
El mundo en general ha experimentado en los últimos 50 años, con algunos vaivenes, un crecimiento en su nivel de vida, crisis de los regímenes totalitarios, mayor apertura económica externa, y un aumento sostenido de la intervención del Estado en la actividad económica y social.
La salud económica y política de un país es muy sensible al grado de intervención del Estado en la actividad económica. Cuando esta intervención se pasa de ciertos límites apropiados, la actividad económica y las libertades individuales se resienten. El rol del mercado es importante no sólo para resolver los problemas económicos de una sociedad, sino también para garantizar las libertades individuales. Sin libertad económica no hay libertades políticas.
Estamos hoy viviendo una crisis que, si bien se hace visible a través de los mercados financieros, debe sus causas a un proceso de desaceleración de la actividad económica que se preanunció hace más de un año. Si bien llevará algún tiempo restaurar la confianza en el mercado financiero, la solución no pasa por una mayor intervención estatal.
Esta desaceleración económica en parte responde a los normales procesos cíclicos de una economía, pero en este caso incide más el exceso de intervencionismo estatal que se viene produciendo desde hace ya muchos años. Este fenómeno que vemos hoy a nivel mundial ya lo sufrieron ciertos países, como Suecia hace unos 15 años.
Ello nos lleva a pensar en un futuro en donde el mercado cumpla un rol más protagónico en la asignación de los recursos económicos y dé las señales apropiadas para evitar que se cometan decisiones incorrectas. Para ello se necesita, además, que los incentivos que se generen para los agentes económicos sean los correctos.
Este proceso de cambio no va a ser rápido, por lo que podemos pensar en un futuro con mayor volatilidad. El problema fundamental está en que el beneficio global se imponga a los beneficios individuales. Si bien el intervencionismo estatal tiene destinatarios bien definidos, ello no ocurre con las soluciones que brinda el mercado, y por lo tanto sus adherentes son más difusos y quizás no tan bien organizados.
Los cambios que van a ocurrir en el futuro en favor de mayores libertades económicas y políticas están basados en el poder convincente de que es necesario contar con organizaciones que permitan resolver nuestros problemas económicos y sociales en la forma menos costosa. No hay dudas de que si bien el Estado tiene ventajas para resolver ciertos problemas, esa es una solución muy costosa para la mayoría de las necesidades de nuestra sociedad.
La experiencia europea y asiática de los últimos 20 años en cuanto al cambio en el mapa político, con numerosos nuevos países, es un indicador relevante de lo que los jóvenes de hoy y las nuevas generaciones van a observar en todo el mundo.
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Víctor J. Elías - Ph. D. en Economía de la Universidad de Chicago, profesor emérito de la UNT.







