En "Humor a la cacerola", una mujer le demanda a su esposo porque hace cinco días que no duerme en casa. "Es que no me viene el sueño", le responde.
Adolfo Nicolaus lleva 33 años contando chistes, es el humorista más premiado, y confiesa que ahora la gente no tiene tiempo para escuchar un cuento largo, por lo que cada 30 segundos hay que poner algún gag en el medio. "Los políticos que asisten a mis shows se la tienen que bancar, además ellos hacen más chistes que nosotros, y nos ganan con competencia desleal".
Contando un chiste tras otro, Nicolaus es una verdadera máquina de hacer reir. Ya serio, le contó a LA GACETA que a diferencia del año pasado, en éste hay mucha demanda. "Hay una necesidad imperiosa de la gente de distenderse, y estoy trabajando en la provincia, y desde Salta hasta Puerto Madryn donde me contratan los empresarios, y actúo en los festivales".
Por la boca del humorista cobran vida los personajes más clásicos y graciosos: el borracho, y el hombre (que siempre es víctima de su esposa). "En mi rutina he tenido que bajar el porcentaje con los políticos, porque cuando los nombro es como que la gente se achata nuevamente".
"El humorista siempre se mueve en una cornisa. Si te pasás, entrás en la grosería, que es lo que sucede en los medios nacionales. Mucha gente quiere salir de la desocupación contando chistes, es lo que se ve en los castings, pero se cae mucho en la grosería, que rechazo", afirmó.
"¿Hay un humor tucumano, y si lo hay, en qué se caracteriza?", se le preguntó. "Sí, por supuesto, el tucumano es el rey del apodo, ahí se ve el genio creativo, pero además habla en bilingüe, porque tenemos un dialecto muy particular. Decimos uncaca o bicoque, por ejemplo. Los cordobeses, por el contrario, dependen mucho de la tonada y son muy localistas. Nicolaus se presenta todos los viernes y sábados en la peña El Fondo, donde anima sus impagables shows.
Adolfo Nicolaus lleva 33 años contando chistes, es el humorista más premiado, y confiesa que ahora la gente no tiene tiempo para escuchar un cuento largo, por lo que cada 30 segundos hay que poner algún gag en el medio. "Los políticos que asisten a mis shows se la tienen que bancar, además ellos hacen más chistes que nosotros, y nos ganan con competencia desleal".
Contando un chiste tras otro, Nicolaus es una verdadera máquina de hacer reir. Ya serio, le contó a LA GACETA que a diferencia del año pasado, en éste hay mucha demanda. "Hay una necesidad imperiosa de la gente de distenderse, y estoy trabajando en la provincia, y desde Salta hasta Puerto Madryn donde me contratan los empresarios, y actúo en los festivales".
Por la boca del humorista cobran vida los personajes más clásicos y graciosos: el borracho, y el hombre (que siempre es víctima de su esposa). "En mi rutina he tenido que bajar el porcentaje con los políticos, porque cuando los nombro es como que la gente se achata nuevamente".
"El humorista siempre se mueve en una cornisa. Si te pasás, entrás en la grosería, que es lo que sucede en los medios nacionales. Mucha gente quiere salir de la desocupación contando chistes, es lo que se ve en los castings, pero se cae mucho en la grosería, que rechazo", afirmó.
"¿Hay un humor tucumano, y si lo hay, en qué se caracteriza?", se le preguntó. "Sí, por supuesto, el tucumano es el rey del apodo, ahí se ve el genio creativo, pero además habla en bilingüe, porque tenemos un dialecto muy particular. Decimos uncaca o bicoque, por ejemplo. Los cordobeses, por el contrario, dependen mucho de la tonada y son muy localistas. Nicolaus se presenta todos los viernes y sábados en la peña El Fondo, donde anima sus impagables shows.







