24 Agosto 2008 Seguir en 

Pocas sensaciones en la vida suelen ser tan frustrantes como las que desata el sentirse a mitad de camino. Las cincuentonas de barrio lo definirían con su perspicaz estilo: "tanto remar para morir en la orilla". En realidad, hasta cuesta encontrar ese esfuerzo de braceo a lo largo de las 250 páginas de La Argentina crónica. Historias reales de un país al límite.
La selección de Maximiliano Tomas pretende revitalizar la crónica como género periodístico, pero apenas si termina por despertar unos cuantos latidos en el lector. "La crónica es el género de no ficción donde la escritura pesa más. La crónica aprovecha la potencia del texto, la capacidad de hacer aquello que ninguna infografía, ningún cable podrían: armar un clima, crear un personaje, pensar una cuestión", propone Martín Caparrós al comenzar el libro. La invitación, por sí sola tentadora para cualquier curioso, se diluye como arena entre los dedos con el correr de las páginas. Es, ciertamente, la recreación de ese clima, de ese "whisky de los poetas" del que habla otra de las firmas fundamentales de la crónica latinoamericana, el chileno Jorge Edwards, la que permanece ausente a lo largo de la lectura del libro. Es que la obra no logra definir nunca su perfil: o manual de periodismo o compendio de artículos destacados. Ni una ni otra. El propio Tomas termina por reconocer esa sensación de ambigüedad al plantear el ejemplar como "de lectura imprescindible tanto para periodistas y estudiantes de comunicación como para un público inquieto en general". ¿A qué público va dirigido?
En una muestra del apasionamiento que siente por la crónica como género y de la confusión a la que queda sometido el lector inadvertido, el autor formula al final de cada texto tres preguntas a los periodistas invitados, en un intento por desentrañar las virtudes, las desventajas y los secretos de una buena crónica, esa escritura que camina en el filo entre la literatura y el periodismo y que permite contar eso que los fríos datos no logran transmitir.
Claro que no se puede responsabilizar al seleccionador del contenido de los 14 textos incluidos en la obra. Pero sí hay que hacer la salvedad de que la compilación lejos queda de "trazar el mapa urgente de un país al límite", como se plantea. Tanto las temáticas como los talentos van en La Argentina crónica de un extremo a otro y permiten al lector desentrañar la vida de los reidores profesionales de la televisión o participar del drama de la joven Romina Tejerina, que a los 18 años asesinó a su bebé recién nacido en Jujuy.
Toda antología supone sus caídas; el problema aparece cuando estas se tornan recurrentes página tras página y el entusiasmo del comienzo cae como por un tobogán. En Literatura, el chileno Edwards alerta sobre los momentos en que los técnicos, los políticos o los hombres de números empiezan a hacer literatura, a volverse literarios o literatosos. "En esos momentos conviene ponerse en guardia", propone. Una buena advertencia si lo que se pretende es, paradójicamente, honrar el periodismo lírico, un género que exige ingenuidad y capacidad de asombro, de juego, de entusiasmo y de desvergüenza.© LA GACETA
La selección de Maximiliano Tomas pretende revitalizar la crónica como género periodístico, pero apenas si termina por despertar unos cuantos latidos en el lector. "La crónica es el género de no ficción donde la escritura pesa más. La crónica aprovecha la potencia del texto, la capacidad de hacer aquello que ninguna infografía, ningún cable podrían: armar un clima, crear un personaje, pensar una cuestión", propone Martín Caparrós al comenzar el libro. La invitación, por sí sola tentadora para cualquier curioso, se diluye como arena entre los dedos con el correr de las páginas. Es, ciertamente, la recreación de ese clima, de ese "whisky de los poetas" del que habla otra de las firmas fundamentales de la crónica latinoamericana, el chileno Jorge Edwards, la que permanece ausente a lo largo de la lectura del libro. Es que la obra no logra definir nunca su perfil: o manual de periodismo o compendio de artículos destacados. Ni una ni otra. El propio Tomas termina por reconocer esa sensación de ambigüedad al plantear el ejemplar como "de lectura imprescindible tanto para periodistas y estudiantes de comunicación como para un público inquieto en general". ¿A qué público va dirigido?
En una muestra del apasionamiento que siente por la crónica como género y de la confusión a la que queda sometido el lector inadvertido, el autor formula al final de cada texto tres preguntas a los periodistas invitados, en un intento por desentrañar las virtudes, las desventajas y los secretos de una buena crónica, esa escritura que camina en el filo entre la literatura y el periodismo y que permite contar eso que los fríos datos no logran transmitir.
Claro que no se puede responsabilizar al seleccionador del contenido de los 14 textos incluidos en la obra. Pero sí hay que hacer la salvedad de que la compilación lejos queda de "trazar el mapa urgente de un país al límite", como se plantea. Tanto las temáticas como los talentos van en La Argentina crónica de un extremo a otro y permiten al lector desentrañar la vida de los reidores profesionales de la televisión o participar del drama de la joven Romina Tejerina, que a los 18 años asesinó a su bebé recién nacido en Jujuy.
Toda antología supone sus caídas; el problema aparece cuando estas se tornan recurrentes página tras página y el entusiasmo del comienzo cae como por un tobogán. En Literatura, el chileno Edwards alerta sobre los momentos en que los técnicos, los políticos o los hombres de números empiezan a hacer literatura, a volverse literarios o literatosos. "En esos momentos conviene ponerse en guardia", propone. Una buena advertencia si lo que se pretende es, paradójicamente, honrar el periodismo lírico, un género que exige ingenuidad y capacidad de asombro, de juego, de entusiasmo y de desvergüenza.© LA GACETA







