23 Diciembre 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El próximo 7 de enero podrá percibirse como nunca la diferencia entre el país oficial y el país real. Si el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) retoma la puntualidad abandonada hace tiempo, a las 16 de ese día se dará a conocer la inflación de 2007.El contraste entre los dos países quedará en evidencia cuando se informe que la inflación será inferior al 9,8% de 2006. Probablemente entre el 8,3% y el 8,5%. Nivel que causaría preocupación en otras latitudes pero que por estas parece ser el políticamente correcto y aceptado por las autoridades.
Pueden descontarse las referencias al “logro” en más de un acto público y hasta aplausos de los circunstanciales concurrentes.
Hasta ahí, el país oficial. Pero para el país real -el de “Pavón Street”, como apuntara Martín Lousteau días antes de asumir como ministro de Economía- el IPC de 2007 no sólo no se ubicará en esos niveles, sino que además tampoco estará por debajo del porcentaje del año anterior. Por el contrario, hay más de un elemento que permite estimar que, por lo menos, lo duplicará.
• Como nunca en el pasado, el IPC del Indec difiere de manera más que ostensible de las mediciones de las consultoras privadas. No obstante, las mediciones en este caso deben ser tomadas con cierta precaución, ya que no hay organismo (público o privado) que pueda realizar un trabajo comparable al del Indec en cuanto a cantidad y capacitación de personal y al universo de bienes y servicios evaluados.
• De la misma manera, el año que finaliza marca una brecha entre el IPC del área metropolitana y los de las provincias que nunca se había dado en otras épocas. Los casos de Mendoza y San Luis son emblemáticos: lo que se presenta como la inflación de todo el año para el Gran Buenos Aires ya había sido alcanzado y hasta superado entre mayo y junio. Otras provincias que no integran el IPC nacional muestran incrementos de precios que llegan a triplicar al oficial.
• Dentro del sistema estadístico elaborado por el propio Indec, también se perciben las disparidades. Si bien los precios al consumidor, los mayoristas y el costo de la construcción suelen presentar diferencias entre sí, estas suelen atenuarse a medida que se extienden los plazos analizados. Esta vez ocurrió exactamente lo contrario: la inflación minorista oficial será la mitad que cualquiera de los tres índices mayoristas y la cuarta parte del costo de la construcción.
La disparidad del IPC oficial con los otros índices del propio Indec, con los IPC del interior y con las proyecciones privadas es percibida también por el habitante de carne y hueso, que traslada ese contraste a la hora de reclamar en defensa de sus intereses.
Lo hacen los trabajadores de varios gremios, al pedir un aguinaldo extra a pocos meses de haber cerrado aumentos salariales en paritarias. Se podrá discutir la validez y la oportunidad de las protestas, pero detrás de estas se encuentra una realidad que solo una visión interesada puede negar: los aumentos salariales acordados hace pocos meses se fueron diluyendo en medio de una inflación oficialmente no admitida.
Por otra parte, en los casos de paritarias de alcance nacional, ¿habrá que acordar aumentos salariales diferentes por región o provincia, si diferentes son los índices de precios? Por ejemplo, para las negociaciones que comenzarán en marzo de 2008, ¿se tomará como referencia para los trabajadores de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano una inflación del 8,4% y para Mendoza una del 25%?
Pero la desconfianza por los índices oficiales no es exclusiva de los gremios. Los contratos de alquiler en las zonas turísticas muestran aumentos de por lo menos el veinte por ciento respecto de la temporada anterior. En ese sentido, costará encontrar una frase más contundente que la de un operador inmobiliario de la costa atlántica bonaerense: “que el Indec diga lo que quiera, todos sabemos cuál es la verdadera inflación”.
En realidad, el problema es que nadie lo sabe. La ausencia de una medición oficial confiable limita todo a estimaciones y aproximaciones. Un perjuicio tan grave como la inflación misma.







