
Triunfante el movimiento libertario, sus principales publicistas: Castelli, Moreno, Belgrano y el Deán Funes, procuraron su inmediata difusión en todo el territorio de las Provincias Unidas para que adquiriera una pronta justificación nacional.
Verdadero numen del accionar patriota de esa primera hora fue don Mariano Moreno, abogado, periodista, excepcional figura de nuestra historia. (2) Ya en 1809 adquirió renombre por su escrito La representación de los Hacendados y Labradores, en el que hizo una brillante y fundada defensa de la libertad de comercio (el virrey Cisneros no autorizó la publicación del artículo en Buenos Aires, pero este fue editado en Río de Janeiro y en Londres). Estuvo en el Cabildo Abierto del 22 de mayo, cuando votó por el cese del virrey, y el día 25 fue elegido secretario de la Primera Junta. Allí comienza y se agiganta la verdadera trascendencia de su accionar. En la primera semana creó el periódico la Gazeta de Buenos Ayres, de la que fue su primer director, y publicó allí su ideario político.
Pero su pluma más gloriosa habría de resonar el 6 de diciembre de 1810 en la redacción del Decreto denominado Supresión de honores a la Junta, que hizo firmar a todos sus miembros y poner inmediatamente en práctica. En la noche anterior y, con motivo del triunfo de Suipacha, primera victoria de las tropas revolucionarias, el Regimiento de Patricios había organizado un banquete para festejar el suceso. A su término, el capitán Atanasio Duarte, en estado de embriaguez, propuso la coronación de Saavedra y especiales honores a su señora esposa. Moreno, al enterarse del hecho, ya que no había estado presente, redactó el mencionado decreto, verdadero ejemplo de ideario republicano.
En sus fundamentos expresó, entre otras cosas, que "en vano publicaría esta Junta principios liberales que hagan apreciar a la gente el inestable don de la libertad, si permitiese también la continuación de aquellos honores que inventaron los tiranos para desgracia de la humanidad". "La libertad de los pueblos no consiste en palabras ni debe existir solamente en los papeles -agrega- ya que cualquier déspota puede obligar a sus esclavos a cantar himnos a la libertad; entonces, si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad".
La norma continuaba expresando: "si yo, gobernante, me considero igual a mis conciudadanos, ¿por qué me he de presentar de un modo que les enseñe que son menos que yo? Mi superioridad sólo existe en el acto de ejercer la función pública que se me ha confiado, pero en las demás actividades de la vida social soy un ciudadano más, sin derecho a otras consideraciones que las que merezcan mis propias virtudes personales".
En la parte dispositiva, el decreto estableció que "habrá absoluta, perfecta e idéntica igualdad entre los miembros de la Junta, sin más diferencia que el orden de sus asientos"; que "se prohíbe todo brindis, viva o aclamación pública a favor de algún miembro individual de la Junta, pues si éstos son justos, vivirán sin ruidos en el corazón de sus conciudadanos"; que "queda concluído todo el ceremonial de iglesia para con las autoridades civiles pues estas no concurren al templo a recibir inciensos sino a tributarlos al Ser Supremo"; y que "en las diversiones públicas de toros, ópera o comedia los miembros de la Junta comprarán lugar como cualquier ciudadano".
Finalizaba indicando: "habiendo el capitán Don Atanasio Duarte echado un brindis que ofendió la probidad del presidente de la Junta y atacó los derechos de la Patria, mereciendo por ello perecer en el cadalso, por su estado de embriaguez se le perdona la vida pero se lo destierra perpetuamente de la ciudad, porque ningún habitante de Buenos Aires, ni ebrio, ni dormido, debe tener impresiones contra la libertad de su país".
El legado de Moreno
Pero, desgraciadamente, la Revolución de Mayo no había nacido ideológicamente homogénea y el texto del mencionado decreto, pese a que fue firmado por unanimidad, acrecentó la oposición a la figura de Moreno, y determinó que el 18 de diciembre presentara su renuncia. Esta no fue aceptada ni rechazada por la Junta, que en cambio lo designó su representante ante la corona británica.
