Empeñosa compilación de la poesía del país

Por Rodolfo Alonso. Antología.

30 Diciembre 2007
Siempre fue difícil proponerse evaluar una antología poética. Ya en tiempos idos, menos injustos con el género, entre bromas y veras Juan Ramón Jiménez pudo bautizarlas cabalmente (comenzando por la suya) "antojolías". Porque nunca dejará de manifestarse, en el antólogo, lo que Einstein descubrió para la observación científica: el punto de vista jamás será objetivo, porque incluye, ineludiblemente, la perspectiva del propio espectador.
El criterio de cada selección debía encarar entonces por lo menos dos direcciones posibles, si es que no opuestas: la exigencia o la acumulación. En ambas se esperaba que el asunto fuera explícito. Y si la excelencia se presumía en los escasos elegidos (coincidiendo de algún modo con Rilke: "Además no hay 300 poetas"), para los cuales podía encararse un criterio de escuela o de tendencia, cuando no simplemente de corte cronológico, no dejaban tampoco de manifestarse disidencias en el caso opuesto (que es acaso el que viene primando en estos días): la política de manga ancha nunca logra ser total; cada minuto alguien queda afuera. Y quizás el summum de esa utopía sólo pudo rozarse (por reducción al absurdo) en un sitio web latinoamericano, donde, con letra muy pequeña, mi asombro vio infinitos nombres de quienes supuestamente se habían propuesto escribir poesía en un inmenso país hermano. Sólo nombres, entonces, que se anulaban entre sí, sin poema alguno.
El empeñoso volumen que nos ocupa se presenta como la parte decimoquinta de un primer tomo que, con igual título, comenzó a aparecer hacia 1979. Los dos primeros tenían seis poetas cada uno, y a partir del tercero fueron nueve. La cantidad de páginas oscilaba en 800. Hoy son 300, la tipografía es menor y los poetas son 16.
Con sólo enumerarlos excedería el espacio concedido (para nada frecuente). Ya en 1975 quizá lo había previsto Susan Sontag: "El gusto es el contexto, y el contexto ha cambiado."© LA GACETA

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