29 Junio 2008 Seguir en 
En el barrio Antena todos hablan en voz baja y rápidamente. Tienen miedo de que alguien los delate por haber contado lo que ocurre en ese laberinto de callejones. Allí, en medio de la pobreza, florece el negocio de la venta de drogas. Los vendedores son los dueños de la vida de sus vecinos. Les proveen de sustancias a los adictos y amenazan a los que no consumen para que no sean buchones de la Policía.Recorrer las calles de este humilde vecindario no es tarea sencilla. En cuestión de minutos, jóvenes con caras de muy pocos amigos y con los rostros tapados con las capuchas de canguros, vigilan los pasos que da el extraño. Están atentos a que nadie interfiera en sus asuntos. Son los responsables de que el miedo siga reinando en la zona.
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