Se embarcó el 24 de enero de 1811 en la Goleta "La Fama", para cumplir su misión diplomática en Londres, pero enfermó gravemente a bordo al cabo de un mes de navegación. El día 4 de marzo de 1811, sintiéndose morir, se despidió del mundo diciendo: "Viva la Patria, aunque yo perezca". Sus restos fueron arrojados al mar por Tomás Guido y su hermano Manuel, que lo acompañaban. Al enterarse Saavedra de su muerte, exclamó: "Se necesitaba tanta agua para apagar tanto fuego". Según algunos, Moreno fue envenenado por sus tenaces enemigos políticos. Tenía 32 años de edad y en tan sólo 10 meses de actuación pública había labrado los bronces de su posteridad.Al doctor Mariano Moreno, abogado, hombre de ley, la Revolución de Mayo le debe su doctrina inicial y su orientación patriótica. Constituye el núcleo liberal que se rebeló contra el sistema colonial antiliberal y absolutista, encarnado por el centralismo autocrático en lo político, el dirigismo monopólico en lo económico, la persecución del pensamiento, la arbitrariedad y el privilegio.
Frente a Mayo de 1810
La Historia no es simplemente una crónica de lo que ha pasado, sino es lo que nos ha pasado a nosotros mismos, al hombre concreto de cada día. La historia es tiempo vital, es nuestra propia biografía (3) y nos constituye en el aquí y en el ahora, como argentinos del siglo XXI. Estamos hechos de historia, y no podemos borrar el pasado pues sería como suprimirnos a nosotros mismos. Esto nos debe permitir apreciar con lucidez que no podemos rendir verdadero tributo a Mayo de 1810 si, al mismo tiempo, atacamos el espíritu liberal que lo inspiró.
¿Qué sentido tiene entonces que recordemos los hechos de 1810? Solamente podremos recuperar la esencia plena de este legado si nos esforzamos por construir la sociedad que los próceres nos propusieron: una comunidad libre, un sistema de convivencia en libertad, la sociedad organizada desde el ciudadano, como lo expresó Moreno, el sistema de la libertad responsable, que nos propuso Alberdi. (4)
En muchos países esto sería una utopía, pero los argentinos podemos lograrlo porque tenemos un arquetipo para desarrollar: el régimen político de la República, representativa, federal y liberal, delineada con esmero por la Constitución de 1853, esa magna obra que perdura en su segmento dogmático, pese a las reformas. (5)
Construir la Ciudad de la Ley ha sido el largo sueño de Occidente, desde los griegos hasta nuestros días. La ciudad del hombre, abierta, pluralista, liberal, democrática (en el correcto sentido del término), dinámica, perfectible. La sociedad de la ley y de la libertad es Occidente, y por ella se pensó y se murió en más de dos milenios. Nuestra Revolución de Mayo de 1810 encarnó estos ideales permanentes.
Sintiéndonos herederos de Moreno, debemos asumir que la libertad humana es la condición de la historia, porque una historia sin libertad no sería, en rigor, historia, sino simple estado de naturaleza. (6) La lucha por la libertad y por el derecho no acaba nunca. Al igual que la República, se construye todos los días, porque también todos los días se la destruye. Los argentinos tenemos el deber cívico de preservar los ideales libertarios que dieron origen a nuestro país, como un esfuerzo de todos los momentos, como una consigna de cada ciudadano, desde la salida del sol hasta el ocaso, como Moreno y los próceres de aquella epopeya de 1810.© LA GACETA
Notas:
1) Dicha institución jurídica hispana fue el órgano que utilizaron los patriotas para llevar a cabo la Revolución, precisamente porque así como el Virrey defendía los derechos del Rey de España en América, el Cabildo defendía los derechos de los habitantes de cada municipio.
2) Había nacido en Buenos Aires en 1778 y se doctoró en Derecho y Teología en la Universidad de Charcas.- Regresó a su ciudad en el año 1805 para instalar su estudio de abogado y ejercer la profesión.
3) Jorge Luis García Venturini, Ante el fin de la historia, Ed. Troquel.
4) Sistema económico y rentístico de la Confederación según la Constitución de 1853.
5) Puede advertirse que nuestra Constitución, con acierto premonitorio, habla de la República, pero no menciona en ninguno de sus artículos a la Democracia, esa palabra de tan poco valor actual luego de la deformación semántica que le han propinado los totalitarismos y populismos de turno.6) Jorge Luís García Venturini: El espíritu de Occidente, Conferencia en el Diario La Prensa de Bs. As., año 1975.







