Historias de amor en España
Vicky y Cristina son dos amigas norteamericanas que están pasando sus vacaciones en España; en Barcelona conocen a un pintor desprejuiciado y seductor que las invita a pasar un fin de semana en Oviedo. Las cosas se complican cuando aparece la ex mujer del artista y se suma al grupo. Buena. Por Juan Carlos Di Lullo - Redacción LA GACETA.
El principal problema de esta película es que lleva la firma de Woody Allen, a quien el espectador siempre le exige un plus de calidad. Este valor agregado, que suele ser la mayor virtud de las películas del famoso director neoyorquino, es difícil de encontrar en esta realización. Ya de entrada, el relato de un comentarista en off sorprende negativamente al espectador; Allen, creador de una marca de fábrica en cuanto a la narración cinematográfica, descoloca con la apelación a este recurso obvio y elemental. Por lo demás, es innegable que la película está bien planteada, correctamente actuada (aunque el Oscar de Penélope Cruz como mejor actriz de reparto parece un exceso de generosidad) y que la trama entretiene y hasta puede dar pie a interesantes discusiones sobre las relaciones amorosas y las particularidades de la naturaleza humana. Pero falta el toque Allen, no aparecen las réplicas ingeniosas e inquietantes que el realizador y guionista siempre pone en boca de sus personajes y se extraña la nota de originalidad que siempre le imprime a las situaciones que plantea en la pantalla. Da la impresión de que Woody ya dijo lo que tenía que decir sobre el amor y los enamorados en casi todas sus grandes películas (recuérdese, sin que la enumeración pretenda establecer un orden de méritos, al menos a “Hannah y sus hermanas” o “Annie Hall”) y se explayó sobre la naturaleza humana (nuevamente, sólo para refrescar la memoria, pensemos en “La deconstrucción de Harry”). Y, finalmente, es un detalle pero vale la pena mencionarlo: su mirada sobre Barcelona (sin dudas, una de las ciudades más bellas del mundo) es la de un turista deslumbrado; de ninguna manera puede compararse con los soberbios homenajes visuales que le rindió a su verdadero amor geográfico: la ciudad de Nueva York.







