Al heredero de Plácido Domingo no le molesta el precio de la fama

NINGUNA VICTIMA. Villazón criticó las condiciones de contrato de los tenores.
NINGUNA VICTIMA. Villazón criticó las condiciones de contrato de los tenores.
13 Enero 2009

BERLIN.- El tenor mexicano radicado en Francia Rolando Villazón reconoció ayer que le molesta el precio de la fama, pero recalcó que él no es una víctima, sino parte del sistema. "¿No invertimos la mayor parte de nuestras fuerzas en ser famosos, en crear nuestra propia imagen y vender entradas y discos? ¿Y no olvidamos de lo que se trata realmente? ¿De la pasión por el arte?", se preguntó Villazón, considerado uno de los mejores tenores líricos del mundo, en una entrevista con el diario alemán "Der Tagesspiegel" en su edición de ayer.
"No digo que la publicidad no sea superficial, pero cuando trabajo en un teatro donde se está gastando muchísimo dinero en la promoción y luego no hay suficientes pruebas con la orquesta porque no hay presupuesto suficiente no estamos gastando correctamente ese dinero", agregó. El llamado "heredero de Plácido Domingo" criticó también otras de las condiciones que tienen que aceptar los cantantes de ópera, como los excesivos ensayos o la obligación de cerrar sus contratos cinco años antes. "Cada vez hay más cantantes que a una edad determinada se retiran del escenario cuando en realidad deberían alcanza su cénit. Yo lo noto incluso en algunos compañeros, que ya están agotados de la ópera", indicó. "Si no tenemos cuidado, nos arriesgamos a perder el entusiasmo por el arte. Yo mismo llegué a ese punto en 2007, cuando decidí tomarme una pausa", recordó. "Es totalmente absurdo que nos contraten con cinco años de antelación. ¿Quieren saber lo que me gustaría cantar en 2014?, dijo.
En Berlín ha actuado en numerosas ocasiones, sobre todo en la Staatsoper Unter den Linden, de la que el argentino-israelí Daniel Barenboim es director musical. Villazón destacó su profunda admiración hacia ese director, que anoche ofreció dos esperados conciertos en Berlín junto a su orquesta de jóvenes músicos West-Eastern Divan. "Siempre fui muy malo a la hora de presentarme, pero cuando llegué a la Staatsoper, Barenboim me lo hizo muy fácil. Contó en seguida un chiste cuando subí al escenario y entonces canté muy relajado", recordó el tenor que se ganó la fama internacional en agosto de 2005, con "La Traviata". (DPA)

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