El acuerdo con el FMI prolongará la estabilidad monetaria

La Fundación Capital sostiene en un informe que no era posible para la Argentina seguir sin pactar con el Fondo. "Lo que se ponía en juego no era menor", opina.

19 Enero 2003
Aun después de liberado el corralito (principios de diciembre de 2002) y bajo un escenario de cumplimiento parcial con los organismos de multilaterales de crédito, el mercado financiero no acusa ningún síntoma que lo aleje de la recuperación iniciada en agosto de 2002. Según lo señala un estudio de la Fundación Capital proporcionado a LA GACETA, si bien la demanda de dinero sigue fortalecida, el comportamiento de las principales variables monetarias durante diciembre resultó diferente a lo ocurrido en los meses anteriores.
Existe mayor preferencia por la liquidez, que se expresa fundamentalmente en el aumento de los billetes y monedas en poder del público (el circulante subió más de $ 2.600 millones durante diciembre). Esta mayor demanda por liquidez mayoritariamente para fines transaccionales va en desmedro del crecimiento de los depósitos. Los depósitos del sector privado dejan de crecer en diciembre de 2001, ya que solo aumentan $ 40 millones sin computar los cedros, mientras que incluyendo las desprogramaciones de estos certificados (fundamentalmente por amparos), la cifra de los depósitos privados se vuelve negativa en unos $ 1.200 millones, hecho que ocurre por primera vez desde agosto de 2002. El cambio evidenciado en la composición de la demanda de dinero no representa hasta el momento un signo de preocupación vinculado al impacto que esta mayor liquidez pueda tener sobre el mercado cambiario.
Por el contrario, el aumento en la demanda de medios de pago parecería en gran medida genuino ya que no presiona sobre el dólar, que sigue como en los meses anteriores, muy sobreofertado, con ligera tendencia a la baja y con un Banco Central que en diciembre logra un récord de compras netas por casi U$S 600 millones. Más aun, en estas últimas semanas parecería que la discusión que toma fuerza es cómo evitar la apreciación del peso, para mantener el tipo de cambio en los niveles actuales.

El problema es el crédito
La variable que sigue sin reaccionar es el crédito al sector privado. Mientras las cifras de noviembre alentaban un tenue cambio de tendencia respecto de la caída ininterrumpida a lo largo de todo el año (ya que los préstamos apenas se contrayeron $ 250 millones), durante diciembre nuevamente se contrajo el stock de financiaciones al sector privado por alrededor de $ 1.000 millones.
A partir de la evidente situación de estabilidad monetaria y cambiaria que perdura aun luego de varios hechos que la pudieran haber puesto en riesgo en los últimos cuarenta y cinco días -default transitorio con el Banco Mundial, apertura del corralito, flexibilización cambiaria, amenaza del fallo redolarizador, entre otros-, es posible que se alimente la "falsa" idea de que vamos bien y podemos seguir así "aun" sin el Fondo Monetario Internacional. No pagamos a los organismos de crédito y sin embargo aumentaron los depósitos, bajó el dólar y se retroalimenta la sensación de una mejora económica general. Esta estrategia tiene patas cortas ya que está basada en una inconsistencia que no puede durar mucho tiempo.
Finalmente, se concretaron las señales de los últimos días a favor de la firma de un acuerdo con el FMI conveniente para el país.

El arreglo
El Gobierno argentino alcanzó el pasado jueves un principio de acuerdo con el Fondo, que le permitirá reprogramar los vencimientos por 16.112 millones de dólares que le adeudaba a este organismo, al Banco Mundial (BM) y al Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Lo que se ponía en juego al tener o no tener acuerdo con el FMI no era menor.
Según el equipo de la Fundación Capital, si seguíamos como hasta ahora (sin apoyo y extendiendo los incumplimientos), la dinámica del mercado cambiario y monetario nos habría dado una desagradable sorpresa, en un contexto de ruido político máximo y con un sendero plagado de incertidumbres (corralón, tarifas, deuda pública y privada, cronograma electoral). En cambio, con un acuerdo con los organismos de crédito, el manejo de la política monetaria y cambiaria se verá facilitada ya que comenzarán a desaparecer muchas fuentes de incertidumbre.

El centro de la escena
A partir de la asunción de nuevas autoridades en el Banco Central y de nuevas medidas que flexibilizan la demanda de dólares, se ha realimentado el debate sobre el actual nivel nominal del tipo de cambio.
Más allá de reconocer que es muy difícil saber si el actual tipo de cambio es de equilibrio, algunos argumentos son útiles para evaluar la situación a corto plazo. En primer lugar el actual valor del dólar es la resultante de fuertes controles cambiarios principalmente sobre la oferta y en menor medida sobre la demanda. La vigencia del corralón y el default público y privado, sumado al control de capitales, también reprimen la demanda.
En segundo lugar cuando observamos diversos valores de referencia el valor actual (en torno al 3,40/3,50 pesos por dólar), resulta prácticamente similar al dólar de convertibilidad incluyendo cuasimonedas, y sólo un 14% superior al promedio histórico de los 80 (sin tablita y sin hiperinflación).
En lo coyuntural, la apreciación de la moneda que se está dando en estos días puede ser engañosa toda vez que influye en ella la mayor demanda de pesos por motivos estacionales, que hacia fines del corriente mes comenzará a revertirse.
Por último, resulta inconveniente forzar una apreciación del peso cuando no existen condiciones que aporten certeza respecto a que vendrá acompañada de una deflación de precios. Por el contrario, el riesgo es que ante una reversión y nueva devaluación, los precios tomen impulso alcista.
En definitiva se podría ingresar en una zona de serruchos que haría perder la "valiosa" referencia de "estabilidad cambiaria" que perdura desde fines de de junio a la actualidad, y que ayuda a evitar también las conductas especulativas.

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