"Hubo mucha calentura porque nos estábamos rindiendo"

El 14 de junio de 1982, fecha de la rendición de las fuerzas argentinas en la Guerra de las Malvinas, es una fecha cuya evocación está llena de sentimientos encontrados para los veteranos de La Plata.

06 Abril 2008
MALVINAS, (por Alvaro Aurane, Enviado Especial).- "Me acuerdo que nosotros llegamos a las 6.00 muchachos. Era esa hora. Pero hubo otros grupos que llegaron a las 14.00. Pobres: se habían perdido y se habían ido a cualquier parte", dice Walter Stefanon, a quien LA GACETA le pregunta por sus recuerdos de aquel día. "Y bueno, nos rindó (Mario Benajamín) Menéndez. Hubo mucha calentura en ese momento, porque nos estábamos rindiendo. Pero cuando lo veo en la distancia, 26 años después, me doy cuenta de que si no lo hacía, nos mataban a todos. Nos limpiaban los ingleses", asegura, reflexivo. Entonces se suma Héctor Rey, que se molesta mucho cuando recuerda ese lunes. "Jeremy Moore (el general de las tropas británicas) dijo que nos rindiéramos porque no queria seguir matando más argentinos. Tenía un fusil en la mano y una Biblia en la otra -ironiza-. Pero llego todo embarrado. No estaba limpio y bien comido como los oficiales nuestros. Y, encima, ahora Menéndez cobra ahora una pensión gracias al decreto 886 (otorga pensiones honoríficas a los veteranos de Malvinas). Lo firmó (Néstor) Kirchner, y le estamos muy agradecidos, porque aumentó los montos e hizo extensible el beneficio a esposas, hijos y nietos. Pero se equivocó cuando benefició también a los oficiales. Ellos, supuestamente eran profesionales, pero sólo para matar a argentinos inocentes en el continente. Acá, huyeron como ratas", se encoleriza. "Como verá, Héctor no siguió la carrera militar", suelta Walter Acevedo, y le arranca carcajadas a sus compañeros. "El martes a la tarde nos subieron al (buque británico) Camberra y llegamos a la Argentina el jueves. Nos tuvieron viernes, sábado y domingo en Campo de Mayo", consigna. Lo complementa Rey. "Estuvimos en la Escuela de Apoyo General Lemos, donde quisieron hacernos un lavado de cerebro. Nos dieron ropita nueva y una purga de sal para que nos sacáramos la mala comida que nos había dado el enemigo. La que fue la única comida decente que probamos en toda la guerra", se enfada. Entonces, Acevedo y Stefenon empiezan a impostar voces y a proferir imperativos. "Prohibido hablar del tema, soldado", dice uno, riéndose. "Esto queda entre nosotros", replica el otro. Rey se divierte. Y todavía sonriendo, hace una reflexión final. "Los mal nacidos nos trataron mal hasta el último día".

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