Maximiliano Guerra en Tafí del Valle: emoción argentina
La cita fue en el Complejo Democracia. A pesar del intenso frío, miles de personas quisieron tener un lugar entre las sillas acomodadas frente al escenario para ver al prestigioso bailarín, que el sábado a la noche presentó su show "Más Argentino", más argentino que nunca.
25 Febrero 2008 Seguir en 
Arriba, el firmamento nublado y tranquilo. Abajo, un paisaje imponente, un frío como de invierno y una multitud silenciosa y expectante acomodada en torno del gran escenario, donde luces de colores y humo fueron el preludio de lo que sería el broche de oro de la temporada turística 2008 en Tafí del Valle. A las 22, ni un minuto más, ni un minuto menos, ocho bailarines dieron comienzo a "Más argentino", el show que encabeza el emblemático Maximiliano Guerra y que ha recorrido el país acumulando elogios y ovaciones.
Ante 4.000 personas, el Ballet del Mercosur arrancó con "Ritual", una pieza de folclore contemporáneo interpretada por violines y guitarras criollas. En completa coordinación, esos cuerpos perfectos ataviados de rojo, negro y natural (torsos descubiertos ellos; ellas, con falda y top) se movieron al ritmo de zambas, chacareras y malambos. Al primer número le siguió "La última luna". Armonía, belleza, disciplina y precisión. Las coreografías (al compás de ritmos latinos y autóctonos) eran acompañadas por gestos y miradas que complementaban la actuación.
Luego de un estallido de aplausos llegó el turno de Guerra, que interpretó la escena de amor de la noche. La humareda se encargó de acercar el cielo al escenario, donde dos figuras azules (ella y él), representaron "Cuando bailamos", siguiendo un piano desgarrador, y desembocando en un trágico final.
En el último acto, del que Maximiliano fue figura principal, los bailarines atravesaron una tela blanca vestidos como para casarse y danzando ritmos que iban desde el rock hasta el twist, jugando a conquistarse y elevándose en el aire con pasos de ballet. Al grito de "¡bravo!" y "¡otra!", se cerró la primera parte del espectáculo, a la que siguió una proyección con los mejores momentos de la carrera de Guerra.
Intervalo. Y luego, "El Témpano", de Adrián Abonizio interpretado por Silvina Garré y Juan Carlos Baglieto, que el grupo representó con mucha energía antes de dar lugar a una suite de tango, con música del inmortal -e infaltable- Astor Piazzolla. Preso de dos mujeres que forcejeaban por su amor y muy lejos del básico dos por cuatro, Guerra bailó el ritmo ciudadano más sensual con elegancia felina y un sentimiento que se distinguía de lejos.
El gran final llegó de la mano de la Bersuit, con vestuarios de todos colores. El momento emotivo tuvo el ritmo de "Un Pacto". Maximiliano bailó rodeado por bailarinas que cubrieron su rostro con máscaras centelleantes. Con "La argentinidad al palo", también de Bersuit, salió la compañía en pleno vestida con los colores de la patria, y bailó con pañuelos blancos que, en un momento, ellas se ataron en la cabeza en honor a las Madres de Plaza de Mayo. Al grito de "¡yo, argentino!", se desplegó una enorme bandera celeste y blanca.
Maximiliano Guerra y el Ballet del Mercosur fueron aplaudidos y homenajeados por largo rato y luego hubo un espléndido show de fuegos artificiales. Antes de salir por donde entraron, los artistas saludaron al público y dieron media vuelta para hacer una reverencia a la insignia patria, que esa noche provocó más admiración que de costumbre.
Ante 4.000 personas, el Ballet del Mercosur arrancó con "Ritual", una pieza de folclore contemporáneo interpretada por violines y guitarras criollas. En completa coordinación, esos cuerpos perfectos ataviados de rojo, negro y natural (torsos descubiertos ellos; ellas, con falda y top) se movieron al ritmo de zambas, chacareras y malambos. Al primer número le siguió "La última luna". Armonía, belleza, disciplina y precisión. Las coreografías (al compás de ritmos latinos y autóctonos) eran acompañadas por gestos y miradas que complementaban la actuación.
Luego de un estallido de aplausos llegó el turno de Guerra, que interpretó la escena de amor de la noche. La humareda se encargó de acercar el cielo al escenario, donde dos figuras azules (ella y él), representaron "Cuando bailamos", siguiendo un piano desgarrador, y desembocando en un trágico final.
En el último acto, del que Maximiliano fue figura principal, los bailarines atravesaron una tela blanca vestidos como para casarse y danzando ritmos que iban desde el rock hasta el twist, jugando a conquistarse y elevándose en el aire con pasos de ballet. Al grito de "¡bravo!" y "¡otra!", se cerró la primera parte del espectáculo, a la que siguió una proyección con los mejores momentos de la carrera de Guerra.
Intervalo. Y luego, "El Témpano", de Adrián Abonizio interpretado por Silvina Garré y Juan Carlos Baglieto, que el grupo representó con mucha energía antes de dar lugar a una suite de tango, con música del inmortal -e infaltable- Astor Piazzolla. Preso de dos mujeres que forcejeaban por su amor y muy lejos del básico dos por cuatro, Guerra bailó el ritmo ciudadano más sensual con elegancia felina y un sentimiento que se distinguía de lejos.
El gran final llegó de la mano de la Bersuit, con vestuarios de todos colores. El momento emotivo tuvo el ritmo de "Un Pacto". Maximiliano bailó rodeado por bailarinas que cubrieron su rostro con máscaras centelleantes. Con "La argentinidad al palo", también de Bersuit, salió la compañía en pleno vestida con los colores de la patria, y bailó con pañuelos blancos que, en un momento, ellas se ataron en la cabeza en honor a las Madres de Plaza de Mayo. Al grito de "¡yo, argentino!", se desplegó una enorme bandera celeste y blanca.
Maximiliano Guerra y el Ballet del Mercosur fueron aplaudidos y homenajeados por largo rato y luego hubo un espléndido show de fuegos artificiales. Antes de salir por donde entraron, los artistas saludaron al público y dieron media vuelta para hacer una reverencia a la insignia patria, que esa noche provocó más admiración que de costumbre.







