MAR DEL PLATA (Enviado especial, Juan Carlos Di Lullo).- Una niña quecha de 13 años emprende una caminata de casi 200 kilómetros por los desiertos del Sur de Bolivia para llegar a San Pedro de Atacama, en el norte de Chile, en busca de trabajo. El viaje no sólo le proporcionará la oportunidad de ganarse su sustento, sino que servirá como una ceremonia iniciática de su adultez. Sobre esta historia, basada en la experiencia que realmente vivió la joven Alicia Esquivel en 2004, el realizador chileno Esteban Larraín realizó un cruce entre documental y ficción que pretende traducir en la pantalla este viaje onírico entre el mundo interior de la protagonista (la propia Alicia Esquivel se encarna a sí misma) y los paisajes que atraviesa hasta llegar a destino.
Larraín tomó contacto con la historia de Alicia e inmediatamente se sintió en la necesidad de producir un filme sobre la experiencia de la joven. "Una de las primeras cosas que tuve en claro fue el título de la película, jugando con el nombre real de la protagonista y el de la célebre obra de Lewis Carroll, ?Alicia en el país de las maravillas?; por eso viajé hasta el poblado de Soniquera, en Bolivia, y comencé una investigación que dio como resultado el guión de la película", explicó el realizador.
Aislamiento
Larraín detalló los problemas que debió vencer para filmar durante tres semanas en locaciones aisladas, sin corriente eléctrica, a más de 4.500 metros sobre el nivel del mar, con un equipo compuesto por ocho personas detrás de cámaras y en condiciones que terminaron por imponerle el ritmo del rodaje. "Me pareció importante partir de la base de la descripción de la vida cotidiana de Alicia en Soniquera, que aparece como recuerdos durante el viaje de siete jornadas y seis noches que le demanda llegar a destino, pero que en realidad es el viaje hacia su adultez: el paisaje es la iglesia en la que se desarrolla este ritual", dijo el director. Larraín dividió su película en varias etapas, que identifica mediante el uso del color; los paisajes se tiñen de tonos verdes, ocres, sepia o azul a medida que Alicia camina para llegar a su meta. Por las noches, los recuerdos de su hogar, de su escuela y de sus familiares acuden a su mente. En una de las escenas más significativas, llega al mojón que determina el límite entre Bolivia y Chile; la joven se detiene un instante y en su rostro se refleja la tensión que produce en su alma la decisión que debe tomar; finalmente, encara con paso firme la última etapa de su larga caminata, para llegar a una ciudad que ella ve como una Meca. "Quise utilizar la experiencia de Alicia para reflexionar sobre temas como la inmigración de menores desde Bolivia hacia países vecinos, o la preservación de la identidad de ciertas comunidades que viven aisladas", reflexionó el director. "Tampoco quise que el viaje de Alicia se interpretara como el tradicional viaje iniciático de las culturas occidentales, en el que los protagonistas se van transformando en la medida en que superan obstáculos; pretendo mostrar la visión que aprendí de ellos, más adusta", explicó.
Larraín quiso independizarse también de una visión romántica de los "paraísos perdidos, alejados de la tecnología". En una de las escenas que recrea la vida de la familia puede verse a uno de sus pequeños hermanos con un muñeco de El hombre araña en sus manos.








