente, que captara la adhesión de la opinión pública, es que el Gobierno parece haber tomado las riendas del conflicto. Así, desde que se desató la nueva versión de este enfrentamiento, el oficialismo gobernante convocó a reuniones a la Mesa de Enlace y le otorgó al sector algunas medidas que rápidamente se pusieron en marcha. Pero nada de bajar las retenciones a la soja. Luego, la presidenta Cristina Kirchner les bajó línea a los agricultores, en tono casi maternalista, reprimiéndolos por sus actitudes al convocar al lock-out patronal que terminó hace un par de días. La sensación que quedó sobrevolando en la población es que el Gobierno manejó mejor que el año pasado la crisis con el agro, y que los productores volverán a complicarle la vida a todo el país con un reclamo sectorial. De alguna forma, el Gobierno logró sacar provecho de la crisis internacional, que le sirvió para tapar problemas propios que estaban a punto de estallar. Hoy, según el mensaje oficial, todo es culpa de la crisis externa, y de los agricultores, de aquí en más.
En las rutas se pudo ver los esfuerzos de la dirigencia ruralista por mantener en alto el espíritu combativo de los manifestantes y por refrenar los ímpetus y el hartazgo de algunos de los que no pudieron transitar libremente mientras duró la protesta. De un año a esta parte, se notó un crecimiento del malestar contra los piquetes ruralistas por parte de los transportistas que recorren las rutas del país. Estos terminaron siendo socios obligados de los agricultores el año pasado y perdieron mucho dinero a raíz de los cortes. Por eso y porque en esta temporada la economía no se presenta favorable como para disimular algunos problemas es que los transportistas no parecen tener sus estados de ánimo del todo bajo control.
A los agricultores poco parece importarles los malestares que generan en el resto de los actores de la economía. Están dispuestos a volver a las rutas por tiempo indeterminado si es que no hay avances en las reuniones con el Gobierno y si vuelve a fracasar la iniciativa parlamentaria para suprimir las retenciones a la soja.
En pocos días, los sojeros tucumanos comenzarán a levantar su producción de este año, con expectativas productivas mejores que las del resto del país, debido a que aquí las lluvias fueron más generosas que en otras zonas, en una campaña en que primó la sequía. Luego, la trilla se generalizará en todo el país. Es posible que con la soja en la mano los productores se sientan con más energías como para iniciar un plan de lucha que sea superador de meros cortes de rutas, pero si no se vende la oleaginosa los recursos para una protesta de largo aliento pueden ser exíguos.
Por lo pronto, la agenda de la comunidad parece más orientada a buscar formas de enfrentar la recesión y no a apoyar a sectores en particular. Para colmo, se impone el escenario político con el adelantamiento de las elecciones, con lo que la estrategia ruralista deberá contemplar una confrontación en varios frentes, en especial la que mantendrá contra el aparato electoral oficialista, que no escatimará recursos para alcanzar sus objetivos.







