Varios modelos para construir un shopping

El Gobierno tiene ejemplos que le permitirán anticipar el destino de los edificios públicos. La importancia de preservar las obras de Prebisch. El futuro de los grupos movilizados. Por Fabio Ladetto - Redacción LA GACETA.

23 Enero 2008
El legado de Alberto Prebisch en la provincia quedará resguardado. Una de las obras emblemáticas de este tucumano reconocido internacionalmente, el ex cine Plaza, sobrevivirá en los tiempos del piquete. Ya el ex Mercado de Abasto (también de Prebisch) sufrió los embates de los martillos, pero la reacción permitió cambiar los planes de que sea sólo una pila de restos y logró que se preserve la mitad del edificio de la Ciudadela.
En diez días se recordará el aniversario 108 del nacimiento de este coprovinciano famoso. Buena oportunidad para saber cómo se analizarán el estado del ex cine; su reutilización con el menor costo económico y con el menor cambio al diseño original y la preservación de su estilo (exterior e interior) dentro de la modernización. Que para ello se realizará una convocatoria a todos los interesados en presentar alternativas. Que los arquitectos de la Provincia, a quienes se les paga el sueldo mes a mes, se abocarán a elegir las mejores opciones. Que no hay apuro, y que todo se puede debatir en Tucumán.
Desde el Gobierno se cita la experiencia de otros sitios para reivindicar la idea de que basta con mantener la fachada para preservar la identidad o la memoria del lugar, como se pretende con la Dirección General de Rentas. Sin embargo, bastante de esa afirmación entra en duda cuando los expertos analizan críticamente algunos ejemplos que se suelen plantear.
Ambrosio Olmos fue un progresista gobernador de Córdoba, que encaró imponentes edificios públicos en la década de 1880. En su homenaje, la escuela más importante del centro de esa ciudad llevó su nombre. Ese mismo lugar antes había sido la Aduana, la Casa de Moneda y un cuartel. Hoy es el conocido shopping Patio Olmos, surgido como única alternativa posible, según el discurso oficial en 1990 del entonces mandatario Eduardo Angeloz, por el lamentable estado de deterioro de las aulas. Se licitó la construcción de los locales comerciales, porque el predio siguió en manos del Gobierno hasta hace dos años, cuando José Manuel de la Sota lo vendió en $ 32,5 millones al Grupo IRSA, que administra Alto Palermo.
Con el comienzo mismo de la década del menemato, empezó la destrucción de Ferrocarriles Argentinos. De sus muchos edificios, el más deseado era el de Florida y Córdoba, en pleno centro porteño, hoy transformado en las Galerías Pacífico. En ese tiempo, se produjo un intenso debate acerca de si el lugar debía ser un paseo de compras o un museo y centro cultural del arte latinoamericano, idea que tuvo como principal embanderado a Fernando “Pino” Solanas. La discusión se zanjó con sangre, cuando el cineasta recibió balazos en las piernas por atacantes nunca identificados ni detenidos.
El dolor también transitó el imponente Punta Carretas Shopping, en Montevideo, hoy totalmente transmutado. Fue una de las cárceles más temidas de Uruguay. Sólo se preserva la fachada del acceso principal y del pabellón central. La historia negra del lugar no es recordada en su página web oficial. No deja de ser irónico el tránsito de haber sido prisión para quienes delinquieron contra la propiedad privada a ser uno de los exponentes de la sociedad de consumo.

Opciones y enseñanzas
Las opciones siempre son múltiples (en algunos casos, infinitas). De seguir el paradigma del primer tiempo cordobés (no el ejemplo de De la Sota), no haría falta que el Estado se desprenda de Rentas para realizar un emprendimiento comercial, sino que puede retener la propiedad del edificio y ceder sólo su uso por mucho tiempo.
Con el ex cine Plaza, su destino cultural no está en debate, aunque sí (y mucho) cuál sería la función por desarrollar. Pensar en un centro de convenciones próximo al lugar elegido para cuanta protesta se produce, genera controversias. Hay que recordar que el año pasado, el microcentro quedó cercado por un cónclave de gobernadores de Tucumán y de Brasil, que tuvo lugar en el Jockey Club, para evitar manifestaciones. Esa experiencia debe dar lugar a enseñanzas.
Pero más allá de la potestad de los gobernantes en sus decisiones, nunca se puede obviar la historia de cada lugar. Que se reduzca su pasado a un frente o, peor aún, a un puñado de restos de construcción, es copiar el estilo de Punta Carretas, sin referencias a lo que era antes. El pueblo tiene su memoria, que es construida en forma anónima pero constante.
El puñado de ciudadanos que camina los viernes por la noche en la plaza Independencia viene haciendo su parte de la tarea. De continuar, el grupo atravesará una inevitable crisis de crecimiento; preverla integra la responsabilidad de la conducción de los procesos. Definir si esta expresión social limita su reclamo a lo patrimonial o avanza en otras áreas, como el mejoramiento de la calidad institucional y los canales de diálogo entre sociedad civil y Gobierno, es un debate por venir. Parece estar lejos del pensamiento de la mayoría de este sector la teoría anarquista de la espontaneidad, en la cual, para que una revolución social tenga bases firmes y representativas, debe nacer de la forma más espontánea posible, sin la guía de ningún partido o dirigente individual (criterio contrario al vanguardismo marxista). Sin embargo, negar ideología o compromiso político implicaría desconocer su propia génesis.

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