Bush, abanderado del derroche y fundador del Estado policial

"Estados Unidos contra Estados Unidos", Alberto Benegas Lynch (h)(Fondo de Cultura Económica - Buenos Aires). Una obra cuestionadora, según la cual EE.UU. abandonó sus principios fundacionales. Jorge Estrella.

DURISIMAS OBJECIONES. La obra de Benegas Lynch (h) es particularmente crítica respecto de la política exterior norteamericana y las guerras antiterroristas. DURISIMAS OBJECIONES. La obra de Benegas Lynch (h) es particularmente crítica respecto de la política exterior norteamericana y las guerras antiterroristas.
23 Noviembre 2008

Sorprenderá al lector desprevenido la severa crítica al país del norte contenida en este libro. Porque se trata de una crítica opuesta a la habitual: a juicio del autor, Estados Unidos ha ido abandonado sus principios fundadores para caer progresivamente en la defensa del estatismo, de los movimientos terroristas de izquierda latinoamericanos de los años 80, del atropello a las libertades individuales. En la culminación de este proceso degenerativo, George W. Bush aparece como “abanderado del gasto público, del endeudamiento estatal, del imperialismo y de los primeros pasos para el establecimiento de un Estado policial” (p. 59).
Benegas Lynch resume en ocho puntos la vertebración constitucional que crearon los padres fundadores a Estados Unidos: los derechos humanos, la concepción de la guerra como asunto de la legislatura (y no del Ejecutivo), la libertad de prensa, el derecho al debido proceso, la libertad de cultos, el derecho a a la tenencia y a la portación de armas, el resguardo de la privacidad y el federalismo. Y sostiene: “son cuatro los puntos de inflexión que arrastraron a la declinación de Estados Unidos”: la Guerra Civil del siglo XIX, la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y la influencia neoconservadora, especialmente notoria en el gobierno de George W. Bush.
El volumen examina cada una de estas fisuras en la tradición original norteamericana mediante una copiosa documentación. En ella se destaca el decidido apoyo del Departamento de Estado a la revolución sandinista como un “modelo” que estimuló a imitar en otros países como Honduras, Guatemala o El Salvador. En esa misma línea de crítica, el autor hace suya la condena de W. W. Chamberlin a la intervención de Estados Unidos en la Segunda Gran Guerra y afirma “que fue un mayor y más resonante e indiscutido fracaso moral a pesar del éxito militar”, éxito que queda desvirtuado puesto que en Yalta se entregaron las tres cuartas partes de Europa a los soviéticos (p. 83). Más aún, Roosevelt habría conocido anticipadamente el ataque japonés a Pearl Harbor (que en apariencia desencadenó la participación norteamericana en el conflicto) pero no informó a las autoridades allí apostadas, que fueron entregadas, así, a su eliminación. Objeciones durísimas ocupan los capítulos dedicados a la política exterior, y a las guerras antiterrorista, antinarcóticos y contra la inmigración.
El autor suscribe la tesis central del liberalismo, esto es, que “la idea de libertad y su fundamento moral del respeto recíproco están basados… en la coordinación y cooperación social que surge en la sociedad como un fenómeno espontáneo, abierto y libre, y no el resultado del diseño de ingenieros sociales que planifican las acciones de las personas” (p. 364).
El libro está hecho en el formato de la monografía universitaria y tiene casi cuatrocientas páginas, más otras treinta con referencias bibliográficas. Ello le quita un poco de agilidad. Pero sin duda será útil para revisar y discutir ideas a quien procure entender mejor al país más poderoso de la Tierra.
© LA GACETA

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