17 Febrero 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La economía no es neutral y eso lo puede percibir cualquier mortal que se enfrente a una situación en la que haya una moneda de por medio. Las diferencias entre países, bloques regionales, clases sociales y grupos dentro de una mismo país, clase o bloque pueden atenuarse o postergarse por un sinnúmero de razones, pero eso no significa que hayan desaparecido.Uno de los escenarios en los que se percibe con mayor claridad esos antagonismos es el de las discusiones salariales. En el caso argentino se puede comprobar en los últimos años con las posturas expresadas al respecto por empresarios, por trabajadores y por funcionarios estatales, pero en 2008 tendrán una serie de aditamentos especiales.
El tradicional “tira y afloje” entre las partes está marcado en esta oportunidad por dos fenómenos que no estuvieron presentes en las discusiones de los años inmediatamente anteriores. Uno había constituido un clásico en la historia económica del país y con su retorno a la mesa de debate muestra las limitaciones del modelo: la insuficiencia de la inversión mostraría en muchos sectores una enorme dificultad para que los aumentos salariales no se trasladen a precios. “Si los aumentos son desmedidos, la economía por algún lado va a ajustar: o por precios o por cantidades”, señaló al respecto la Asociación de Dirigentes de Empresa.
El otro ya se vislumbró a fines del año pasado, con el otorgamiento de sumas no remunerativas por fuera de los acuerdos firmados meses atrás. Es el reconocimiento -tácito o explícito- de una inflación oficialmente no admitida. Las estadísticas forman parte de un sistema y es imposible alterar una parte sin afectar al conjunto.
Así se lo hicieron saber los dirigentes de la CTA a la presidenta Cristina Fernández en su última reunión, de la que salieron convencidos (según las expresiones del diputado Claudio Lozano) de que la falta de personería de la entidad se debía a que piensan distinto.
Y cómo. El documento presentado en la Casa Rosada no deja lugar a dudas sobre qué piensa la central disidente respecto de las estadísticas, los salarios, la concentración económica y la distribución del ingreso. “En un contexto de destrucción de las estadísticas públicas, el único indicador que ha quedado en pie es la evolución de la recaudación”, denunció la CTA, lejos de los relatos oficialistas. “En este sentido -continuó- nadie puede explicar que el IVA haya crecido un 33% en el año con una economía que creció un 9%, sin aceptar que la evolución de los precios superó el 20%”.
Si se toma como válida esa inflación -y no la oficial del 8,5%- todo el andamiaje oficial de cifras halagüeñas se derrumba como un castillo de naipes.
Que en las filas oficiales la profundización de la desigualdad no es un motivo de preocupación quedó de manifiesto con la intervención del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, quien abogó por aumentos salariales diferenciados. “No pueden ser uniformes ni globales porque hay actividades en las que la incidencia del salario es del 3% y en otras del 60%”, acotó.
En este tira y afloje, habrá que admitir una vez más que la manipulación de las estadísticas no fue nada inocente: con el 8,5% el Gobierno, como árbitro de los contendientes, dispuso un punto de supuesto equilibrio notoriamente inclinado en favor de una de las partes.







