A 125 años de su muerte Wagner aún causa polémica

El célebre compositor, que revolucionó la ópera, murió hace 125 años en Venecia. Entre sus principales obras se encuentran "El Anillo de los Nibelungos" y "Parsifal".

ATEMPORAL Y UNIVERSAL. Sus temas tocan la fibra emocional de mucha gente, según explican los expertos. ARCHIVO LA GACETA
ATEMPORAL Y UNIVERSAL. Sus temas tocan la fibra emocional de mucha gente, según explican los expertos. ARCHIVO LA GACETA
13 Febrero 2008
Bay­reuth.- “¡Tris­te, tris­te, tris­te. Wag­ner e mor­to!”, es­cri­bió Giu­sep­pe Ver­di el 14 de fe­bre­ro de 1883 al edi­tor mu­si­cal mi­la­nés Giu­lio Ri­cor­di. La no­ti­cia de la muer­te del ge­nio mu­si­cal ale­mán Ri­chard Wag­ner sa­cu­dió el mun­do de la mú­si­ca. Un día an­tes, en la tar­de del 13 de fe­bre­ro de 1883, uno de los más im­por­tan­tes y con­tro­ver­ti­dos com­po­si­to­res de la his­to­ria de la mú­si­ca, el crea­dor de “Tris­tán e Isol­da” y “El Ani­llo de los Ni­be­lun­gos”, ha­bía muer­to de un in­far­to en el Pa­laz­zo Ven­dra­min en Ve­ne­cia. Te­nía 69 años.
“Ri­chard Wag­ner re­vo­lu­cio­nó la ópe­ra del es­ti­lo tra­di­cio­nal; su téc­ni­ca de com­po­si­ción abrió di­men­sio­nes ex­pre­si­vas de la mú­si­ca”, es­cri­be el bió­gra­fo de Wag­ner Wal­ter Han­sen.
Wag­ner es el úni­co com­po­si­tor en cu­yo ho­nor se es­ta­ble­ció un fes­ti­val de­di­ca­do ex­clu­si­va­men­te a sus obras. Las en­tra­das pa­ra el Fes­ti­val de Bay­reuth son ob­je­to de co­di­cia de los aman­tes de la mú­si­ca del mun­do en­te­ro y sus obras for­man par­te del re­per­to­rio es­ta­ble de las ópe­ras del mun­do. Ca­da nue­va pues­ta en es­ce­na de su te­tra­lo­gía de 16 ho­ras de du­ra­ción “El Ani­llo de los Ni­be­lun­gos”, sea en Ber­lín, en Nue­va York o en Bay­reuth, es un acon­te­ci­mien­to en el ám­bi­to mun­dial. En Chi­na y en el mun­do ára­be se es­tá des­cu­brien­do a Wag­ner. Su obra es atem­po­ral y uni­ver­sal, se­gún ex­pli­ca el ex­per­to Sven Frie­drich, y ese es el se­cre­to del per­ma­nen­te in­te­rés que des­pier­ta la mú­si­ca del ale­mán en el mun­do. “Los te­mas y la mú­si­ca to­can la fi­bra emo­cio­nal de mu­cha gen­te, in­de­pen­dien­te­men­te de la cul­tu­ra, re­li­gión o ra­za a la que per­te­nez­can”, aña­de.
Y sin em­bar­go, es un com­po­si­tor que cau­sa po­lé­mi­ca has­ta hoy. Un ver­da­de­ro es­cán­da­lo se de­sa­tó cuan­do el di­rec­tor ar­gen­ti­no-is­rae­lí Da­niel Ba­ren­boim ofre­ció en un con­cier­to en Is­rael en 2001 un bis con la ober­tu­ra de “Tris­tán”. Wag­ner, el an­ti­se­mi­ta, el com­po­si­tor pre­fe­ri­do de los na­zis, no ha­bía si­do to­ca­do por dé­ca­das en Is­rael.
La vi­da de Wag­ner fue igual de tur­bu­len­ta que la de al­gu­nos de sus hé­roes de ópe­ra. “Su vi­da fue una ca­de­na de al­ti­ba­jos. Lo con­si­de­ra­ban un ge­nio y un char­la­tán, un li­son­je­ro y un pí­ca­ro, un crea­dor de mi­tos y ma­go de la mú­si­ca”, re­la­ta Wal­ter Han­sen.
Wag­ner na­ció el 22 de ma­yo de 1813 en Leip­zig, y su úl­ti­ma obra, “Par­si­fal”, se es­tre­nó en 1882. (DPA)

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