VUELO OFICIAL. Desde los años 90, los presidentes de la República utilizaron un avión Tango para desplazarse hacia el aeropuerto Benjamín Matienzo. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
09 Julio 2007 Seguir en 

Hasta que en 1991 un decreto estableció que todos los 8 y 9 de julio Tucumán iba a ser durante esos días capital de la República, las celebraciones por el Día de la Independencia tenían un carácter marcadamente local. De hecho, hasta aquel año sólo tres presidentes (Roque Sáenz Peña en 1912, Juan Domingo Perón en 1947 y en 1966 Juan Carlos Onganía; este último no era constitucional) habían asistido a la provincia para encabezar los festejos por la fecha patria y lo habían hecho como consecuencia de decisiones personales. Pero desde que se institucionalizó la presencia de los jefes de Estado los 9 de Julio (cuatro han venido desde 1991), las exigencias de la coyuntura marcaron el sesgo de las visitas, desplazando a un segundo plano la razón de ser de la celebración.
En 1991, pese a que en el país se discutía si su gobierno era coherente con la tradición del justicialismo, Carlos Saúl Menem imitó a Perón, que había internacionalizado la celebración del 9 de julio de 1947, invitando a su par de Chile, Gabriel González Videla, primer jefe de Estado en funciones de un país vecino en visitar Tucumán. Menem hizo lo mismo y llegó a la provincia acompañado por sus pares de Uruguay, Luis Lacalle; de Paraguay, Andrés Rodríguez, y de Bolivia, Jaime Paz Zamora.
En 1992, Menem aprovechó el 9 de julio para distanciarse de su antecesor, el radical Raúl Alfonsín, de quien decía que le había pasado el tren de la historia. Al mismo tiempo, defendió su decisión de cerrar ramales ferroviarios, en la convicción de que el Estado nacional perdía con ellos U$S 40.000 millones mensuales que podían invertirse en otras áreas. El año siguiente, en cambio, el entonces presidente evitó las declaraciones políticas estridentes. Prefirió mostrar su lado cómico (desafió a una coplera) y deportivo (visitó al boxeador Julio César Vázquez, que expuso su título mundial de mediano junior en esta provincia).
En 1994, Menem volvió a la carga y en esta capital destacó que su gobierno le había dado un golpe mortal a la corrupción mediante la privatización de la mayoría de las empresas públicas. Al mismo tiempo, descalificó la incipiente marcha federal, propiciada por una serie de gremios, que propugnaba un paro general para agosto de ese año.
Un año después, con la presencia del vicepresidente Carlos Ruckauf, el foco de la atención estuvo centrado en los tironeos (por fondos federales) que existían entre la Nación y la provincia de Córdoba, gobernada entonces por el radical Eduardo César Angeloz, a quien Menem había vencido en 1989.
La re-reelección y el déficit
Jorge Rodríguez, jefe de gabinete, fue el encargado de representar a Menem durante las celebraciones de 1996 y 1997. En la primera de ellas, el ex funcionario se dedicó a desmentir las versiones de que Menem, que había sido reelegido un año antes como consecuencia de la reforma de la Constitución en 1994, no iba a aspirar a un nuevo mandato en 1999.
En la segunda, orientó su discurso hacia la lucha contra el desempleo, uno de los puntos más cuestionables de la administración a la que pertenecía. En el 98, ya el propio Menem, durante la última visita a Tucumán como primer mandatario (al año siguiente vino el secretario de Educación, Manuel García Solá), insistió en que la re-reelección no lo desvivía.
Otros tiempos
Las dos visitas que concretó el siguiente presidente, Fernando de la Rúa, en 2000 y en 2001, estuvieron signadas por la preocupación que existía en torno del déficit fiscal. En el segundo caso y como si se tratara de un presagio de lo que iba a suceder cinco meses después (su renuncia como consecuencia de una crisis socioeconómica e institucional sin precedentes), De la Rúa efectuó desde Tucumán un dramático llamado a la unidad nacional para reducir el rojo de las cuentas públicas, que él calculaba en $ 15.000 millones por año.
Como aún repicaban los efectos de la crisis de diciembre de 2001, la sobriedad marcó los actos en 2002. En la población no había ánimos para celebrar y el presidente Eduardo Duhalde, además, sufrió el desplante del gobernador santafesino, Carlos Reutemann, de quien pretendía que viniera a Tucumán a anunciar que él iba a ser el candidato a presidente del justicialismo el próximo año.
En 2003 y en 2004, ya en la presidencia, Néstor Kirchner se esforzó por demostrar que iba a revalorizar al Estado, tras el desguace que había sufrido durante los 90. Para ello prometió inversiones y obras públicas, aunque en el segundo año los anuncios quedaron opacados por los enfrentamientos entre piqueteros leales y opositores a su gobierno en la plaza Independencia.
