“El siglo XXI exige definir un proyecto de país”

Entrevista a Ricardo de Titto.

09 Noviembre 2008

Ricardo de Titto es docente, historiador y autor de los dos tomos de Los hechos que cambiaron la historia en el siglo XIX y en el siglo XX, entre otros títulos. Sus textos se caracterizan por un estilo ágil y una narración amena, que seducen a un importante número de lectores. La editorial El Ateneo acaba de publicar su último libro, La joya más preciada, en el que recorre la historia de nuestro país marcando las consecuencias que generaron en su configuración las sucesivas dependencias de distintas potencias extranjeras. En esta entrevista nos habla de ese ensayo y reflexiona sobre lo que fue, lo que pudo ser y lo que nos espera.

- ¿Por qué no nos recuerda el origen del título de su libro?
- En ocasión de la firma del pacto Roca-Runciman, de 1933, un acuerdo que fue bautizado por Jauretche como el “estatuto legal del coloniaje”, que aseguró la cuota de carnes de exportación a Gran Bretaña y otorgó una amplia serie de concesiones a las firmas inglesas en la Argentina, se celebró un banquete en Londres. Ante el príncipe de Gales, entonces futuro rey de Inglaterra, hubo intercambio de elogios: el vicepresidente Julio A. Roca (hijo) destacó que “por interdependencia recíproca la Argentina es parte integrante del imperio británico”, y el empresario catamarqueño Guillermo Leguizamón, administrador de varios ferrocarriles y de otras firmas británicas que fue ordenado sir de la Corona, destacó que nuestro país era “la joya más preciada de Su Graciosa Majestad”. Me permito extender ese concepto a las otras dos relaciones privilegiadas que el país tuvo en su historia: la Argentina, como “joya más preciada” durante casi 300 años de la Corona española -la plata del Potosí- y, después de 1955, una joya del nuevo poder hegemónico mundial, los Estados Unidos.

- En su libro usted propone cuatro etapas históricas para abordar el pasado de nuestro país. ¿Por qué considera que son apropiadas para dividir el estudio de nuestra historia?
- Normalmente las periodizaciones históricas atienden a los cambios de régimen político y toman como momentos de cambio, generalmente, los golpes o revoluciones (1810, 1853, 1890, 1930, 1976, por ejemplo). Desde mi perspectiva hay períodos más extensos. Nuestro país, por ejemplo, estuvo bajo la égida británica tanto con Rosas, Mitre y Roca como con Yrigoyen y Uriburu. Los gobiernos cambiaron, pero predominó una misma relación con las metrópolis.
El primer período que destaco es uno que suele ignorarse, y es el referido a los 10.000 años de existencia de los pueblos originarios. Los conquistadores no llegaron a una “tierra de nadie”. Es nuestro pasado, es parte de nuestra identidad, y es imprescindible recuperar esa historia o seguiremos alimentando visiones eurocéntricas.

- Usted señala que una dominación económica por parte de Inglaterra se impuso a partir de sus derrotas militares. ¿Cree que hubiera cambiado mucho si alguna de las invasiones no hubiese fracasado?
- Es muy difícil especular con la historia de “lo que podría haber pasado...”. Si los ingleses hubieran triunfado en 1806-1807, sencillamente nada de nuestra historia sería ni siquiera parecido. Por ejemplo, no habría habido inmigración del sur europeo (de italianos y españoles), con lo cual la composición de la población argentina tendría otros componentes: yo, por ejemplo, no habría nacido, y, seguramente, tampoco usted. El idioma y la cultura serían otras. No hubieran existido el tango ni el lunfardo ni el sainete porteño ni los cuartetos cordobeses ni las chacareras santiagueñas ni Gardel ni Piazzolla... Es casi un juego pensar la Argentina como una especie de Sudáfrica con raíz hispánica. Tal vez “Los Pumas” -que enfrentan a All Blacks, Springboks y Wallabies- serían campeones mundiales... con un nombre inglés.
A pesar de todas esas divertidas hipótesis, algo, sin embargo, habría sido similar: la potencia mundial del siglo XIX -y dominante aquí hasta la Segunda Guerra- fue Gran Bretaña; era la “reina de los mares”.

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- Se ha criticado mucho el aislacionismo internacional que el Gobierno nacional parece haber propiciado. Pero en el marco de la crisis global, algunos sostienen que ese aislacionismo es el que preserva a la Argentina de las peores secuelas de la crisis. ¿Qué opina al respecto?
- El siglo XXI exige que se defina un proyecto de país. El nuevo escenario mundial parece indicar que se producirán importantes cambios en las hegemonías internacionales; y, tal vez -es aún una hipótesis-, de los Estados centrales se pase a una estructura de submetrópolis (con Brasil entre ellas) y a una estructura multipolar. La Argentina debatió su proyecto en los años de la Independencia, consolidó el rol de país agroexportador con la generación del 80 y esbozó un curso de relativa independencia con el peronismo, en la coyuntura de posguerra. Es imperioso elaborar un proyecto estratégico que, en mi opinión, no puede concebir el país sólo como un simple exportador de commodities agromineras. Estamos perdiendo posiciones década a década, y eso tiene consecuencias sociales gravísimas. En La joya... trato de dar cuenta de esa decadencia y procuro señalar sus principales causas. El debate es imperioso.
© LA GACETA

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