12 Febrero 2008 Seguir en 
La oficina suele ser una verdadera casa al estilo de Gran Hermano, donde conviven personas de distintas generaciones que, si bien comparten el espacio físico, no necesariamente tienen los mismos objetivos, las mismas preocupaciones o los mismos valores.
La diferencia de ideas suele provocar choques generacionales y ello obliga a los encargados del Departamento de Recursos Humanos de cada empresa a aplicar, en el mejor de los casos, políticas de convivencia para la interacción de los trabajadores y, si eso no es posible, a rediseñar las áreas laborales. En muchos casos, la competencia suele ser feroz, advierten los especialistas. Por ejemplo, el joven talento intenta superar la experiencia del más encumbrado empleado, sólo para demostrar que puede quemar etapas más rápidamente que aquel trabajador que pasó más de 20 años en una empresa. "En muchos casos, esas situaciones pueden darse por la convivencia entre la soberbia de los más jóvenes y por la impaciencia de los mayores adultos", sostiene Graciela Chamut, master en Dirección de Empresas.
Según la especialista, las áreas de Recursos Humanos de las organizaciones están obligadas a generar programas que tiendan a interrelacionar a su personal. Pero no todo es atribuible a la empresa. "Mucho tiene que ver la flexibilidad en las posturas de los empleados. Si el joven es más paciente, el adulto tendrá más posibilidades de formarlo y ambas generaciones podrá aprovechar para crecer dentro de la empresa", señala Chamut. Para comprender las expectativas de cada lote de empleados (según sus edades), Chamut describe a LA GACETA una serie de elementos que marcan el perfil generacional del mercado laboral. "El trabajo es como una gran familia; hay quienes aspiran a formarse y desempeñar sus actividades a la vez; también están aquellos que buscan posicionarse dentro de la compañía para cumplir un rol determinado. Y también se común observar en las organizaciones que la rueda laboral se cierra con aquellos trabajadores que terminan siendo referentes de los más jóvenes", relata Chamut.
Los conflictos intergeneracionales puede ser evitados, entiende la especialista. Sólo es conveniente que la energía propia de la juventud interactúe con la experiencia de los trabajos mayores. Todo un desafío para las empresas y para los mismos trabajadores.
La diferencia de ideas suele provocar choques generacionales y ello obliga a los encargados del Departamento de Recursos Humanos de cada empresa a aplicar, en el mejor de los casos, políticas de convivencia para la interacción de los trabajadores y, si eso no es posible, a rediseñar las áreas laborales. En muchos casos, la competencia suele ser feroz, advierten los especialistas. Por ejemplo, el joven talento intenta superar la experiencia del más encumbrado empleado, sólo para demostrar que puede quemar etapas más rápidamente que aquel trabajador que pasó más de 20 años en una empresa. "En muchos casos, esas situaciones pueden darse por la convivencia entre la soberbia de los más jóvenes y por la impaciencia de los mayores adultos", sostiene Graciela Chamut, master en Dirección de Empresas.
Según la especialista, las áreas de Recursos Humanos de las organizaciones están obligadas a generar programas que tiendan a interrelacionar a su personal. Pero no todo es atribuible a la empresa. "Mucho tiene que ver la flexibilidad en las posturas de los empleados. Si el joven es más paciente, el adulto tendrá más posibilidades de formarlo y ambas generaciones podrá aprovechar para crecer dentro de la empresa", señala Chamut. Para comprender las expectativas de cada lote de empleados (según sus edades), Chamut describe a LA GACETA una serie de elementos que marcan el perfil generacional del mercado laboral. "El trabajo es como una gran familia; hay quienes aspiran a formarse y desempeñar sus actividades a la vez; también están aquellos que buscan posicionarse dentro de la compañía para cumplir un rol determinado. Y también se común observar en las organizaciones que la rueda laboral se cierra con aquellos trabajadores que terminan siendo referentes de los más jóvenes", relata Chamut.
Los conflictos intergeneracionales puede ser evitados, entiende la especialista. Sólo es conveniente que la energía propia de la juventud interactúe con la experiencia de los trabajos mayores. Todo un desafío para las empresas y para los mismos trabajadores.
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