La última cena

El adelantamiento de las elecciones regocijó a Alperovich; la mochila kirchnerista era demasiado pesada para cargarla hasta octubre. Por Fernando Stanich - Redacción LA GACETA.

14 Marzo 2009

Carlos María está triste. El verano fue, para él, mucho más sofocante que lo registrado por el termómetro. Hoy cerrará la semana como la empezó: con las manos en los bolsillos mirando los autos pasar desde la puerta de su negocio, tan inseguro como quien sabe que el mañana no depende de uno. Sonríe, es cierto. Pero le cuesta dormir. Y peor aún, le cuesta levantarse cada mañana. Es un cincuentón que las pasó todas. Es un hombre abatido. Si hasta casi perdió el hambre.
José Jorge está eufórico. El verano tuvo, para él, algunos picos de calor, pero nada que no pudiera controlar. Hoy cerrará la semana mucho mejor que como la empezó: con los brazos cruzados mirando a sus rivales pasar, tan seguro como quien sabe que el futuro está en sus manos. Sonríe. Y mucho. Pero le cuesta dormir. Aunque a diferencia de Carlos María, no tiene problemas para levantarse por las mañanas. Es un cincuentón que las quiere todas. Es un hombre hambriento, de poder.
El gobernador respira aliviado. Fue a Buenos Aires a husmear lo que preparaba Hugo Haime y volvió a Tucumán con todo cocinado. Las encuestas huelen mejor que un buen plato bien salpimentado. Pero es lo que menos le importa. Está tan satisfecho con el menú del fin de semana que no pudo disimular su alegría. "Lo que hizo la Presidenta es excelente. El país no daba para que aguantemos hasta octubre", lanzó con el mismo tupé con el que Riquelme renunció a la selección argentina que conduce Maradona.
El mandatario está convencido de que la comida le sentará bien. Mucho más después de que Néstor y Cristina escogieran su plato preferido antes de que los opositores -al menos en Tucumán- prepararan las tostadas. En la noche del jueves ya estaba en su casa cuando recibió el convite de ella vía celular. La cuenta K llegó menos abultada y, como propina, sólo deberá dejar el nombre de Stella Maris Córdoba en el segundo casillero de los diputados nacionales. Es un precio razonable, interpretó. "El Senado hubiese sido impagable", balbuceó. "Y, encima, nos sacaron 120 días de lastre", razonó ya en la sobremesa un estrecho colaborador del mandatario.

Delivery K
El plato principal sabe a Senado. Su esposa, la diputada Beatriz Rojkés, ya pidió que le sirvieran el postre. Aún le queda un poco para compartir, por eso alcanza la cuchara a Gerónimo Vargas Aignasse y no al conciliador ministro Jorge Gassenbauer. Pero Alperovich duda sobre la fecha de vencimiento de ese enlatado. Su actual mandato finaliza en 2011 y el de los que resulten electos senadores en junio, en 2015.
Su razonamiento es tan simple como primitivo, por eso activa el instinto de supervivencia. Si la Justicia no lo deja alimentarse de una re-reelección o si, eventualmente, los Kirchner tiran del mantel antes de tiempo, en un par de años tendrá que buscar otro restaurante. De Gassenbauer puede esperar hasta que renuncie a su comida, si es que él se queda sin plato. De Vargas Aignasse, no sabe. Jorge es un incondicional sin apetito. Gerónimo es un joven que acompaña su proyecto, pero es un tanto más goloso. Por eso, el presidente de Sportivo Guzmán apuesta a la misma receta que Córdoba: el delivery por encargo K. Esta ¿última? decisión kirchnerista lo posiciona mejor: aún debe votar en Diputados por el sí.
El resto de los comensales peronistas está ansioso porque le sirvan la mesa. Si el banquete es una sopa de letras, algunos temen atragantarse con la G de Gerónimo. Hasta creen que podrán digerir mejor la J de Jorge. El intendente Domingo Amaya es uno de ellos. Los médicos le recomendaron comer liviano si es que quiere llegar en buen estado a 2011. Y les hace caso. Por eso cumplirá una dieta light hasta los comicios. No le pidan que se esfuerce. Es un hombre que se está poniendo en forma.

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Fast food
¿Hay otros invitados al agasajo? Es probable, pero en Tucumán parece que llegarán tarde. Aquellos que quieren ser parte del convite apenas si se están desayunando con la noticia. Sobre todo si son de la oposición. Hasta se les fue el hambre. Sólo se preguntan si los médicos encontraron el centro de la saciedad alperovichista. Aún no pueden digerir el ágape que les envió el matrimonio K y que les convidó Alperovich.
Deambulan de cocina en cocina con recetas dictadas desde Buenos Aires, pero no encuentran el condimento para dar con el toque autóctono antes de servir un plato típico de la región. Los hermanos Luis José y Ricardo Bussi no hallan el sabor justo y, como niños, se pelean por el último caramelo. Aunque Ricardo, por ser el menor (y el que corta el queso en FR), podría reclamar la prioridad. El radical José Cano, por insistente, es el que mayor destreza culinaria exhibe. Hasta abrió el cajón para buscar los cubiertos y se puso el delantal. La J de Juri ya hirvió lo suficiente y quedó al dente de la Casa de Gobierno. Sin partido político, Fernando podría quedarse sin el pan y sin las tortas.
A gusto y piacere, Alperovich brinda. Y por anticipado.
Con las encuestas y el calendario en las manos, desde su campo santiagueño José Jorge evaluará nombres y se cruzará de brazos. Está tan confiado en lo que cocinó a lo largo de cinco años que hasta presume de que Kirchner vendrá a Tucumán en abril y de que todos degustarán ese plato. Por más que no tengan hambre y que no se trate, precisamente, de una delicia. Eso ya no importa. Su futuro está ahora más cerca que aquel lejano octubre.
Con este diario bajo el brazo, Carlos María apagará las luces y cerrará el portón del negocio, como cada mediodía de sábado. Volverá el lunes, sonreirá a sus vecinos y sólo sacará las manos de los bolsillos para saludar. Seguirá con hambre, y su futuro estará tan lejos como antes.

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