Hace varios años, el director Enrique Piñeyro tuvo la idea de realizar un filme sobre la fotógrafa y escritora Gabriela Lifschitz, que había cobrado notoriedad a principios de esta década cuando realizó un libro de autorretratos luego de sufrir una mastectomía radical. El proyecto se volvió casi una obsesión y se hizo finalmente realidad en 2004, unas semanas antes de fallecer Lifschitz. La película lleva por nombre "Bye bye life" y fue realizada en formato documental. "Filmamos rápidamente durante un sábado y un domingo; el martes hicimos la escena de fin de rodaje y el miércoles la protagonista entró en coma. No tuvimos demasiado tiempo. Dos días después Lifschitz murió. Por eso, creo que ésta es una película sobre la imposibilidad de hacer el filme, porque el alma mater de la historia se estaba muriendo", comentó.
Conocido por sus películas "Whisky Romeo Zulu" y "Fuerza Aérea Sociedad Anónima", en las que desnuda la corrupción del sistema aeroportuario argentino, Piñeyro llegó a Tucumán el lunes para presentar "Bye bye life" en el festival Tucumán Cine 2008 y también para mantener una charla con estudiantes.
- No debe haber sido nada fácil filmar una muerte...
- El hecho de haber sido médico en mi juventud me ha dado una frialdad y un desapego sobre el tema. Pero, obviamente, no fue nada fácil filmar esta historia. La muerte siempre es una experiencia compleja. Ya sea por lo que significa para uno la persona que se va, o lo que esa partida remueve en cada uno. Hay una toma que, al final fue sacada de la película, en la que yo estoy almorzando solo en una vereda mientras el resto del equipo come en una mesa grande. Y yo me aparté porque estaba harto de que todos contaran sus experiencias cercanas con la muerte. Era como si en ese momento, mientras filmábamos la muerte de Lifschitz, todos tuvieran la necesidad muy grande de exteriorizar y hablar del tema.

- Y elegiste documentarla, no ficcionarla...
- Es que, en realidad mi idea original era ficcionarla y que actúe la misma Lifschitz. Pero, en el estado en que ella estaba, no se pudo hacer otra cosa.
- ¿Hacia dónde va el cine argentino?
- Yo creo que el cine argentino acompaña al país hacia la catástrofe, claramente. Lo que yo vi en estos últimos tres años no me pone muy contento. En realidad no siento que estemos marchando hacia adelante, sino más bien hacia el acantilado. Y un par de pasos más al frente nos terminará por hacer despeñar. Y como todo lo que está mal en el país, el cine acompaña desde la ineficiencia y la corrupción.

- ¿Qué hace falta?
- Una política clara. No hay reglas claras para el campo, el transporte aéroportuario, el cine o la economía. No hay política para nada. Son todas pulsiones esporádicas e improvisadas. Y, por supuesto, el cine no está ajeno a todas estas pulsiones del Estado.









