20 Abril 2008 Seguir en 

En El juguete rabioso, la obra de Roberto Arlt, Silvio Astier, el torturado adolescente, entra a la biblioteca pública a robar libros y se lleva Las montañas de oro, de Leopoldo Lugones. El valor del libro, metaforizado en el título, va mucho más allá de la mercancía y se relaciona con el deseo del protagonista de apropiarse de la "alta cultura", aunque para ello deba delinquir. Astier, como el autor, ha estado condenado a devorar ajados folletines. La escritura dramatizará el encuentro entre estos dos mundos.
Esta escena es un relato maestro dentro de la literatura argentina contemporánea y puede leerse en contrapunto con Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, de Jorge Luis Borges, donde una Enciclopedia, hallada en la biblioteca familiar, posibilita el encuentro con un universo fantástico por descifrar. Estas dos escenas definen dos gestos ante la cultura y dos modos de asignación de valor a los libros desde lugares diferentes.
La tecnología de la palabra que es el alfabeto se ha transformado en palabra impresa recién en el siglo XV. No por ello dejaron de perdurar las obras de Homero o las épicas medievales. A comienzos del siglo XXI, el libro enfrenta otros desafíos. Los medios masivos y electrónicos arman discursos de un gran atractivo y fácil aprehensión en los que la imagen compite con la palabra. Al mismo tiempo, los números indican que ha crecido el número de libros y de escritores.
Las grandes cuestiones que atraviesan hoy la literatura tienen que ver con la globalización y con el mercado en una sociedad del espectáculo. Las editoriales se han convertido en empresas multinacionales que promueven los libros como productos. La profesionalización del escritor supone la presión continua, y a veces estéril de una enorme maquinaria donde el best seller es el niño mimado.
En estas latitudes se agrega el deterioro de las bibliotecas, convertidas en oscuras y abandonadas antigüedades, lo que va de la mano del auge de las grandes librerías. Este pasaje tiene consecuencias, ya que determina el predominio de las novedades. Sólo arriesgados y vocacionales libreros tienen un acervo importante de poesía. La emigración de archivos completos es una de las formas más peligrosas de despojo. En ese sentido, resulta urgente la reconstrucción de las bibliotecas, su sistematización.
Aunque algunos sigamos prefiriendo las amigables páginas de papel, la biblioteca que Astier envidiaba puede hoy contener blogs, videos, DVD, y, por supuesto, periódicos. La literatura está irremediablemente atravesada por la cultura masiva y popular. Su valor está en la resistencia a la reducción; en la apuesta a la libertad y a la imaginación del lenguaje.
Quiero terminar estas incompletas reflexiones con unos sugerentes versos de Juan Gelman: "estás ahí / poesía/ ¿te hallarás / hundida en este mundo?/¿bella vos que bellás /hundida en este mundo?"© LA GACETA
Esta escena es un relato maestro dentro de la literatura argentina contemporánea y puede leerse en contrapunto con Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, de Jorge Luis Borges, donde una Enciclopedia, hallada en la biblioteca familiar, posibilita el encuentro con un universo fantástico por descifrar. Estas dos escenas definen dos gestos ante la cultura y dos modos de asignación de valor a los libros desde lugares diferentes.
La tecnología de la palabra que es el alfabeto se ha transformado en palabra impresa recién en el siglo XV. No por ello dejaron de perdurar las obras de Homero o las épicas medievales. A comienzos del siglo XXI, el libro enfrenta otros desafíos. Los medios masivos y electrónicos arman discursos de un gran atractivo y fácil aprehensión en los que la imagen compite con la palabra. Al mismo tiempo, los números indican que ha crecido el número de libros y de escritores.
Las grandes cuestiones que atraviesan hoy la literatura tienen que ver con la globalización y con el mercado en una sociedad del espectáculo. Las editoriales se han convertido en empresas multinacionales que promueven los libros como productos. La profesionalización del escritor supone la presión continua, y a veces estéril de una enorme maquinaria donde el best seller es el niño mimado.
En estas latitudes se agrega el deterioro de las bibliotecas, convertidas en oscuras y abandonadas antigüedades, lo que va de la mano del auge de las grandes librerías. Este pasaje tiene consecuencias, ya que determina el predominio de las novedades. Sólo arriesgados y vocacionales libreros tienen un acervo importante de poesía. La emigración de archivos completos es una de las formas más peligrosas de despojo. En ese sentido, resulta urgente la reconstrucción de las bibliotecas, su sistematización.
Aunque algunos sigamos prefiriendo las amigables páginas de papel, la biblioteca que Astier envidiaba puede hoy contener blogs, videos, DVD, y, por supuesto, periódicos. La literatura está irremediablemente atravesada por la cultura masiva y popular. Su valor está en la resistencia a la reducción; en la apuesta a la libertad y a la imaginación del lenguaje.
Quiero terminar estas incompletas reflexiones con unos sugerentes versos de Juan Gelman: "estás ahí / poesía/ ¿te hallarás / hundida en este mundo?/¿bella vos que bellás /hundida en este mundo?"© LA GACETA







