02 Febrero 2003 Seguir en 
El veto dispuesto por el Gobierno nacional a la Ley de Protección al Azúcar que había aprobador la Cámara de Diputados no sorprende en Tucumán, afirmó el especialista en el tema azucarero José María Nougués. "Estamos acostumbrados al uso de argumentos falaces cuando se trata de avanzar sobre la estructura económica de una de nuestras principales actividades y a que las piezas se muevan conforme a los intereses políticos y no a las mejores argumentaciones económicas para justificar los hechos", agregó en una entrevista con LA GACETA.
- Esta no es la primera vez que desde Buenos Aires se golpea a la industria azucarera.
- Efectivamente y siempre fue por disposiciones que se concretan por posiciones políticas y no por meditadas razones de fondo. Hemos visto la actividad azucarera castigada por 30 años con un mismo precio mientras los productos de la Pampa Húmeda aumentaban más de un 600%; hemos visto cierres de fábricas azucareras con la consiguiente emigración de más de 150.000 tucumanos; límites a los precios internos por decreto; disposiciones legales no cumplidas; controles no realizados; financiamientos establecidos por ley que no se concretaron, entre otros agravios.
- ¿A su criterio, por qué Duhalde vetó la ley?
- Creo que algún asesor le sopló al Presidente que el azúcar en el mercado interno había incrementado su precio en más de un 200%. Por supuesto que alguien se ocupó muy bien de ocultar que sobre los precios deprimidos de 2001, el azúcar había incrementado su precio en el porcentaje publicitado, pero la suba real respecto del valor considerado como razonable -40 centavos por kilo- sólo fue del 70%, equivalente a la tasa de inflación. No se señaló que el precio de venta al público duplica el precio sobre vagón ingenio, o sea que la intermediación comercial se fija un margen de ganancia de casi el 100%.
- ¿Cuál sería, entonces, el objetivo del Gobierno?
- Establecer una relación cordial con el nuevo Gobierno de Brasil, disfrazando la actitud con el pseudo cumplimiento de lo normado en el convenio del Mercosur. Y se repite la historia que ya vivimos con el fondo Monetario Internacional, de quien quisimos ser el alumno más aventajado y así nos fue al final: se quiere quedar bien sin importar las consecuencias. Al final no se ve coherencia sino una gran capacidad de sacrificar todo para quedar bien. Después habrá enojos, pero a destiempo.
- ¿Considera que sigue siendo válido el Mercosur?
- Cuando se convino en 1991, entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay la conformación de un espacio económico común -que debía estar plenamente instalado al 31 de diciembre de 1995- lo que se establecería era un mercado común. Es decir, con convergencia a cero en los aranceles recíprocos, armonización de políticas macroeconómicas que afectan los flujos de comercio, la corrección de las asimetrías en el comercio bilateral, que no son otra cosa que las diferencias en los costos y que no dependen de los empresarios sino de las regulaciones del Estado y de sus políticas. También se establecieron cláusulas de salvaguardia, que se podían emplear hasta fines de 1994. Estas tenían como objeto impedir que las exportaciones estimuladas por preferencias arancelarias generaran daños al país importador, al colocar cantidades que afecten a una línea de producción o a una actividad determinada. No se podía señalar como causa la incidencia de mejoras tecnológicas.
- ¿Es esto último lo que ocurre con Brasil?
- Con Brasil se crea una situación que tiene un origen distinto. Mientras era factible la aplicación de las cláusulas de salvaguardia, la situación era simplemente de riesgo potencial. A partir de 1996, y al modificarse las condiciones del Plan Proalcohol, Brasil pasó de producir 13,6 millones de toneladas de azúcar en 1995/96 a 22,7 millones de toneladas en 2002/03 (70%). Las exportaciones pasaron de 4 millones de toneladas a 13,1 millones; hoy llegan a más del 30% de las exportaciones mundiales, generando una sobreoferta considerable y una importante caída en los precios del mercado mundial.
- ¿Cuáles son las asimetrías?
-En el contexto del azúcar, Brasil rompió todos los esquemas que habían venido sosteniéndose en el Mercosur. Los productores argentinos señalaron que el sistema de Brasil configuraba para el alcohol y el azúcar un subsidio real de 3.000 millones de dólares. Pero hay otras asimetrías como las de dumping social, que se establecen por las diferencias en el sistema de pago a los trabajadores y en las cargas sociales que se reconocen, y que son más onerosas en la Argentina que en Brasil.
- Nada de esto ha sido tenido en cuenta por el Gobierno.
