Tira y afloje

La manipulación de las estadísticas no fue nada inocente: con el 8,5% de inflación, el Gobierno inclinó la balanza hacia una de las partes de la discusión salarial 2008. Por Marcelo Batiz - Agencia DYN.

17 Febrero 2008
BUE­NOS AI­RES.- La eco­no­mía no es neu­tral y eso lo pue­de per­ci­bir cual­quier mor­tal que se en­fren­te a una si­tua­ción en la que ha­ya una mo­ne­da de por me­dio. Las di­fe­ren­cias en­tre paí­ses, blo­ques re­gio­na­les, cla­ses so­cia­les y gru­pos den­tro de una mis­mo país, cla­se o blo­que pue­den ate­nuar­se o pos­ter­gar­se por un sin­nú­me­ro de ra­zo­nes, pe­ro eso no sig­ni­fi­ca que ha­yan de­sa­pa­re­ci­do.
Uno de los es­ce­na­rios en los que se per­ci­be con ma­yor cla­ri­dad esos an­ta­go­nis­mos es el de las dis­cu­sio­nes sa­la­ria­les. En el ca­so ar­gen­ti­no se pue­de com­pro­bar en los úl­ti­mos años con las pos­tu­ras ex­pre­sa­das al res­pec­to por em­pre­sa­rios, por tra­ba­ja­do­res y por fun­cio­na­rios es­ta­ta­les, pe­ro en 2008 ten­drán una se­rie de adi­ta­men­tos es­pe­cia­les.
El tra­di­cio­nal “ti­ra y aflo­je” en­tre las par­tes es­tá mar­ca­do en es­ta opor­tu­ni­dad por dos fe­nó­me­nos que no es­tu­vie­ron pre­sen­tes en las dis­cu­sio­nes de los años in­me­dia­ta­men­te an­te­rio­res. Uno ha­bía cons­ti­tui­do un clá­si­co en la his­to­ria eco­nó­mi­ca del país y con su re­tor­no a la me­sa de de­ba­te mues­tra las li­mi­ta­cio­nes del mo­de­lo: la in­su­fi­cien­cia de la in­ver­sión mos­tra­ría en mu­chos sec­to­res una enor­me di­fi­cul­tad pa­ra que los au­men­tos sa­la­ria­les no se tras­la­den a pre­cios. “Si los au­men­tos son des­me­di­dos, la eco­no­mía por al­gún la­do va a ajus­tar: o por pre­cios o por can­ti­da­des”, se­ña­ló al res­pec­to la Aso­cia­ción de Di­ri­gen­tes de Em­pre­sa.
El otro ya se vis­lum­bró a fi­nes del año pa­sa­do, con el otor­ga­mien­to de su­mas no re­mu­ne­ra­ti­vas por fue­ra de los acuer­dos fir­ma­dos me­ses atrás. Es el re­co­no­ci­mien­to -tá­ci­to o ex­plí­ci­to- de una in­fla­ción ofi­cial­men­te no ad­mi­ti­da. Las es­ta­dís­ti­cas for­man par­te de un sis­te­ma y es im­po­si­ble al­te­rar una par­te sin afec­tar al con­jun­to.
Así se lo hi­cie­ron sa­ber los di­ri­gen­tes de la CTA a la pre­si­den­ta Cris­ti­na Fer­nán­dez en su úl­ti­ma reu­nión, de la que sa­lie­ron con­ven­ci­dos (se­gún las ex­pre­sio­nes del di­pu­ta­do Clau­dio Lo­za­no) de que la fal­ta de per­so­ne­ría de la en­ti­dad se de­bía a que pien­san dis­tin­to.
Y có­mo. El do­cu­men­to pre­sen­ta­do en la Ca­sa Ro­sa­da no de­ja lu­gar a du­das so­bre qué pien­sa la cen­tral di­si­den­te res­pec­to de las es­ta­dís­ti­cas, los sa­la­rios, la con­cen­tra­ción eco­nó­mi­ca y la dis­tri­bu­ción del in­gre­so. “En un con­tex­to de des­truc­ción de las es­ta­dís­ti­cas pú­bli­cas, el úni­co in­di­ca­dor que ha que­da­do en pie es la evo­lu­ción de la re­cau­da­ción”, de­nun­ció la CTA, le­jos de los re­la­tos ofi­cia­lis­tas. “En es­te sen­ti­do -con­ti­nuó- na­die pue­de ex­pli­car que el IVA ha­ya cre­ci­do un 33% en el año con una eco­no­mía que cre­ció un 9%, sin acep­tar que la evo­lu­ción de los pre­cios su­pe­ró el 20%”.
Si se to­ma co­mo vá­li­da esa in­fla­ción -y no la ofi­cial del 8,5%- to­do el an­da­mia­je ofi­cial de ci­fras ha­la­güe­ñas se de­rrum­ba co­mo un cas­ti­llo de nai­pes.
Que en las fi­las ofi­cia­les la pro­fun­di­za­ción de la de­si­gual­dad no es un mo­ti­vo de preo­cu­pa­ción que­dó de ma­ni­fies­to con la in­ter­ven­ción del mi­nis­tro de Tra­ba­jo, Car­los To­ma­da, quien abo­gó por au­men­tos sa­la­ria­les di­fe­ren­cia­dos. “No pue­den ser uni­for­mes ni glo­ba­les por­que hay ac­ti­vi­da­des en las que la in­ci­den­cia del sa­la­rio es del 3% y en otras del 60%”, aco­tó.
En es­te ti­ra y aflo­je, ha­brá que ad­mi­tir una vez más que la ma­ni­pu­la­ción de las es­ta­dís­ti­cas no fue na­da ino­cen­te: con el 8,5% el Go­bier­no, co­mo ár­bi­tro de los con­ten­dien­tes, dis­pu­so un pun­to de su­pues­to equi­li­brio no­to­ria­men­te in­cli­na­do en fa­vor de una de las par­tes.

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