EXITOSA. Fred Vargas (seudónimo de la francesa Frédérique Audoin-Rouzeau) ha recibido numerosos premios y su obra se ha publicado en 35 países.
12 Octubre 2008 Seguir en 

A veces las traducciones pueden ser perversas y convertir un buen libro en uno regular. Es lo que pasa con Sin hogar ni lugar, la obra de la francesa Fred Vargas, una licenciada en Historia y Arqueología que ya ha publicado nueve novelas.
El libro cuenta la historia de Clément, un acordeonista idiota que es el principal sospechoso de una serie de crímenes perpetrados en París. Sólo Marthe, una vieja prostituta, cree en la inocencia del acusado, a quien ella crió cuando era un niño. Todas las pruebas están en contra de este ser que desvaría y que incluso sostiene que lo más probable es que haya sido él quien puso fin a la vida de las mujeres. Allí donde entra en escena el quejoso Louis Kehlweiler, alias El Alemán, un ex policía que lo único que quiere tras su retiro es descansar y ordenar sus zapatos. Por la insistencia de Marthe, él y sus amigos, Marc, Lucien y Mathias, comenzarán a desandar una historia de amoríos y engaños que desembocarán en un final inesperado, algo que cualquier novelista del género desea, pero no todos consiguen.
Para ser un libro de 300 páginas, Sin hogar ni lugar se lee bastante rápidamente. Pero quienes nos tocó en suerte llegar a él luego de haber pasado por las manos de un traductor, vemos interrumpido el placer de la lectura por algunas frases sin sentido o situaciones que no terminan de entenderse.
Fred Vargas (seudónimo literario de Frédérique Audoin-Rouzeau) utiliza sus conocimientos a menudo. No por nada los compañeros de El Alemán son un historiador contemporáneo, un medievalista y un especialista en prehistoria, y viven cada uno en un piso de una vieja casona, que se convierte en el cuartel central de los investigadores. Kehlweiler es sagaz y experimentado. Deberá valerse de todos sus conocimientos y de los de sus ex compañeros de la Policía para desentrañar el misterio, para lo cual deberá conocer la vida de Clément desde sus inicios.
Vargas reniega del estilo de la novela negra. "Yo hago novelas de enigmas", le dijo hace poco al diario español El País, al tiempo que se declaraba admiradora de Agatha Christie. Emular a la creadora de Hercules Poirot es una tarea titánica. Ha recibido, entre otros, los premios Prix mystère de la critique (1996 y 2000), Gran premio de novela negra del Festival de Cognac (1999), Trofeo 813 y Giallo Grinzane (2006). Vargas por lo menos puede decir que su obra se convirtió en un éxito editorial. Habrá que ver si logra perdurar en el tiempo como la británica. Fanáticos a lo largo de los 35 países a cuyas lenguas ha sido traducida su obra ya le sobran. © LA GACETA
El libro cuenta la historia de Clément, un acordeonista idiota que es el principal sospechoso de una serie de crímenes perpetrados en París. Sólo Marthe, una vieja prostituta, cree en la inocencia del acusado, a quien ella crió cuando era un niño. Todas las pruebas están en contra de este ser que desvaría y que incluso sostiene que lo más probable es que haya sido él quien puso fin a la vida de las mujeres. Allí donde entra en escena el quejoso Louis Kehlweiler, alias El Alemán, un ex policía que lo único que quiere tras su retiro es descansar y ordenar sus zapatos. Por la insistencia de Marthe, él y sus amigos, Marc, Lucien y Mathias, comenzarán a desandar una historia de amoríos y engaños que desembocarán en un final inesperado, algo que cualquier novelista del género desea, pero no todos consiguen.
Para ser un libro de 300 páginas, Sin hogar ni lugar se lee bastante rápidamente. Pero quienes nos tocó en suerte llegar a él luego de haber pasado por las manos de un traductor, vemos interrumpido el placer de la lectura por algunas frases sin sentido o situaciones que no terminan de entenderse.
Fred Vargas (seudónimo literario de Frédérique Audoin-Rouzeau) utiliza sus conocimientos a menudo. No por nada los compañeros de El Alemán son un historiador contemporáneo, un medievalista y un especialista en prehistoria, y viven cada uno en un piso de una vieja casona, que se convierte en el cuartel central de los investigadores. Kehlweiler es sagaz y experimentado. Deberá valerse de todos sus conocimientos y de los de sus ex compañeros de la Policía para desentrañar el misterio, para lo cual deberá conocer la vida de Clément desde sus inicios.
Vargas reniega del estilo de la novela negra. "Yo hago novelas de enigmas", le dijo hace poco al diario español El País, al tiempo que se declaraba admiradora de Agatha Christie. Emular a la creadora de Hercules Poirot es una tarea titánica. Ha recibido, entre otros, los premios Prix mystère de la critique (1996 y 2000), Gran premio de novela negra del Festival de Cognac (1999), Trofeo 813 y Giallo Grinzane (2006). Vargas por lo menos puede decir que su obra se convirtió en un éxito editorial. Habrá que ver si logra perdurar en el tiempo como la británica. Fanáticos a lo largo de los 35 países a cuyas lenguas ha sido traducida su obra ya le sobran. © LA GACETA







