19 Febrero 2008 Seguir en 
AMSTERDAM.- El cantante de Adolf Hitler está de vuelta, y su reaparición en los escenarios, a los 104 años de vida, generó quejas y enojos.
El sábado pasado, el teatro principal de la ciudad holandesa de Amersfoort se vistió de gala para la reaparición del cantante Johannes Heesters, nacido allí en 1904.
La última vez que Heesters había intentado volver a cantar en Holanda fue en los años 60, cuando quiso representar al capitán anti-nazi Von Trapp en el musical “Sonrisas y lágrimas”, pero fue abucheado por el público y tuvo que abandonar el escenario y también el pueblo.
Muchos holandeses no olvidan que, después de trasladarse desde Amsterdam a Alemania en 1935 y de convertirse en una figura popular en el cabaret alemán, llegó a cantar varias veces para Hitler.
Lo que menos le perdonan es que prosiguiera su carrera meteórica después de la invasión alemana a Holanda, en 1940, mientras en su pueblo los nazis instalaban un campo de tránsito para judíos que eran deportados a los campos de exterminio.
En 1978 salieron a relucir, además, unas fotografías suyas junto a oficiales nazis en el campo de concentración de Dachau durante una visita en 1941, circunstancia que hasta entonces había ocultado.
El recuerdo fresco
Ante esta nueva aparición del cantante se sucedieron las marchas de protesta, con carteles con leyendas como “Mi abuelo también estuvo en Dachau”.
El cantante, para defenderse, afirmó que nunca apoyó las políticas ni fue propagandista nazi, y que fue indultado de hecho por los Aliados.
Heesters también insistió en que nunca actuó para soldados nazis y que desconocía las condiciones reinantes en los campos de concentración. “Estaba avergonzado conmigo mismo y todavía no he dejado de sentirme así”, afirmó en su autobiografía, después de la guerra.
Aún así, la tensión durante su actuación del sábado se notaba: además de los manifestantes en su contra, todas las personas que accedieron al teatro tuvieron que entregar copias de sus pasaportes y pasar controles de seguridad similares a los de los aeropuertos.(Especial)
El sábado pasado, el teatro principal de la ciudad holandesa de Amersfoort se vistió de gala para la reaparición del cantante Johannes Heesters, nacido allí en 1904.
La última vez que Heesters había intentado volver a cantar en Holanda fue en los años 60, cuando quiso representar al capitán anti-nazi Von Trapp en el musical “Sonrisas y lágrimas”, pero fue abucheado por el público y tuvo que abandonar el escenario y también el pueblo.
Muchos holandeses no olvidan que, después de trasladarse desde Amsterdam a Alemania en 1935 y de convertirse en una figura popular en el cabaret alemán, llegó a cantar varias veces para Hitler.
Lo que menos le perdonan es que prosiguiera su carrera meteórica después de la invasión alemana a Holanda, en 1940, mientras en su pueblo los nazis instalaban un campo de tránsito para judíos que eran deportados a los campos de exterminio.
En 1978 salieron a relucir, además, unas fotografías suyas junto a oficiales nazis en el campo de concentración de Dachau durante una visita en 1941, circunstancia que hasta entonces había ocultado.
El recuerdo fresco
Ante esta nueva aparición del cantante se sucedieron las marchas de protesta, con carteles con leyendas como “Mi abuelo también estuvo en Dachau”.
El cantante, para defenderse, afirmó que nunca apoyó las políticas ni fue propagandista nazi, y que fue indultado de hecho por los Aliados.
Heesters también insistió en que nunca actuó para soldados nazis y que desconocía las condiciones reinantes en los campos de concentración. “Estaba avergonzado conmigo mismo y todavía no he dejado de sentirme así”, afirmó en su autobiografía, después de la guerra.
Aún así, la tensión durante su actuación del sábado se notaba: además de los manifestantes en su contra, todas las personas que accedieron al teatro tuvieron que entregar copias de sus pasaportes y pasar controles de seguridad similares a los de los aeropuertos.(Especial)







