Mitologías y fundaciones

Los ochenta años de Carlos Fuentes y los cincuenta de un libro ejemplar. Por Carmen Perilli.

09 Noviembre 2008

El denominado boom de la narrativa latinoamericana ha sido motivo de controversia. Se tiende a confundir el fenómeno de la madurez de la narrativa latinoamericana con la estrategia de mercado que implicó el fenómeno. El lanzamiento internacional promocionó a un grupo de escritores, e ignoró a otros. Asimismo, postuló una aparición "milagrosa" de la novela y una "reinvención" de América latina. Es insoslayable señalar el incremento de lectores.
Tomas Eloy Martínez declara 1962 como fecha de nacimiento; el uruguayo Angel Rama pone como límite mínimo a 1964, y Emir Rodríguez Monegal, su compatriota, habla de un primer boom o protoboom de alcance nacional fechado en los 50. Todos coinciden en que la plenitud y la extinción se da en los 60. Ya en 1940, figuras como Arguedas, Carpentier y Asturias conjugan vanguardia y regionalismo, y Onetti y Marechal reformulan el realismo urbano. Si Borges postula nuevas bases para el arte narrativo, no se puede soslayar a los brasileños Graciliano Ramos y Joao Guimaraes Rosa.
La densidad y la visibilidad que alcanza el campo intelectual latinoamericano en los 60 tiene mucho que ver con el "toque de reunión" de la revolución cubana, que, por un tiempo, conjuga la pluma y el fusil.
Casa de las Américas es un poderoso aglutinador de voluntades. Las fronteras nacionales son derribadas por la acción de editoriales como Sudamericana y la activa labor de revistas como Primera Plana, en Buenos Aires, y Marcha, en Montevideo. En esta internacionalización y modernización intervienen industrias editoriales españolas así como traducciones inmediatas.
El desarrollo de la crítica literaria también supone una gran contribución. Ese mundo se resquebraja con los cambios políticos, en particular con el caso Padilla.
Carlos Fuentes se posiciona como una figura central y ocupa uno de los sitiales seguros, junto a Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar. En Los nuestros, un libro fundacional, Luis Harss cuenta cómo Fuentes lo guía hacia García Márquez y se comporta como promotor de sus colegas.
Los escritores llevan ventaja a los críticos en la construcción de un nuevo imaginario literario. Fuentes escribe un ensayo fundacional: La nueva novela hispanoamericana, cuaderno de bitácora donde se delimita la "familia" literaria de hermanos y padres, incluyendo y excluyendo, de modo indiscriminado. Será uno de los primeros en transformarse en superestrella.
Entre los grandes logros de esta "nueva" narrativa está el encuentro de nuevas mitologías. Profundiza la doble vanguardia inaugurada en los 20, que conjuga experimentación y representatividad. Los autores se dividen en transculturadores y cosmopolitas que polemizan continuamente. Se trata de formular un nuevo lenguaje, de traducir a la lengua literaria la cultura masiva y popular, sin desdeñar el archivo occidental.

Un libro fundacional
En 1954 en México aparece Pedro Páramo, de Juan Rulfo, la gran novela de la comarca oral, donde resuenan las voces de los campesinos muertos; y en 1958 Carlos Fuentes (que en dos días cumplirá sus primeros 80 años) funda una nueva narrativa urbana con La región más transparente, donde se entrecruzan las voces múltiples de la metrópolis con sus fantasmas. Las dos escritores se refieren a la muerte del proyecto revolucionario y consolidan nuevos modelos narrativos.
Se puede afirmar que La región... es una lectura de la nación moderna mexicana. Teje el mito y la historia, y recoge la influencia de Dos Passos, Hemingway y Faulkner, al mismo tiempo que homenajea a Balzac. Su poética realista implica el paso del registro civil a la antropología. Como muchos de los narradores del medio siglo, Fuentes trabaja con las historias de familias. En el centro de la escena está el laberinto de soledad, fruto de la pareja chingón / chingado sinónimo de opresor / oprimido. Para Octavio Paz el texto se constituye como jeroglífico, y cada signo remite a otro.
El título, una expresión de Humboldt, remite al ensayo Visión de Anáhuac, de Alfonso Reyes. El texto modifica para siempre la mirada sobre el espacio urbano, fragmentado y modificado por la voracidad de la nueva burguesía mexicana, que repite los pasos de la elite porfirista, usurpando una lucha legítima, erigiéndose en propietaria. La búsqueda de la identidad perdida es constitutiva de los personajes, que forman una "familia" desarticulada.
Afirma Fuentes que "al inventar o recuperar una mitología, la novela se acerca más a la poesía y a la antropología". En La región... funda el moderno urbano en un verdadero laboratorio del lenguaje en el que la poesía coexiste con el lenguaje popular en una polifonía majestuosa. El mito de la Malinche está en el centro, la traición en el origen, ya que siempre se vuelve a la madre, traidora y traicionada. Ciudad y novela se superponen; una se mira en la otra, en épica crítica se corroe a sí misma transformándose en reflexión sobre el poder y la muerte. El escritor Rodrigo Pola y el empresario Federico Robles están en el centro de este mundo convulsionado e injusto, en la máscara oculta que exige el sacrificio del rostro. La muerte forma parte de la vida y se lleva, sobre todo, a los que menos tienen: a Juan, el taxista, o a Gabriel, el "espalda mojada"; a Norma, la mujer deslumbrante, y a Zamacona, el intelectual. En el día del Grito se reencuentran todas las sangres.
Ixca Cienfuegos es una figura entre mundos. Su voz abre ("Mi nombre es Ixca Cienfuegos") y cierra la novela ("Aquí nos tocó. Qué la vamos a hacer. En la región más transparente del aire"). Será el que recoja las voces de los otros, incluso las de los muertos; provoque las confesiones y se transmute en la novela misma. Es el centro de un mundo atrapado en el "lodo indiferenciado del origen" y sacudido por la modernidad, que lo condena al anonimato..
La novela inaugura el ciclo de "La edad del tiempo". Posee la voracidad de la novela total, en la que el juego de espejos no permite fijar un sentido. La historia se dice en el mito; la escritura entreteje textos y vidas en creaciones donde el compromiso ético no desdeña el desafío estético.
© LA GACETA

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Carmen Perilli - Investigadora
Principal del CONICET, profesora
titular de Literatura Latinoamericana
de la UNT.

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