Ciudadanos para el país que queremos

Por Pedro J. Frías, para LA GACETA - Córdoba. Debemos fortalecer la cultura del trabajo, comprometida con la civilización del ocio, que tempranamente se instaló entre nosotros.

25 Mayo 2008
No estamos acostumbrados a pensarnos en nuestra calidad de ciudadanos. Ser ciudadanos nos une en un pasado y en un destino. Nos asegura respeto, contención, tutela y la propia identidad. Me detengo en estas promesas de la condición de ciudadano.
Por ahora, la seguridad jurídica es el mayor reclamo de ese respeto derivado de la calidad de ciudadano. La seguridad jurídica es clave del crecimiento económico y de todo ejercicio de libertad, porque ese ejercicio tiene reglas que exigen previsión y confiabilidad.
La contención se ha vuelto inesperadamente indispensable, dado que la protesta social ha pasado de los "cacerolazos" a los "piquetes", que no respetan los derechos ajenos de circulación ni otros afectados de diversos grados.
La tutela derivada de la condición de ciudadano se vincula con la asistencia y con la cooperación social para superar situaciones extremas que se han multiplicado entre nosotros. Las han ilustrado la Mesa de Diálogo Argentino y tantas otras voces. La tutela abarca el desempleo, que en la sociedad tecnológica es estructural; la exclusión; la enfermedad... Por fin, la realización de la propia identidad, superando las contradicciones íntimas y la relajación del sentido de los deberes, se vincula al bien común. Y porque es común se comunica a cada habitante para alcanzar su destino temporal y trascendente.

Sociedad civil ya
Hace tiempo que advierto la fragmentación peligrosa de la sociedad argentina, que ha sido descripta por el cardenal Bergoglio en varios pasajes de su sermón patrio: el "internismo faccioso", las estrategias entrecruzadas que se neutralizan, "la disolución nacional". Las visiones distintas son propias de una sociedad pluralista, pero deben articularse dentro de la democracia para crear consensos para políticas de Estado. Las políticas de Estado son las que continúan aunque los gobiernos cambien.
La integración social es, pues, una prioridad. Tiene una dimensión política necesaria para gobernar; una dimensión moral en el reconocimiento de la identidad nacional y local; y una dimensión asistencial, que es también moral, que nos hace corresponsables de los excluidos y de los indigentes.La economía social de mercado que inspira a nuestra Constitución admite que se distraigan fondos normalmente destinados a la producción para satisfacer las necesidades básicas insatisfechas de buena parte de la población. Cumplida esta condición previa, se puede esperar que los favorecidos salgan de su abatimiento cotidiano para emprendimientos que generalmente crecen dentro de la economía informal.
La dimensión moral mira hacia la identidad. Ser ciudadanos nos inviste de derechos y de deberes. Nos ofrece la posibilidad, por la tradición católica de nuestro pueblo, de una ética que hoy vacila.
Creo que todos queremos vivir en un estado de derecho. Pero, como lo señala unánimemente la ciencia política, no está en su apogeo ¿Y entonces? Entonces se exige mucho al derecho. Y el derecho puede solucionar los problemas cotidianos de una sociedad, pero no totalmente los más graves: las mafias, el narcotráfico, la subversión, el terrorismo de Estado. El derecho no es más que el orden del orden social, no todo el orden. Pero hay un modo de hacerlo más eficaz y es encolumnarlo en la sociedad civil. No a cacerolazos, que ya han cumplido su función de protesta, sino encarnado en un movimiento cívico y, a veces, político. Sí, hay lugar para alternativas políticas y estas irán creciendo.

Tareas pendientes
Debemos hacer crecer la democracia a través de la participación para disminuir el número de excluidos del sistema político. Esa participación deber ser gradual y responsable, para no poner en peligro la gobernabilidad. La gobernabilidad depende no tanto del carisma de los líderes sino de la interacción entre órganos gubernamentales y no gubernamentales para una acción mixta, pública y privada.
La participación exige que la sociedad civil crezca en institucionalización y en recursos. Tenemos un rico voluntariado, pero debe construir sus espacios de cooperación con el sector público y con el económico.El Estado debe recuperar su capacidad de gobierno en pocas funciones esenciales. No puede ser un Estado débil, porque, en el mundo global, se requiere aceptar el aumento de las interrelaciones, pero evitar las dominaciones explícitas u ocultas.
El poder financiero debe estar al servicio de la economía y no al revés, como suele ocurrir. Pero debemos fortalecer la cultura del trabajo, comprometida con la civilización del ocio, tempranamente instalada entre nosotros. Los recursos naturales deben tener valor agregado.
La educación, la salud y el trabajo deben ser políticas de Estado, nacidas de la concertación entre todos los grupos de interés y de opinión, y los partidos políticos. Concertarse por el país y su pueblo asegura el bien común y la gobernabilidad misma, que de otro modo está en riesgo. La sociedad no es inocente, pero la dirigencia política lo es menos. Conductas ejemplarizadoras deben permitir un nuevo pacto de confianza, ahora.

Una Argentina unida
Cada argentino es hoy responsable de su país. Del destino que este va marcando en la historia. Cada argentino tiene sobre sí la "culpa" de la situación general actual. Unos, por hacer esto y aquello. Otros, por no hacerlo. Todos, por no deponer sus propias convicciones frente a la patria misma.
Están en juego la grandeza y el futuro de nuestra Argentina. Más que esto: están en juego el destino y la forma de vida de nuestros hijos en el país que queremos.
Nuestra generación, confundida acaso por el desarrollo explosivo de los nuevos tiempos, debe, sin embargo, ser capaz de generar las soluciones que nuestra propia dignidad requiere. Es hora de actuar. Hoy, aquí, ahora, en la medida de la posibilidad de cada uno. Con el realismo que adquiere la suma de los pequeños esfuerzos. En el reconocimiento de que no existen pequeños esfuerzos, que son todos grandes si van unidos.
Es hora de actuar. Mañana será inútil. La búsqueda no puede hacerse en la soledad de los sectarismos. Nuestra voluntad de ser debe expresarse a través de un anhelo común de mejorar el hombre y las estructuras actuales. Y debe fundarse también en el reconocimiento sincero de que sin fraternidad nada será posible.© LA GACETA

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