- La imagen final es que simplemente se ha querido quedar bien con las nuevas autoridades brasileñas. Sin embargo, para muchos nos queda el interrogante -porque no resulta comprensible- de cómo, mientras la señora de Duhalde, en su cargo, trata de paliar los problemas que crea el desempleo y la miseria en la sociedad argentina, el Presidente, su esposo, define una medida y sólo por política, que puede crear un desempleo en Tucumán de más de 50.000 trabajadores directos o indirectos.
- Esta no es la primera vez que desde Buenos Aires se golpea a la industria azucarera.
- Efectivamente y siempre fue por disposiciones que se concretan por posiciones políticas y no por meditadas razones de fondo. Hemos visto la actividad azucarera castigada por 30 años con un mismo precio mientras los productos de la Pampa Húmeda aumentaban más de un 600%; hemos visto cierres de fábricas azucareras con la consiguiente emigración de más de 150.000 tucumanos; límites a los precios internos por decreto; disposiciones legales no cumplidas; controles no realizados; financiamientos establecidos por ley que no se concretaron, entre otros agravios.
- ¿A su criterio, por qué Duhalde vetó la ley?
- Creo que algún asesor le sopló al Presidente que el azúcar en el mercado interno había incrementado su precio en más de un 200%. Por supuesto que alguien se ocupó muy bien de ocultar que sobre los precios deprimidos de 2001, el azúcar había incrementado su precio en el porcentaje publicitado, pero la suba real respecto del valor considerado como razonable -40 centavos por kilo- sólo fue del 70%, equivalente a la tasa de inflación. No se señaló que el precio de venta al público duplica el precio sobre vagón ingenio, o sea que la intermediación comercial se fija un margen de ganancia de casi el 100%.
- ¿Cuál sería, entonces, el objetivo del Gobierno?
- Establecer una relación cordial con el nuevo Gobierno de Brasil, disfrazando la actitud con el pseudo cumplimiento de lo normado en el convenio del Mercosur. Y se repite la historia que ya vivimos con el fondo Monetario Internacional, de quien quisimos ser el alumno más aventajado y así nos fue al final: se quiere quedar bien sin importar las consecuencias. Al final no se ve coherencia sino una gran capacidad de sacrificar todo para quedar bien. Después habrá enojos, pero a destiempo.
- ¿Considera que sigue siendo válido el Mercosur?
- Cuando se convino en 1991, entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay la conformación de un espacio económico común -que debía estar plenamente instalado al 31 de diciembre de 1995- lo que se establecería era un mercado común. Es decir, con convergencia a cero en los aranceles recíprocos, armonización de políticas macroeconómicas que afectan los flujos de comercio, la corrección de las asimetrías en el comercio bilateral, que no son otra cosa que las diferencias en los costos y que no dependen de los empresarios sino de las regulaciones del Estado y de sus políticas. También se establecieron cláusulas de salvaguardia, que se podían emplear hasta fines de 1994. Estas tenían como objeto impedir que las exportaciones estimuladas por preferencias arancelarias generaran daños al país importador, al colocar cantidades que afecten a una línea de producción o a una actividad determinada. No se podía señalar como causa la incidencia de mejoras tecnológicas.
- ¿Es esto último lo que ocurre con Brasil?
- Con Brasil se crea una situación que tiene un origen distinto. Mientras era factible la aplicación de las cláusulas de salvaguardia, la situación era simplemente de riesgo potencial. A partir de 1996, y al modificarse las condiciones del Plan Proalcohol, Brasil pasó de producir 13,6 millones de toneladas de azúcar en 1995/96 a 22,7 millones de toneladas en 2002/03 (70%). Las exportaciones pasaron de 4 millones de toneladas a 13,1 millones; hoy llegan a más del 30% de las exportaciones mundiales, generando una sobreoferta considerable y una importante caída en los precios del mercado mundial.
- ¿Cuáles son las asimetrías?
-En el contexto del azúcar, Brasil rompió todos los esquemas que habían venido sosteniéndose en el Mercosur. Los productores argentinos señalaron que el sistema de Brasil configuraba para el alcohol y el azúcar un subsidio real de 3.000 millones de dólares. Pero hay otras asimetrías como las de dumping social, que se establecen por las diferencias en el sistema de pago a los trabajadores y en las cargas sociales que se reconocen, y que son más onerosas en la Argentina que en Brasil.
- Nada de esto ha sido tenido en cuenta por el Gobierno.
- La imagen final es que simplemente se ha querido quedar bien con las nuevas autoridades brasileñas. Sin embargo, para muchos nos queda el interrogante -porque no resulta comprensible- de cómo, mientras la señora de Duhalde, en su cargo, trata de paliar los problemas que crea el desempleo y la miseria en la sociedad argentina, el Presidente, su esposo, define una medida y sólo por política, que puede crear un desempleo en Tucumán de más de 50.000 trabajadores directos o indirectos.





