La demanda de dólares es el síntoma de una infección que está viviendo la economía argentina.
La fiebre se explica por una incertidumbre generalizada que provoca que la gente no sepa qué hacer con sus ahorros.
Esta incertidumbre, a la vez, es producto de un par de factores que es necesario tener en cuenta:
La crisis financiera mundial.
El avance del Gobierno sobre la propiedad privada; concretamente, a partir del proyecto de estatización de las jubilaciones privadas.
En este contexto, cabe recordar que el pequeño ahorrista argentino históricamente usa el dólar como escudo protector de crisis.
La suba del dólar no se explica por una estrategia a drede del Banco Central, porque, desde este punto de vista, generará inflación, que es lo que se busca impedir. La escalada del dólar responde lisa y llanamente al empuje de la demanda.
Un ahorrista que posee $ 50.000 o $ 70.000 decide comprar dólares. No los deposita en plazos fijos, porque razona que si el Gobierno ha avanzado con las jubilaciones privadas también puede hacer lo mismo -de vuelta-, con los ahorros. La crisis económico-social de 2001 pasó, pero aún está fresco su recuerdo en el inconsciente colectivo.
En el corto plazo la demanda de dólares va a seguir así, hasta que todo este período de discusión en torno de las AFJP se calme.
Todavía el Banco Central cuenta con suficiente artillería para poner más o menos el valor del dólar que quieren. Entiendo que hoy debería estar alrededor de $ 3,45. Ese sería un valor realista que no provocaría una escalada inflacionaria. Al respecto, los precios actuales están más o menos acomodados al ritmo devaluatorio. La depreciación del 8% del peso frente al dólar que ocurrió este mes ya había sido cubierta por la inflación anualizada. El problema es si se incorporan mayores expectativas devaluatorias y se observa que el Central ya no tiene cómo hacerles frente. Ahí sí, la inflación puede acelerarse.
En este contexto, todo dependerá en cierta medida del precio de la soja y en cómo reaccione el Gobierno: creo que debería dejar de lado leyes que generan incertidumbre y apuntar a medidas que den una mayor confianza. En la medida que se acentúe la recesión habrá más holgura para devaluar. Esto es más o menos parecido a la situación de 2002. De todas formas, creo que la actividad económica viene con el arrastre del crecimiento de los últimos años, y aquí no hubo hubo un frenazo. La situación es manejable.
30 Octubre 2008 Seguir en 








