Dramas futuristas del presente de la humanidad

Por Juan Carlos Di Lullo. Reeditan uno de los trabajos más conocidos de Dick, inmortalizado durante los 80 en el cine con Blade runner, una adaptación del original.

CORRIENDO POR EL FILO DE LA REALIDAD. Un muñeco idéntico a Dick simula ser un androide del hombre que soñaba con ellos. El autor murió en 1982, a los 53 años, sin llegar a ver el estreno de la película que rodó Ridley Scott, sobre la base de uno de sus libros. CORRIENDO POR EL FILO DE LA REALIDAD. Un muñeco idéntico a Dick simula ser un androide del hombre que soñaba con ellos. El autor murió en 1982, a los 53 años, sin llegar a ver el estreno de la película que rodó Ridley Scott, sobre la base de uno de sus libros.
24 Agosto 2008
Esta reedición de la novela que escribió Philip K. Dick hace 40 años es una excelente oportunidad para entrar en contacto con un texto de asombrosa vigencia en lo que respecta al planteo de los dilemas morales que les presenta a los seres humanos el avance arrollador de la tecnología. Dick es uno de los autores más interesantes en el campo de la ciencia ficción, por la calidad de los problemas que expone bajo la forma de relatos fantásticos. Esta breve novela, en particular, es uno de los trabajos más conocidos del escritor norteamericano desde que el realizador Ridley Scott construyó el clásico del cine Blade runner (1982) sobre una adaptación de la idea original. Y es tal la riqueza del tema que Scott, no conforme con el tratamiento que le dio un cuarto de siglo atrás, presentó el año pasado una versión retocada de la película, en la que planteó una sorpresiva vuelta de tuerca sobre la lectura original.
Dick insiste en esta historia sobre uno de los temas que están a menudo presentes en sus escritos: la interacción no siempre fluida entre los seres humanos y los robots o los androides. El protagonista, Rick Deckard, es un cazador de recompensas cuya ocupación consiste en "retirar" (o sea, eliminar) los androides que regresan clandestinamente desde las colonias extraterrestres a una Tierra decadente y devastada por los efectos de la contaminación. Pero los robots con apariencia humana son cada vez más sofisticados, y Deckard comienza a sentirse lisa y llanamente un asesino a sueldo a medida que se torna borrosa la línea que separa los seres vivos de las criaturas cibernéticas.

Planteos profundos
El autor manifiesta una clarividencia asombrosa al anticipar problemas como el de la contaminación extrema; la situación de los "diferentes" en una sociedad intolerante; los inconvenientes que deben afrontar los que no logran insertarse en una comunidad establecida o la relatividad de valores éticos que parecen indiscutibles. Por eso, puede parecer sorprendente que, al mismo tiempo, se equivoque al pronosticar una tecnología capaz de construir robots indistinguibles de los humanos pero no de desarrollar teléfonos celulares, computadoras potentes y redes eficientes de comunicación como las que ya son una realidad.Resulta anacrónico (forzando un poco el significado estricto del término) encontrar, por ejemplo, personajes que manejan copias al carbón o carpetas con archivos impresos en lugar de consultar bases de datos en las pantallas de sus computadoras. Pero no era la anticipación científica lo que preocupaba a Dick; en sus cuentos y novelas, la ubicación de la historia en un futuro más o menos próximo no es sino una forma de plantear escenarios originales y convenientes para expresar los planteos filosóficos que en realidad le interesaban.En ese sentido, esta novela resulta ejemplar: Deckard contrasta su propia humanidad con la vida prefabricada y artificial de las criaturas que debe eliminar, y de sus dudas surge la inmensa potencia conceptual del texto de Dick.© LA GACETA

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