Un encuentro en el que las ausencias hablan

En el acto de apertura del foro que nuclea en Tucumán a más de 3.000 personas no estuvieron ni el secretario Nun, que llega hoy, ni Alperovich. Por Nora Lía Jabif - Editora de Cultura.

17 Octubre 2008

La palabra "cultura" es uno de esos términos polisémicos, que provocan interpretaciones múltiples. Esa multiplicidad de sentidos es la que suele aparecer cada vez que se organiza un "Congreso Argentino de Cultura" como el que empezó ayer en Tucumán, y cuya primera edición fue hace dos años, en Mar del Plata.
El cineasta Octavio Getino le acercó alguna claridad al tema cuando hace unos días, en una entrevista con LA GACETA, afirmó que la perspectiva totalizadora de la cultura "como modo de vida de los individuos"- y no ya sólo como "bellas artes"- es relativamente nueva en el mundo, y que consiguió estatuto propio cuando se hizo visible la diversidad cultural de las colonias de Asia y Africa. Despejado ese espacio de ambiguedad, otro aporte de Getino echa más luz todavía sobre la importancia de diseñar y ejecutar políticas culturales. "Si no se invierte en educación y en cultura, es muy difícil construir imágenes propias, locales. Y sin ellas no hay identidades propias, y sin identidades es muy difícil que se pueda conseguir el desarrollo, individual y colectivo", afirmó entonces el experto en gestión cultural. En la misma dirección, el subsecretario de Cultura de la Nación, Pablo Wisznia, dijo que la cultura es "la gran herramienta del desarrollo", para dejar por sentado que no es una creación angélica, y que necesita políticas y presupuestos propios que la sostengan y que la institucionalicen en el escenario de la "administración de la cosa pública".
Sin embargo, ese énfasis puesto en la necesidad de darle mayor rango al área de la cultura no se condice con al menos dos de las ausencias de ayer, en la inaguración del Congreso: la del gobernador José Alperovich y la del secretario de Cultura de la Nación, José Nun. Al margen de las meneadas explicaciones de que los faltazos se debieron a "superposiciones de agenda" (Nun vendrá hoy, y dará su conferencia) esas ausencias sobrevolaron, simbólicas, durante la brevísima bienvenida a cargo del titular del Ente Tucumán Cultura, Mauricio Guzman, y de la diputada Beatriz Rojkés de Alperovich.
Nota al margen, no fueron esos los únicos vacíos: tampoco fueron el vicegobernador y presidente de la Legislatura, Juan Manzur (de viaje) ni el intendente Domingo Amaya, que argumentó "enfermedad".
Las ausencias también hablan: cierto que el gobernador Alperovich, que es un gobernante pragmático, siente que el sinuoso ámbito de la cultura no es lo suyo (vale recordar el lío que armó a raíz de su visión "economicista" del patrimonio arquitectónico). Pero su aguzado séptimo sentido del pragmatismo ya habrá tomado nota del concepto que sobrevuela en muchas de las mesas que se desarrollarán entre hoy y mañana en el marco del Congreso; que la cultura puede ser una fuente más que interesante de recursos económicos. Cabe sospechar, entonces, que esa ausencia responde al incómodo malentendido que se ha suscitado desde que en el Gobierno nacional se supo que Mauricio Guzman fue secretario de Cultura de Antonio Bussi cuando el militar, hoy condenado por la Justicia, gobernó Tucumán durante el período democrático. Nadie lo dice en voz alta; pero esa situación provocó un cimbronazo en los pasillos de la Secretaría de Cultura de la Nación; y no se descarta que esas ausencias de Alperovich y de Nun en la jornada de ayer hayan sido un coletazo de esa situación incómoda, en la que los porteños - y otros muchos argentinos - no terminan de entender la "psicología" de ese tucumano medio que en plena vigencia de los valores democráticos, en los años 90, votó a quien los había mandado durante los años de plomo, en los años 70. Por donde se mire, Tucumán ocupa un lugar incómodo y paradojal. Muy lejos de Buenos Aires en el mapa cultural argentino, va a la zaga de Rosario; de Córdoba y de Mendoza, aunque es rica en producción cultural: tiene universidades, y un peso histórico en la conformación de la Nación. Pero ese acervo no le ha servido para ponerse a la par de las ciudades en las que la cultura no sólo proporciona identidad sino que es es también una cadena de valor. El Congreso puede acercarle herramientas para aprovechar ese potencial hasta ahora desperdiciado por no se sabe qué "factor psicológico".

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios