Las misivas de dos amigas tan talentosas como distintas

Por María Eugenia Valentié. CARTAS.

30 Diciembre 2007
En la historia de la literatura latinoamericana, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo son dos figuras muy notables. También fueron muy amigas, y como ambas -la chilena y la argentina- eran muy viajeras, se carteaban a menudo. Su correspondencia duró más de 30 años. Algunas de esas cartas se han perdido, sobre todo las de Victoria Ocampo, pero aun así, las recuperadas forman un grueso volumen.
Ambas eran muy talentosas, pero al mismo tiempo muy distintas. Victoria, en su juventud, fue una mujer muy hermosa; Gabriela, a juzgar por sus fotografías, parece no haberlo sido. Victoria pertenecía a una familia socialmente muy importante de Buenos Aires. En cambio, la familia de Gabriela era muy pobre y ella comenzó su carrera como maestra rural. Además, era una familia muy corta y, después de la muerte de su hermana y de su sobrino Yin Yin, ella se lamentaba de no tener un solo pariente en este mundo. En cambio, Victoria era la mayor de nueve hermanas.
Otro rasgo que las diferencia es el hecho de que en las cartas de Gabriela no hay figuras masculinas; siempre aparecen amigas que la acompañan y comparten su vida. Una de ellas la abandona robándole gran parte de su dinero. En cambio, en la vida de Victoria las presencias masculinas son muy importantes. Su romance con Mallea aparece en las cartas, lo que interesa mucho a Gabriela, que se permite dar consejos. Más tarde aparece el apuesto intelectual francés Roger Caillois, con quien Victoria vino a Tucumán.Políticamente coincidían plenamente; ambas eran liberales y se oponían a todo gobierno de carácter totalitario. Esta actitud tuvo consecuencias desfavorables para Victoria: durante el primer gobierno de Perón estuvo 27 días en la cárcel y tuvo que esperar tres años para que le devolvieran su pasaporte y poder viajar. Por lo contrario, los gobernantes chilenos ayudaron a Gabriela otorgándole cargos en diversos consulados, lo que le permitió viajar y conocer diversos países.
Las cartas de Gabriela a Victoria son siempre muy cariñosas, pero a menudo aparece un consejo que Victoria no está dispuesta a cumplir. Gabriela considera que el escritor debe adentrarse en su país, buscar su inspiración en el pasado y en el presente de su tierra, hacer una literatura que sea específicamente latinoamericana. Victoria, en cambio, piensa que hay que abrirse al mundo, conocer otros idiomas y leer los clásicos de la literatura universal, saber de nuevos autores y de nuevas corrientes que surgen en otros países. Son dos maneras distintas de entender la literatura. Cada una lo hizo a su manera y las dos lo hicieron muy bien.© LA GACETA

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