MEDIO SIGLO. Los narraciones seleccionadas muestran distintos momentos estéticos del mexicano.
30 Diciembre 2007 Seguir en 

Cuentos naturales es un volumen que antologa seis cuentos de Carlos Fuentes. El nombre del libro remite a un segundo volumen de cuentos sobrenaturales. Carlos Fuentes no explica demasiado bien las razones de esta denominación poco feliz: "Aprendí francés con La comedia humana y un diccionario. Leyendo a Balzac me di cuenta de la facilidad con la que de la literatura social o realista se salta a otro registro, porque Balzac es también el autor de La piel de zapa. Es que finalmente no estamos retratando una realidad, la estamos creando. Cuando hablamos de una literatura realista, entre comillas, o fantástica, entre comillas, estamos hablando de una sola realidad, que es la realidad de la invención verbal".
Casi todos los relatos de Cuentos naturales pueden considerarse realistas. Su elaboración revela las huellas de los distintos momentos estéticos del escritor, ya que han sido publicados a lo largo de más de 50 años. Esta selección elige, además de la "naturalidad", la problemática relación entre moralidad y sexualidad. Pone en escena una galería de "costumbres" a partir de narradores diferentes: Vieja moralidad, Un alma pura y La sierva del padre revelan el carácter perverso de las relaciones familiares marcadas por la tragedia y la infelicidad. Las dos Elenas, en cambio, es un relato clásico, que juega con la ambigüedad y sorprende al lector. Su relectura permite apreciar el clima de ideas de una clase mexicana sacudida por los cambios. La tensión entre modernidad y tradición atraviesa el imaginario literario que crea frescos costumbristas de ambientes opresivos, donde la estructura melodramática no convence demasiado.
Siempre detrás de la singularidad histórica está el modelo mítico. Es el caso de la historia de Marina, la joven maquiladora de Malintzin de las maquilas, un relato inicialmente incluido en La frontera de cristal que marca la relación entre el colonialismo español y la actual penetración yanqui. Las protagonistas son las mujeres de Ciudad Juárez que repiten los gestos de la Malinche frente a Hernán Cortés.
En los últimos textos Fuentes enfatiza en la existencia de una identidad mexicana construida como alteridad, acentuando un lenguaje coloquial cargado de mexicanismos y guiado por un propósito didáctico. La relectura de su narrativa muestra cómo, en algunos casos, esta intención ha restado autonomía a su literatura. © LA GACETA
Casi todos los relatos de Cuentos naturales pueden considerarse realistas. Su elaboración revela las huellas de los distintos momentos estéticos del escritor, ya que han sido publicados a lo largo de más de 50 años. Esta selección elige, además de la "naturalidad", la problemática relación entre moralidad y sexualidad. Pone en escena una galería de "costumbres" a partir de narradores diferentes: Vieja moralidad, Un alma pura y La sierva del padre revelan el carácter perverso de las relaciones familiares marcadas por la tragedia y la infelicidad. Las dos Elenas, en cambio, es un relato clásico, que juega con la ambigüedad y sorprende al lector. Su relectura permite apreciar el clima de ideas de una clase mexicana sacudida por los cambios. La tensión entre modernidad y tradición atraviesa el imaginario literario que crea frescos costumbristas de ambientes opresivos, donde la estructura melodramática no convence demasiado.
Siempre detrás de la singularidad histórica está el modelo mítico. Es el caso de la historia de Marina, la joven maquiladora de Malintzin de las maquilas, un relato inicialmente incluido en La frontera de cristal que marca la relación entre el colonialismo español y la actual penetración yanqui. Las protagonistas son las mujeres de Ciudad Juárez que repiten los gestos de la Malinche frente a Hernán Cortés.
En los últimos textos Fuentes enfatiza en la existencia de una identidad mexicana construida como alteridad, acentuando un lenguaje coloquial cargado de mexicanismos y guiado por un propósito didáctico. La relectura de su narrativa muestra cómo, en algunos casos, esta intención ha restado autonomía a su literatura. © LA GACETA







