Los manojos trabajan con los excesos

En "Fiesta 5", la nueva obra del grupo, los actores realizan arriesgadas acciones y tensan a los espectadores.

Por Redacción Espectáculos 23 Diciembre 2002
Si hay una palabra que puede definir la nueva obra del grupo "Manojo de Calles" es exceso; el trabajo en los límites y en los bordes; en espacios en los que no hay seguridad, donde todo es inestable y peligroso. "Fiesta 5" le propone al espectador que pulse sus sentidos. Por eso, durante los distintos cuadros, se podrá comer frutas o beber sidra; mirar impactantes imágenes; oler carne podrida; oír música de Wagner y de Pérez Prado, y hasta contactarse con los mismos actores.
Desde el inicio, todo está planteado para provocar tensión e incomodidad al receptor, lo que derivará luego en repulsivo cuando, en un cuadro digno de Bacon (mientras suena Wagner), el escenario se convierte en una carnicería: desde la superficie, seres monstruosos pugnan por la carne podrida. Los actores se desplazan en arriesgadas acciones en las que el público teme que se caigan (lo que ocurrió); pasan del amor al odio; de la paz a la violencia.
Es claro que "Manojo de Calles" busca saturar con imágenes y acciones; tensionar y distender, impresionar, provocar. En esa tarea, deberá observarse el despliegue de los actores, para pasar a distintas situaciones. La estética salta del más dramático expresionismo al humor grotesco, y este se asocia a lo tragicómico. "Fiesta 5" es una obra de investigación; pueden leerse en el intertexto múltiples citas y referencias. Hay teoría, hay imagen y mucha acción, en la que se destacan Verónica Pérez Luna, Sandra Pérez Luna, Jorge Pedraza, Tita Montolfo y César Romero.

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