WASHINGTON, Estados Unidos.- El horror comenzó a las cuatro de la tarde. Lo que primero parecía un incendio en una vivienda en la pequeña localidad de Kinston, en Alabama, se transformó en un tiroteo con 11 muertos.
Según pudo constatar la Policía más tarde, Michael McLendon había matado a su madre y prendido fuego a su casa. Pero eso fue sólo el principio. Después de dejar la vivienda, huyó al vecino distrito de Geneva en su coche. Allí, mató a sus abuelos y a sus tíos. Luego asesinó a otras dos personas con las que se cruzó en el camino: la mujer de un sheriff y un niño.
En un patio de un centro comercial, McLendon asesinó además a un hombre. Luego huyó por la autopista 52, disparó siete tiros contra un coche patrulla e hirió a un agente. Poco después siguió el reguero de muertos. Al parecer, el sujeto disparaba contra todo lo que se movía.
Las próximas víctimas fueron una pareja en un local comercial cercano a la autopista. Durante casi 20 kilómetros siguió la persecución, hasta que una patrulla consiguió bloquear el paso del auto. Entonces, los hechos se precipitaron. El atacante se descerrajó un tiro y murió en el acto. (DPA)







