No hay otro género que provoque tanto bienestar como la música clásica. Otros, como el blues, el jazz o el rock más tradicional, pueden llevar a otras sensaciones. Pero escuchar a Mozart, Bach, Beethoven o Brahms es garantía de puro bienestar. Al menos eso es lo que piensan los integrantes del Ensamble Tornasol, una agrupación integrada por jóvenes músicos tucumanos que, a un año de su creación, ya ha conseguido un lugar destacado en el universo cultural tucumano.
"El gusto por lo clásico viene de la cuna. Tiene que ver mucho el entorno familiar. En nuestros casos, al menos, se ha dado así. Crecimos escuchando a los clásicos", señaló Mariana Röhmer-Litzman, quien toca el piano en la agrupación. Acompañada por Juan Pablo Vázquez (clarinete), Agostina Gabarró (clarinete), Constanza Sicardi (flauta) y Cecilia Iriarte (violín), la artista contó detalles del trabajo del ensamble y sus compañeros opinaron sobre el desafío de hacer conciertos en Tucumán.
"Para tocar música clásica se necesita tener una gran conexión interna, porque está llena de sensaciones. Es mucho más profunda que la música popular. Claro que esto depende de la interpretación que hace cada músico de ella y también de la recepción del público", explicó Sicardi.
Y a la hora de hablar de lo que más les gusta tocar, Röhmer-Litzman aseguró que no es tan complicado armar un repertorio. "Lo bueno es que dentro de lo que hacemos, tenemos mucha variedad. Nuestro grupo posee todos los instrumentos de cuerda y la gran mayoría de los de viento. Es decir, hay madera y metal. Además, también tenemos percusiones y eso hace que la agrupación sea muy completa. Por supuesto, no podemos interpretar obras originales para orquesta, pero sí hacemos adaptaciones", agregó. De hecho, en el concierto que la agrupación realizó el miércoles último, se interpretaron obras originales para concierto y otras que fueron compuestas especialmente para el ensamble. "Fueron obras contemporáneas, pero con una gran impronta académica. Y nos decidimos a hacerlas no sólo porque en Tucumán se interpretan muy pocas obras contemporáneas, sino fundamentalmente porque fue algo nuevo para nosotros y también para el público", agregó Sicardi. Y acotó: "nosotros hacemos desde Mozart, hasta los románticos. No tenemos un período musical definido".
La evolución
Los gustos musicales, según dijeron los jóvenes intérpretes, van cambiado a medida que avanzan en el estudio. "Hay una evolución. A mí me pasa que quiero abarcar cada vez más", manifestó Sicardi. Gabarró, en tanto, opinó que esa evolución depende mucho de la madurez de cada músico. "La nuestra es una carrera que exige una formación constante. Nunca terminamos de aprender, de estudiar nuevas técnicas, de crecer. De hecho, hay técnicas contemporáneas que no son enseñadas en los conservatorios", manifestó.
Claro que, en un grupo tan grande, no es posible que exista coincidencia a la hora de elegir a un compositor que sea el sello del grupo. "No es tanto una cuestión de gustos, sino de formación. A lo largo de todo este año de vida, hemos pasado por distintos períodos músicales. Tocamos obras clásicas, barrocas, románticas y contemporáneas. Hasta hicimos un concierto de música rusa que nos marcó a fuego", contó Vázquez.
Y eso se debe a que todos los integrantes del ensamble viven la música clásica como algo realmente mágico. "Es un género que tiene el poder de transportarnos a otros tiempos, de hacernos vivir aquellos años barrocos o románticos. Cuando uno escucha una obra de Bach o de Beethoven hasta puede imaginarse a esos hombres con peluca tocando el piano o los violines. Es algo único porque los sonidos de nuestros instrumentos son las voces de nuestras almas ", aclaró Sicardi. Y Vázquez agregó: "una obra clásica es un testimonio de alguien que dejó grabado en la partitura todo un universo sensorial. Y nosotros, como músicos, tenemos la tarea de revivir ese universo. Una obra es como una botella lanzada al mar".

Felices juntos
Por supuesto que todo tiene que ver con la unidad del grupo. "Nosotros estamos convencidos que la música clásica no puede tocarse en solitario. En el caso de una formación como la nuestra, cada uno de los instrumentos y, por ende, cada uno de los artistas, está indisolublemente ligado a su compañero. Depende del otro", agregó Iriarte. Esta conexión entre los integrantes del grupo es lo que realmente marca la diferencia. "Si hay conflictos, no se puede tener buenos resultados", concluyó.









