Yoko Ono no perdió aúnsus ganas de provocar

La artista, que cumple hoy 75 años, sigue viviendo en el famoso edificio, en cuyas puertas fue asesinado su esposo John Lennon. Las acusaciones. "Las mujeres son seres mágicos", asegura.

“SI, SOY UNA BRUJA”. Con estas irónicas palabras tituló el año pasado un disco que contiene nuevas versiones de sus viejas canciones.  REUTERS
“SI, SOY UNA BRUJA”. Con estas irónicas palabras tituló el año pasado un disco que contiene nuevas versiones de sus viejas canciones. REUTERS
18 Febrero 2008
Nue­va York.- La mu­jer no lo tie­ne fá­cil. Has­ta el día de hoy, los se­gui­do­res más fie­les de los Bea­tles acu­san a la ar­tis­ta de van­guar­dia Yo­ko Ono de ser la res­pon­sa­ble de la se­pa­ra­ción de lo que mu­chos con­si­de­ran una de las me­jo­res ban­das de la his­to­ria, de­bi­do a su ma­tri­mo­nio con John Len­non.
Fue til­da­da de “la bru­ja ma­la” en la his­to­ria de los Bea­tles y con­si­de­ra­da una mu­jer que só­lo es­ta­ba in­te­re­sa­da en el di­ne­ro de su le­gen­da­rio es­po­so. A Yo­ko Ono no le preo­cu­pan mu­cho es­tas acu­sa­cio­nes, al con­tra­rio.
El año pa­sa­do pu­bli­có un ál­bum con nue­vas ver­sio­nes de sus vie­jas can­cio­nes. El tí­tu­lo es bas­tan­te iró­ni­co: “Sí, soy una bru­ja”. “Pa­ra mí, to­das las mu­je­res son bru­jas. Las bru­jas son se­res má­gi­cos, no de­be­ría­mos aver­gon­zar­nos de ello”, se­ña­ló Yo­ko Ono, que hoy cum­ple 75 años.
Pe­que­ña, in­quie­ta y aún lle­na de ener­gía, la es­ta­dou­ni­den­se des­cen­dien­te de una ri­ca fa­mi­lia de ban­que­ros ja­po­ne­ses aún no ha per­di­do una piz­ca de sus ga­nas de pro­vo­car. Sin des­can­so, tra­ba­ja co­mo ar­tis­ta, au­to­ra, ci­neas­ta, can­tan­te, com­po­si­to­ra, fe­mi­nis­ta y pa­ci­fis­ta. John Len­non es y se­gui­rá sien­do el prin­ci­pal pun­to de re­fe­ren­cia en su vi­da. Ono aún vi­ve en la ca­sa fren­te al Cen­tral Park en Nue­va York, fren­te a la cual su es­po­so, en­ton­ces de 40 años, fue ase­si­na­do el 8 de di­ciem­bre de 1980. Ella es­tu­vo pre­sen­te cuan­do el ata­can­te Mark Da­vid Chap­man, un an­ti­guo fan, apun­tó su ar­ma con­tra él y le dis­pa­ró cin­co ve­ces. Una fo­to de sus len­tes he­chos añi­cos y man­cha­dos de san­gre apa­re­ció en 1981 en la ta­pa de su dis­co “Sea­son of Glass”. El gi­gan­tes­co y te­ne­bro­so edi­fi­cio (“Da­ko­ta”), que se hi­zo fa­mo­so a ni­vel mun­dial con la pe­lí­cu­la de Ro­man Po­lans­ki “El be­bé de Ro­se­mary”, es des­de en­ton­ces su re­fu­gio. “Es el úni­co lu­gar que me que­dó, el lu­gar que com­par­tía­mos John y yo”, afir­mó al­gu­na vez.
La pa­re­ja se co­no­ció en 1966 du­ran­te la inau­gu­ra­ción de una ex­po­si­ción en Lon­dres e ini­ció una pro­duc­ti­va re­la­ción ar­tís­ti­ca. El 20 de mar­zo de 1969 se ca­sa­ron en Gi­bral­tar. Du­ran­te la lu­na de miel pa­sa­ron una se­ma­na en la ca­ma de su ho­tel re­ci­bien­do a la pren­sa en una ac­ción de pro­tes­ta no vio­len­ta por la paz que lla­ma­ron “Bed-in for pea­ce”. Aún era la épo­ca del mo­vi­mien­to pa­ci­fis­ta. Jun­tos in­ten­ta­ron con la Plas­tic Ono Band una mez­cla de mú­si­ca rock e ex­pe­ri­men­tal, y la can­ción “Gi­ve Pea­ce a Chan­ce”(1969) se con­vir­tió en un him­no pa­ci­fis­ta. Po­co des­pués, los Bea­tles se se­pa­ra­ron de­fi­ni­ti­va­men­te. Len­non des­cri­bió el amor por su mu­jer sie­te años ma­yor en “Ba­la­da de John y Yo­ko”. Sin em­bar­go, la re­la­ción tu­vo sus cri­sis. Tras una se­pa­ra­ción de dos años, fue re­cién el na­ci­mien­to del hi­jo con­jun­to Sean en 1975 lo que for­jó un nue­vo sen­ti­mien­to fa­mi­liar: Len­non se con­vir­tió en amo de ca­sa, ella or­ga­ni­za­ba y di­ri­gía su im­pe­rio­... has­ta hoy, y con gran éxi­to. Yo­ko Ono es mi­llo­na­ria. Es la “ar­tis­ta des­co­no­ci­da más fa­mo­sa del mun­do”, di­jo una vez John Len­non. “To­dos co­no­cen su nom­bre, pe­ro na­die sa­be lo que ha­ce”.

De vanguardia
Sin em­bar­go, mu­cho an­tes de su re­la­ción con el mú­si­co bri­tá­ni­co, Ono era una re­co­no­cia ar­tis­ta de van­guar­dia en Nue­va York. En 1962, mon­tó “Wall Pie­ce for Or­ches­tra”, don­de se gol­pea­ba la ca­be­za con­tra el es­ce­na­rio jun­to a so­ni­dos mu­si­ca­les. En la pe­lí­cu­la “Bot­toms” mos­tró en 1966 co­mo “pe­ti­ción con­tra la gue­rra de Viet­nam” 365 tra­se­ros des­nu­dos du­ran­te 80 mi­nu­tos. La enér­gi­ca ac­ti­vis­ta no pien­sa en re­nun­ciar. “Si uno no pien­sa en la edad que tie­ne, no en­ve­je­ce”. (DPA)

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