Una hoguera con tendencias y desafíos del periodismo cultural

LA DIRECCION. La Feria del Libro fue escenario de debates sobre la realidad de los suplementos literarios. Hay periodistas que proponen que las publicaciones culturales capten la mayor cantidad de lectores posibles. Algunos editores sostienen que las productos literarios no tienen que acomplejarse de su especificidad.

UN CAMBIO PALMARIO. En el enfoque que se hizo desde la Feria, se aceptó que los productos periodísticos tradicionales experimentaron grandes transformaciones. UN CAMBIO PALMARIO. En el enfoque que se hizo desde la Feria, se aceptó que los productos periodísticos tradicionales experimentaron grandes transformaciones.
04 Mayo 2008
Todos los años, desde la dirección de LA GACETA Literaria o a través de nuestros colaboradores, hacemos un balance de la Feria del Libro de Buenos Aires. Este año nuestro diario decidió enviar a la capital a un grupo de intelectuales tucumanos para que brinden a los lectores su visión sobre el acontecimiento cultural más trascendente del país. Desde este suplemento queremos, en esta oportunidad, ensayar dos miradas alternativas sobre el encuentro anual del millón de visitantes con el millón de libros. Por un lado, rescatar un abordaje inverso al habitual; no analizar la Feria desde el periodismo cultural sino a este último desde la Feria. Y en un artículo de la página cuatro (Los libros que merecen ser leídos), en lugar de ofrecer el testimonio del visitante, le proponemos al lector que nos acompañe a una de las cocinas de la Feria, aquella en la que se debate sobre los mejores libros de cada año.
La Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina convocó a editores de secciones y suplementos culturales de diarios porteños para que reflexionaran sobre su actividad. La semana pasada, dentro del marco de la Feria del Libro, representantes de distintos medios, coordinados por el escritor Rodolfo Braceli, mostraron coincidencias y diferencias. Todos aceptaron que la gran transformación que se produjo en los últimos años dentro del periodismo cultural fue la conversión de los tradicionales suplementos literarios en suplementos o revistas culturales, dentro de los cuales se incorporaron disciplinas, como la sociología, las artes plásticas, el teatro, el cine o la música popular. Esta apertura no fue solamente disciplinaria; los temas encarados desde las áreas culturales de los medios se amplió exponencialmente. Desde cuestiones políticas a fenómenos televisivos fueron examinados con el enfoque profundo, no coyuntural, que caracteriza a esta rama del oficio.
Las disidencias aparecieron cuando se intentó establecer a qué lector se apuntaba. Los periodistas de ADN (La Nación) y Culturas (Crítica) suscribieron la idea de que las secciones culturales deben intentar captar la mayor parte de los lectores del diario. Los editores de Radar (Página/12) y Cultura (Perfil) se pararon en la vereda opuesta y sostuvieron que los editores de los suplementos culturales no deben acomplejarse de su especificidad, como no lo hacen quienes dirigen los suplementos deportivos o jurídicos al usar permanentemente guiños para lectores específicos. Remarcaron que el didactismo, la simplificación excesiva y los golpes de efecto no constituyen herramientas adecuadas para atraer al lector al que no le interesa lo cultural, pero, en cambio, sirven para ahuyentar al lector fiel.

Nuestra opinión
Los 65.000 ejemplares semanales de Ñ, revista cultural del diario Clarín que se vende independientemente de un diario que tiene una tirada promedio de 380.000 ejemplares, demuestran que la apertura estilística y temática sí pueden captar lectores. Pero el desacartonamiento, el abandono del elitismo habitual en el periodismo cultural tradicional no debe derivar en una banalización o terminar desnaturalizando el género. No hay que pensar en un lector promedio sino en lectores diversos. Lectores ocasionales, lectores cultos no especializados y lectores especializados. Para poder contenerlos deben combinarse las temáticas clásicas del género con un universo amplio de cuestiones, el repaso de las obras valiosas del pasado con las novedades, el análisis profundo con un lenguaje claro y una presentación atractiva. El desafío pasa por hacer grandes preguntas sin caer en el lugar común.
El lector necesita que la prensa le explique cuáles son las claves para entender un mundo cada vez más complejo y acelerado. La manera de hacerlo es generar un contrapunto, un cambio de ritmo para posibilitar una interpretación esclarecedora de la realidad. Y no hay un género más adecuado que el periodismo cultural para lograrlo.© LA GACETA

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios