El hidroarsenicismo en el este de Leales

23 Diciembre 2008
Una de las características de la idiosincrasia tucumana es dejar que los problemas crezcan hasta hacerse inmanejables, creyendo que poniéndoles parches estos no reaparecerán. En otros casos, los ignoramos y de tanto en tanto, cuando vuelven a la luz los funcionarios de turno anuncian que se ocuparán del asunto. El hidroarsenicismo en la zona del este de Tucumán ha sido descubierto hace varios lustros. Como se recordará, el hidroarsenicismo crónico regional epidémico (Hacre) es un síndrome tóxico adquirido por ingesta prolongada de agua con concentraciones de arsénico superiores a 0,08 mg por litro de agua proveniente de pozos.
En diversas ocasiones nos hemos referido sobre este problema que afecta la salud de los comprovincianos que viven principalmente en el departamento de Leales. Para dar un ejemplo de lo que sostenemos, el 10 de setiembre de 1995, LA GACETA dedicó una página a ese "asesino invisible". Decíamos entonces que, de acuerdo con el censo de 1991, alrededor de unas 120.000 personas de esa zona consumían agua con altas concentraciones de arsénico, que son las que se encuentran en las napas superficiales, entre los 5 y 30 m de profundidad. El consumo ininterrumpido a lo largo de muchos años deposita altas concentraciones de arsénico en el organismo. Entre otras dolencias, el Hacre puede ocasionar queratodermias, caída de cabellos, daño miocárdico, gangrena de las extremidades, alteraciones electro miocárdicas, sangrado por lesión del tracto gastrointestinal, neuropatía periférica, angiosarcoma hepático, cirrosis y carcinogénesis en la piel.
En 1998, un investigador de Concepción anunció el descubrimiento de un sistema que permitiría separar el arsénico del agua potable. En 2001, otro investigador, de la Universidad Tecnológica, dijo haber llegado a un sistema de muy bajo costo para lograr esa eliminación: su trabajo fue inclusive premiado en un certamen latinoamericano. Y sin duda, dada la abundancia y la variedad de la investigación científica del país, deben haberse señalado también varios otros caminos para liberar a la población de esa agua venenosa.
En nuestra edición del lunes dimos a conocer el trabajo que hicieron a lo largo de dos años alumnos del instituto Pellegrini, asesorados por docentes de la Facultad de Medicina de la UNT. Encontraron zonas del este en las que los valores superan los índices permitidos por la Organización Mundial de la Salud. A través de encuestas, los estudiantes descubrieron que la mayoría de los pobladores ignoraba lo que es el Hacre -muchos carecen de estudios primarios y secundarios- y tampoco los médicos les advertían sobre esta dolencia. La labor de los jóvenes consistía en actualizar los valores de arsénico en la zona y asociarlo con síntomas de los habitantes. Con el tiempo, la tarea logró que los lugareños tomaran conciencia del hidroarsenicismo y los médicos dieran charlas sobre el tema. En la zona, el agua potable se obtiene de pozos y no existen redes de distribución de agua que permitan potabilizarla.
Como vemos, el Hacre es un problema crónico en el este tucumano. El Gobierno no debería seguir mirando hacia otro lado y enfrentar este asunto que perjudica la salud de estos comprovincianos, realizando las obras públicas y las acciones que sean necesarias. Hace unas semanas, publicamos una encuesta nacional que señalaba que poblaciones del este de Simoca figuraban entre las más pobres del país; recién entonces la clase dirigente se desgarró las vestiduras negando la realidad. Sería bueno que alguna vez aprendiéramos a prevenir educando y no esperar que la muerte sobrevenga para actuar.

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