Un hombre de varios trabajos, muchos viajes y prosa de culto

El perfil de Robeto Bolaños.

03 Agosto 2008
Roberto Bolaño murió en Barcelona el 14 de julio de 2003, como consecuencia de una insuficiencia hepática, a los 50 años. Había nacido en Chile y había recorrido Latinoamérica, Africa y Europa, para lo cual realizó los más diversos trabajos. Fue lavaplatos, basurero, mayordomo, descargador de barcos, periodista... Desde 1985 vivió en Blanes, un pequeño pueblo de la costa catalana. No mucho antes de morir se transformó en un escritor de culto, y hoy es uno de los autores hispanoamericanos más apreciados ("el más influyente y admirado novelista en lengua española de su generación", dijo Susan Sontag).
Con Los detectives salvajes ganó el Premio Herralde 1998 y el Rómulo Gallegos (el Nobel latinoamericano) en 1999. La novela fue elegida por The New York Times como uno de los diez mejores libros editados en 2007. En ese diario, el profesor de la Universidad de Harvard James Wood señala que Bolaño es reconocido en el mundo hispanohablante como uno de los más grandes escritores modernos. Los detectives salvajes será llevada al cine por el director mexicano Carlos Sama y la película tendrá de protagonista a Gael García Bernal.
Bolaño dejó inconclusa la que es, quizás, su mayor obra: 2666. Con ella ganó póstumamente el premio Salambó a la mejor novela escrita en castellano. Recientemente fueron publicados El secreto del mal (cuentos, 2007) y La universidad desconocida (poesía, 2007). Dos meses después de su muerte apareció El gaucho insufrible (cuentos, 2003). Otros libros destacados son Estrella distante (novela, 1996), La literatura nazi... (ensayo, 1996) y Llamadas telefónicas (cuentos, 1996).
El escritor chileno no esquivó la honestidad brutal (por ejemplo, cuando criticó a su compatriota Isabel Allende diciendo que no era una escritora sino una "escribidora"), combatió el aburguesamiento, vivió la literatura como una profesión de fe y se infiltró en la ficción (aparece como personaje en las novelas Soldados de Salamina, del español Javier Cercas, y Mantra, del argentino Rodrigo Fresán). Todo esto, aunque el motor fue esencialmente su literatura, contribuyó a la generación del mito que se ha forjado en torno de su figura.

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