Según el sociólogo y filósofo alemán Max Weber (Erfurt, 1864-Munich, 1920), la burocracia es lentitud, exceso de trámites, distanciamiento total entre el prestador de los servicios públicos y el usuario, producto de una exagerada adherencia de los funcionarios y empleados públicos a los reglamentos y rutinas, a los procedimientos y métodos consignados en los manuales de organización. Con mucha frecuencia, la burocracia afecta a los tucumanos, haciéndoles perder un tiempo valioso y en muchos casos, trabajos, becas, viajes de estudios y de placer ocasionando un serio perjuicio.
En nuestra edición de ayer dedicamos un amplio espacio al problema que padecen los egresados de la Universidad Nacional quienes deben esperar en algunas unidades académicas hasta cinco años para obtener el título habilitante. Esto sucede, por ejemplo, en la Facultad de Artes. Sobre el tema, a principios de este mes, una funcionaria de esa casa de estudios atribuyó la causa de la excesiva mora a que se otorga a los estudiantes el beneficio de cursar materias sin cumplir con la correlatividad que establece el plan de estudios. “Es la situación más grave. Motiva que se guarden las notas sin hacer las actas correspondientes, y por lo tanto no quedan registradas en el legajo de los alumnos”, sostuvo. Señaló que en una auditoría solicitada por la facultad en agosto de 2008 al Rectorado de la UNT se detectaron irregularidades en el registro de las notas realizadas por la Dirección de Alumnos de la unidad académica. La persona responsable de esa repartición argumentó falta de personal. Sin embargo, también se atribuyó la demora a los inconvenientes que genera la condicionalidad y extensión de los plazos de regularidad que se otorgan. Se quejó porque la Facultad carece de sistema informático. Como respuesta a las protestas de los egresados, se creó hace unos días la Dirección de Títulos, que está abocada exclusivamente al inicio y seguimiento de los expedientes.
Pero la burocracia también está presente -aunque no en una situación tan extrema- en las otras facultades, donde el trámite demora ocho meses como mínimo, cuando de acuerdo con la ley de Educación Superior se debería extender el título en menos de 120 días. Sin embargo, la secretaria académica de la UNT dijo que la gestión tiene una tardanza de unos seis meses. Como consecuencia de la investigación por las graves irregularidades detectadas, muchos egresados de la Facultad de Derecho no pueden recibir aún su diploma, mientras en la Facultad de Medicina la situación se ha normalizado y se cumple con el plazo establecido por la ley.
En el caso de Artes, el problema parece complicarse no sólo por la falta de medios adecuados para realizar la labor y de personal, sino también por desorganización en los planes de estudios lo cual debería obligar a un replanteo para evitar situaciones que atenten luego contra los mismos estudiantes.
Este crónico retardo burocrático debería llevar a las autoridades de la UNT a pensar seriamente en una solución global para que el acatamiento al artículo 24 de la Ley de Educación Superior sea una realidad ineludible. Si una unidad académica ya ha podido lograrlo significa que las otras deberían también poder cumplir con la norma. Las argumentaciones para justificar la violación de una ley nacional no son válidas y menos aún en una prestigiosa casa de altos estudios como la fundada por Juan B. Terán. ¿Quién se hace cargo del perjuicio que se le ocasiona a un graduado si este pierde la posibilidad de obtener un trabajo o una beca porque el título habilitante no le fue otorgado en tiempo y forma? Sería bueno que la UNT tomara las medidas del caso para dar una solución definitiva a este inconveniente.







