Creció la demanda, pero no la oferta de naftas

En los últimos años cerraron alrededor de 2.500 estaciones de servicio en todo el país. En Tucumán, muchos comercios quedan desabastecidos.

LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
16 Diciembre 2007
Cuando la Federación Económica de Tucumán (FET) conmemoró el Día del Comercio (se celebró el 6 de noviembre) esbozó un estado de situación del sector. El presidente de la central empresaria, Julio Colombres, destacó el buen momento que atraviesa el comercio en general, de la mano del boom del consumo y de la recuperación del poder adquisitivo que tuvieron algunos sectores de la sociedad. Pero afirmó que hay un subsector que atraviesa una profunda crisis: el de las estaciones de servicio. En Tucumán existen unas 90 expendedoras de combustibles líquidos (hay 75 que venden GNC, entre las duales y las que sólo comercializan gas comprimido), que durante los últimos años comenzaron una debacle que, según los empresarios del rubro, se apoya en dos factores clave: el alza de los costos de funcionamiento y la imposibilidad de ajustar los precios de los combustibles.
La problemática de los propietarios de estaciones de servicio tucumanos afecta por igual a sus colegas de todo el país. Un informe de la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos y Afines de la República Argentina (Cecha) da cuenta de que, en los últimos cinco años, cerraron sus puertas alrededor de 2.500 expendedoras, casi la mitad de las 6.000 que había hasta 2002.
"Desde 2003, cuando el Gobierno nacional aplica el virtual congelamiento de los precios de los combustibles, se suceden dos hechos. En primer lugar, nosotros tenemos que afrontar subas de nuestros costos directos, como energía eléctrica y gas y de los sueldos de nuestros empleados. Son insumos básicos de los que se nutren las estaciones de servicio. En segundo lugar, el problema es que el producto final que nosotros vendemos -los combustibles- se mantuvo a precios constantes", explicó Gustavo Sanz, presidente de la Cámara de Comerciantes en Derivados del Petróleo, Gas y Afines (Capega).
"Nuestra rentabilidad surge de un porcentaje del precio final de los combustibles y, por ende, nuestros ingresos también están congelados. En una cuestión así, al no tener margen para ajustar nuestra rentabilidad por la variable de los precios, el negocio de las estaciones de servicio pasa por el volumen de venta: tenemos que tratar de comercializar más combustibles para hacer frente a los incrementos en los insumos. Y aquí surge otro inconveniente: tampoco podemos vender más, porque las petroleras han aplicado cupos y venden a las expendedoras una cantidad determinada de combustibles", especificó Sanz.
A mediados de año, cuando se lanzó la cosecha de granos gruesos y comenzó a tomar fuerza la zafra azucarera, el faltante de combustibles, en especial de gasoil, se profundizó en todo el país. En ese momento, las petroleras explicaron que el crecimiento de la economía exponencial provocó un fuerte incremento en el consumo de naftas, lo que llevó a que se toparan con inconvenientes para hacer fuerte al alza de la demanda. En realidad, las petroleras se negaron a importar combustibles, teniendo en cuenta que no pueden incrementar el valor de las naftas en la Argentina -el precio está regulado por el Gobierno- y el costo del crudo de petróleo alcanzó niveles récord en el mercado internacional (llegó a casi U$S 100 el barril). En ese momento, las compañías adujeron que comprar petróleo en el exterior para venderlo en el país significaría comercializar los combustibles a pérdida. "El Gobierno nacional tuvo que salir a aplicar la Ley de Abastecimiento para garantizar el suministro de combustibles. Pero las petroleras no podían traer combustible a pérdida. En el caso de Shell, directamente no importó gasoil, que era el problema más grande. Todo esto llevó a que los volúmenes de venta se congelaran también, con nuevos perjuicios para las estaciones de servicio", acotó el presidente de Capega.
"Hay dos realidades en el país: creció la economía y las ventas de autos explotaron. Habrá cerca de 1 millón de vehículos más en circulación el año próximo. Esto lleva a que las estaciones tengamos falta de stock; quisiéramos vender más, pero no tenemos combustible porque las petroleras no pueden aumentar el volumen con los precios congelados. La situación de los combustibles líquidos pasa por ese problema. No hay un precio acorde con los valores internacionales y no se satisface la demanda del país", sostuvo Sanz.

El boom de las duales
Las complicaciones en el mercado de combustibles líquidos llevó a muchas estaciones de servicio a convertirse en duales, es decir, a comercializar también GNC. El gas natural comprimido para vehículos llegó a Tucumán en 1994. Ese año había sólo una estación de GNC, mientras que este año se cuentan 75.
"Entre 2003 y 2004 se produjo la mayor cantidad de conversiones de vehículos a GNC. Las estaciones de servicios que vendemos combustibles líquidos entramos en crisis y las que pudimos convertirnos en duales lo hicimos. No todas pueden hacerlo por cuestiones técnicas. En esos años, hasta 2005, la venta de GNC les permitió a las estaciones continuar más o menos bien, pero el crecimiento tan grande en la cantidad de estaciones de GNC en Tucumán, llevó a que hoy la venta promedio de gas haya caído mucho. Una expendedora de esas características demanda mucha inversión y la ecuación sólo cierra por volumen de venta, porque es el combustible más barato. Las estaciones de GNC están ahora peor que las que venden combustibles líquidos. Esto lo puede comprobar cualquiera, ya que antes era normal ver largas filas de vehículos esperando por las cargas y ahora se observan casi vacías a las estaciones", afirmó. Sanz dijo que, hasta hace poco tiempo, tener una estación de servicio era como poseer la "joya de la abuela". "Era un negocio que, si bien no garantizaba riqueza, sí una subsistencia digna. Ahora estamos peleando por la subsistencia: hay faltantes y es común que las expendedoras, cada tanto, se queden sin combustibles para vender", especificó el titular de Capega.
Según un informe de Cecha, de cada peso que se cobra por litro de combustible vendido, 70 centavos van para el Estado vía impuestos, 25 centavos son para la petrolera y cinco para los estacioneros.

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