Contra todos los pronósticos, el peso terminó fortalecido

A fines de 2002 se recreó la demanda de dinero en moneda nacional, empezó a recomponerse el stock de depósitos bancarios y crecieron las reservas.

12 Enero 2003
El 2002 quedará en la historia como uno de los peores en términos de caída de la actividad económica, índices de pobreza y desocupación. Asimismo, será reconocido como el período en que menor impacto hubo en los precios después de una significativa devaluación y ostentará, además, el mayor superávit comercial de los últimos tiempos. Fue el año del tránsito desde la salida estrepitosa de la convertibilidad al fortalecimiento del peso.
Fue el año en que la mayoría de los pronósticos no se cumplieron. No solo se evitó caer en la hiperinflación, sino que, además, se recreó la demanda de dinero en pesos y se empezó a recomponer el stock de depósitos bancarios, crecieron las reservas internacionales, hubo un descenso en las tasas de interés y hasta se dejó de hablar de reestructurar el sistema bancario. La pregunta es cómo se explican estos hechos si no hubo reformas estructurales, no se reestructuró la deuda, no mejoró la calidad institucional, no hubo acuerdo con el Fondo Monetario (FMI), no se reformuló el sistema financiero y no cambió el elenco político. Por el contrario, todo esto se da en un contexto signado por la debilidad institucional, la falta de un régimen jurídico estable y de un proyecto político convincente, y en el descrédito internacional del país.
Sucede que se decidió devaluar en medio de la peor recesión en lo que va de la historia económica argentina: con elevada desocupación, sin intermediación financiera y sin acuerdos internacionales. Fue un salto al vacío. Como se sabe, toda devaluación implica un cambio de precios relativos y, por consiguiente, una redistribución de ingresos, que favorece al sector exportador en detrimento del sector asalariado.
En las reiteradas experiencias devaluatorias, los efectos benéficos que se persiguieron con la política cambiaria nunca resultaron eficaces. El inmediato traslado del aumento del tipo de cambio a los precios internos terminó licuando la mejora relativa de los precios de los bienes exportables. Esto no sucedió en esta ocasión.

En el sube y baja
Durante los primeros meses posteriores a la convertibilidad se produjo una fuerte depreciación del peso, con pérdida de reservas internacionales y un importante incremento de la oferta de dinero interna, producto de los redescuentos otorgados a los bancos por su iliquidez.
El nivel de precios empezó a subir, lo que deterioró el poder adquisitivo del salario. Y, dada la alta desocupación, no hay incentivos para una mejora salarial. Esto hace que disminuya el costo laboral en términos reales, redundando en una mejora en la rentabilidad de las empresas exportadoras. Se establecieron, entonces, retenciones al agro para atenuar los efectos redistributivos y contener el aumento de los precios internos. Pero como el dólar siguió subiendo y los precios en una primera etapa acompañaban el incremento, el gobierno impuso controles en el mercado cambiario. El Banco Central estableció una política monetaria más restrictiva. Colocó letras para captar fondos en pesos, descomprimir la presión en el tipo de cambio y establecer una tasa de referencia en el mercado.

El empuje de las exportaciones trajo alivio

Los bancos ofrecieron elevados rendimientos en pesos para captar fondos y mejorar la liquidez. Los inversores colocaron el dinero a plazos cortos y, dada la estabilidad de la divisa hacia mediados del año, obtuvieron buenos rendimientos en dólares. La oferta de dinero empezó a reducirse por menores redescuentos. Además, por los controles cambiarios, el dólar consolidó su estabilidad, el Banco Central ganó reservas, se mantuvo fuerte la liquidación de exportaciones y al permanecer altas las tasas ofrecidas en pesos se desalentó la demanda de dólares con una relativa apreciación del peso. Así se llegó al fortalecimiento del peso por factores monetarios y a las expectativas de estabilidad del dólar por el abultado superávit comercial.

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