24 Agosto 2008 Seguir en 

Aquí se narra la historia de Eduardo y de Julia, dos antiguos amigos que se reencuentran después de un largo tiempo, cuando ambos ya han cumplido los 70 años y han vivido sus respectivas vidas. Ahora -no como pareja, tampoco como matrimonio- comparten el tiempo que les resta vivir, acompañándose, protegiéndose, estimulándose mutuamente, disimulando las falencias y debilidades de uno y otro, alimentando sus estupendos, envidiables deseos de vivir.
Es una novela escrita con un sabio manejo de los instrumentos que provee el lenguaje, cosa que se advierte desde la dedicatoria (que nos alude a tantos, dulcemente, sin herir, pero con una carga de verdad insoslayable) hasta la última página. Da la impresión de que la autora no escribe desde su cabeza sino desde sus entrañas; por eso todo resulta vívido y adquiere un notable nivel de veracidad, y, a la vez, transmite el tranquilo convencimiento de aquel que divisa el final sabedor de que en cualquier momento se cortará el camino, aunque sin dejar que ni este hecho ni la nostalgia lo influyan ni modifiquen su conducta. Escribiendo desde el yo de cada personaje, los hace desnudarse a fuerza de palabras y de oportunos silencios, casi sin que ellos se den cuenta.
Al mismo tiempo, el discurso va transmitiendo un mensaje interlineado donde la expresión "ya no" es un referente fuerte e inexorable que pone "en autos" al lector, pero que aquí está encarado con sabiduría y hasta con un chispeo de levísimo humor, de sabrosa ironía, que oculta la niebla que puede deslizarse en esas entrelíneas.
Leer esta novela, para aquellos que ya están en el camino aludido, es una experiencia singular, sobre todo porque el texto deja de ser escrito para convertirse en un espejo móvil que refleja la psique, con sus miedos, sus convencimientos, sus esperanzas tenues pero bien alimentadas por dos motores -Eduardo y Julia- que funcionan de consuno.
El lenguaje fluye imparable en este poliedro, cada una de cuyas caras -Eduardo, Julia, yo, el otro, el mismo- muestra siempre un parecido espejo. Todas las historias, en el fondo, la misma o similar historia: la de cada personaje, copiada de la nuestra. ¿O nosotros miramos nuestro reflejo en la del otro?
Y toda la acción está bordada finamente por un sutil hilo de oro: amor, compañía, entendimiento. Con ese conductor -no importa cuánto dure el camino- la vida siempre será un comienzo. Esta es la luz que ilumina la novela y que nos deja iluminados interiormente.© LA GACETA
Es una novela escrita con un sabio manejo de los instrumentos que provee el lenguaje, cosa que se advierte desde la dedicatoria (que nos alude a tantos, dulcemente, sin herir, pero con una carga de verdad insoslayable) hasta la última página. Da la impresión de que la autora no escribe desde su cabeza sino desde sus entrañas; por eso todo resulta vívido y adquiere un notable nivel de veracidad, y, a la vez, transmite el tranquilo convencimiento de aquel que divisa el final sabedor de que en cualquier momento se cortará el camino, aunque sin dejar que ni este hecho ni la nostalgia lo influyan ni modifiquen su conducta. Escribiendo desde el yo de cada personaje, los hace desnudarse a fuerza de palabras y de oportunos silencios, casi sin que ellos se den cuenta.
Al mismo tiempo, el discurso va transmitiendo un mensaje interlineado donde la expresión "ya no" es un referente fuerte e inexorable que pone "en autos" al lector, pero que aquí está encarado con sabiduría y hasta con un chispeo de levísimo humor, de sabrosa ironía, que oculta la niebla que puede deslizarse en esas entrelíneas.
Leer esta novela, para aquellos que ya están en el camino aludido, es una experiencia singular, sobre todo porque el texto deja de ser escrito para convertirse en un espejo móvil que refleja la psique, con sus miedos, sus convencimientos, sus esperanzas tenues pero bien alimentadas por dos motores -Eduardo y Julia- que funcionan de consuno.
El lenguaje fluye imparable en este poliedro, cada una de cuyas caras -Eduardo, Julia, yo, el otro, el mismo- muestra siempre un parecido espejo. Todas las historias, en el fondo, la misma o similar historia: la de cada personaje, copiada de la nuestra. ¿O nosotros miramos nuestro reflejo en la del otro?
Y toda la acción está bordada finamente por un sutil hilo de oro: amor, compañía, entendimiento. Con ese conductor -no importa cuánto dure el camino- la vida siempre será un comienzo. Esta es la luz que ilumina la novela y que nos deja iluminados interiormente.© LA GACETA







