24 Agosto 2008 Seguir en 

La novela de Claudia Piñeiro es excelente y terrible. Sin duda, ya pasó el tiempo de Agatha Christie, cuando al terminar la lectura uno sentía la misma satisfacción de haber resuelto un crucigrama. Tuya, en cambio, en lugar de hacernos pensar en palabras cruzadas, más bien nos recuerda las tragedias griegas.
El personaje de la narradora es una ama de casa; una porteña de clase media, cuyo principal interés es conservar su matrimonio, aun cuando está segura de que su marido la quiere. También hay una hija de quince años que no preocupa demasiado a sus padres, y que siempre cuenta sus relaciones y salidas con sus compañeras de colegio, incluso cuando a veces no son tales.
Todo comienza cuando, buscando una lapicera, revisa el maletín de su marido y encuentra un papel en el que se lee, escrito con lápiz de labios "Te quiero", con la firma de Tuya. Dominada por la angustia comienza a controlar los movimientos de su marido, a escuchar sus conversaciones por teléfono, a seguir sus pasos. De esta manera llega a asistir a la absurda e inesperada muerte accidental de Tuya.Pero lo que podría ser el final de las angustias de la protagonista es sólo el primer acto de la tragedia. A causa de la muerte de Tuya aparece su sobrina. Es una muchacha alta y morena, más joven y más hermosa de lo que había sido Tuya. Además, resulta evidente su relación con el marido de la protagonista. Por lo tanto, las complicaciones y las angustias, en lugar de desaparecer, se acrecientan.
Como si todo esto fuera poco, la única hija del matrimonio vive también su propia tragedia sin que sus padres se enteren de nada. Ella debe resolver sus propios problemas en absoluta soledad. En todo caso demuestra una madurez y una racionalidad mayores que las de sus progenitores; pero el problema subsiste.
Como era de esperar, el final de la novela es catastrófico. En la antigua Grecia los protagonistas de las tragedias eran dioses, semidioses, reyes o príncipes. En el caso de esta novela se demuestra que lo trágico es algo que puede ocurrirnos a todos.
En un momento la narradora confiesa: "Yo no me hubiera permitido matar a Alicia. Mucho menos a Ernesto, que es el padre de mi hija. A Tuya, sí. Tuya es otra cosa."© LA GACETA
El personaje de la narradora es una ama de casa; una porteña de clase media, cuyo principal interés es conservar su matrimonio, aun cuando está segura de que su marido la quiere. También hay una hija de quince años que no preocupa demasiado a sus padres, y que siempre cuenta sus relaciones y salidas con sus compañeras de colegio, incluso cuando a veces no son tales.
Todo comienza cuando, buscando una lapicera, revisa el maletín de su marido y encuentra un papel en el que se lee, escrito con lápiz de labios "Te quiero", con la firma de Tuya. Dominada por la angustia comienza a controlar los movimientos de su marido, a escuchar sus conversaciones por teléfono, a seguir sus pasos. De esta manera llega a asistir a la absurda e inesperada muerte accidental de Tuya.Pero lo que podría ser el final de las angustias de la protagonista es sólo el primer acto de la tragedia. A causa de la muerte de Tuya aparece su sobrina. Es una muchacha alta y morena, más joven y más hermosa de lo que había sido Tuya. Además, resulta evidente su relación con el marido de la protagonista. Por lo tanto, las complicaciones y las angustias, en lugar de desaparecer, se acrecientan.
Como si todo esto fuera poco, la única hija del matrimonio vive también su propia tragedia sin que sus padres se enteren de nada. Ella debe resolver sus propios problemas en absoluta soledad. En todo caso demuestra una madurez y una racionalidad mayores que las de sus progenitores; pero el problema subsiste.
Como era de esperar, el final de la novela es catastrófico. En la antigua Grecia los protagonistas de las tragedias eran dioses, semidioses, reyes o príncipes. En el caso de esta novela se demuestra que lo trágico es algo que puede ocurrirnos a todos.
En un momento la narradora confiesa: "Yo no me hubiera permitido matar a Alicia. Mucho menos a Ernesto, que es el padre de mi hija. A Tuya, sí. Tuya es otra cosa."© LA GACETA







