Buen jugo de memoria afectiva exprimida

Por Horacio Semeraro. El autor mezcla adecudamente historia familiar con narrativa ágil e imaginación prodigiosa.

HOMBRE DEL RUBRO. Forn trabajó en el mercado editorial y fue editor del suplemento cultural Radar. HOMBRE DEL RUBRO. Forn trabajó en el mercado editorial y fue editor del suplemento cultural Radar.
04 Mayo 2008
Escritor de novelas y cuentos, Juan Forn trabajó como editor durante un lapso de 15 años, primero en Emecé y luego en Planeta. Dicha condición, sumada a la de director por cinco años de Radar, el suplemento cultural del diario Página/12, probablemente contribuyó a desarrollar la sensibilidad y el vigor narrativo manifestado en su novela María Domecq. En ella, el protagonista desanda el camino de su historia familiar, pleno de mitos y leyendas, y los entreteje -desde una desvelada imaginación que su narrativa hace parecer creíble y autobiográfica- con una historia de amor cercana al incesto.
En este contexto, aunque se alude en ella, en sus más lejanos orígenes, a acciones de la Guerra del Paraguay (guerra de la Triple Alianza), a la "Semana trágica" de 1919 y a los precursores de la ópera Madame Butterfly, la historia de su bisabuelo materno -el almirante Manuel Domecq García- es la que concita preferentemente la atención, con sus historias reales de marino acreditado por el gobierno argentino en Japón. Como en una bitácora se manifiestan, para quien no los conoce, las pautas, los códigos y los comportamientos de los hombres de mar. De esa rama de su familia surgirán María Domecq -a quien conocerá ocasionalmente- y Noboru Yokoi, un ascendiente japonés. Ellos son parte de los secretos familiares mejor guardados. De allí en más, los acontecimientos relatados por el protagonista, siguiendo una linealidad histórico-familiar, conducen al rescate de valores morales y afectivos.
El protagonista y María Domecq deberán sortear antes penosos problemas de salud que templan sus ánimos.
Quizás la única objeción que cabe realizar -sin que ello afecte en nada los méritos de la novela- radica en la exagerada y prolongada descripción de dichas enfermedades, tendiente a crear una atmósfera malsana. Si fue un recurso del autor -opción perfectamente válida-, logró ampliamente su cometido. Pero lo sustancial de la novela radica en la sensibilidad y en la fuerza de los personajes y de las situaciones. El protagonista cuestiona y se cuestiona. Sufre y se redime en el intento.
Con María Domecq, Juan Forn parece haber "exprimido" al máximo su memoria afectiva y narrativa en una novela que cumple con dos de las características del género, entretener y hacer reflexionar, sumadas a un aporte creativo e imaginativo ampliamente probado. © LA GACETA

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