Si en 2005 (en la cancha de San Martín) y en 2006 (en la plaza Independencia), Kirchner volvió a pivotear sobre su preocupación por la inversión pública, hoy, en el Hipódromo, la prioridad la tendrá, seguramente, la promoción de la candidatura presidencial de su esposa, la senadora Cristina Fernández, para las elecciones de octubre. Como si se tratara de una premonición, la primera dama había venido a la provincia para la celebración del 9 de julio del año pasado, pero no a las dos primeras de la gestión de su marido. LA GACETA (C)
En 1991, pese a que en el país se discutía si su gobierno era coherente con la tradición del justicialismo, Carlos Saúl Menem imitó a Perón, que había internacionalizado la celebración del 9 de julio de 1947, invitando a su par de Chile, Gabriel González Videla, primer jefe de Estado en funciones de un país vecino en visitar Tucumán. Menem hizo lo mismo y llegó a la provincia acompañado por sus pares de Uruguay, Luis Lacalle; de Paraguay, Andrés Rodríguez, y de Bolivia, Jaime Paz Zamora.
En 1992, Menem aprovechó el 9 de julio para distanciarse de su antecesor, el radical Raúl Alfonsín, de quien decía que le había pasado el tren de la historia. Al mismo tiempo, defendió su decisión de cerrar ramales ferroviarios, en la convicción de que el Estado nacional perdía con ellos U$S 40.000 millones mensuales que podían invertirse en otras áreas. El año siguiente, en cambio, el entonces presidente evitó las declaraciones políticas estridentes. Prefirió mostrar su lado cómico (desafió a una coplera) y deportivo (visitó al boxeador Julio César Vázquez, que expuso su título mundial de mediano junior en esta provincia).
En 1994, Menem volvió a la carga y en esta capital destacó que su gobierno le había dado un golpe mortal a la corrupción mediante la privatización de la mayoría de las empresas públicas. Al mismo tiempo, descalificó la incipiente marcha federal, propiciada por una serie de gremios, que propugnaba un paro general para agosto de ese año.
Un año después, con la presencia del vicepresidente Carlos Ruckauf, el foco de la atención estuvo centrado en los tironeos (por fondos federales) que existían entre la Nación y la provincia de Córdoba, gobernada entonces por el radical Eduardo César Angeloz, a quien Menem había vencido en 1989.
La re-reelección y el déficit
Jorge Rodríguez, jefe de gabinete, fue el encargado de representar a Menem durante las celebraciones de 1996 y 1997. En la primera de ellas, el ex funcionario se dedicó a desmentir las versiones de que Menem, que había sido reelegido un año antes como consecuencia de la reforma de la Constitución en 1994, no iba a aspirar a un nuevo mandato en 1999.
En la segunda, orientó su discurso hacia la lucha contra el desempleo, uno de los puntos más cuestionables de la administración a la que pertenecía. En el 98, ya el propio Menem, durante la última visita a Tucumán como primer mandatario (al año siguiente vino el secretario de Educación, Manuel García Solá), insistió en que la re-reelección no lo desvivía.
Otros tiempos
Las dos visitas que concretó el siguiente presidente, Fernando de la Rúa, en 2000 y en 2001, estuvieron signadas por la preocupación que existía en torno del déficit fiscal. En el segundo caso y como si se tratara de un presagio de lo que iba a suceder cinco meses después (su renuncia como consecuencia de una crisis socioeconómica e institucional sin precedentes), De la Rúa efectuó desde Tucumán un dramático llamado a la unidad nacional para reducir el rojo de las cuentas públicas, que él calculaba en $ 15.000 millones por año.
Como aún repicaban los efectos de la crisis de diciembre de 2001, la sobriedad marcó los actos en 2002. En la población no había ánimos para celebrar y el presidente Eduardo Duhalde, además, sufrió el desplante del gobernador santafesino, Carlos Reutemann, de quien pretendía que viniera a Tucumán a anunciar que él iba a ser el candidato a presidente del justicialismo el próximo año.
En 2003 y en 2004, ya en la presidencia, Néstor Kirchner se esforzó por demostrar que iba a revalorizar al Estado, tras el desguace que había sufrido durante los 90. Para ello prometió inversiones y obras públicas, aunque en el segundo año los anuncios quedaron opacados por los enfrentamientos entre piqueteros leales y opositores a su gobierno en la plaza Independencia.
Si en 2005 (en la cancha de San Martín) y en 2006 (en la plaza Independencia), Kirchner volvió a pivotear sobre su preocupación por la inversión pública, hoy, en el Hipódromo, la prioridad la tendrá, seguramente, la promoción de la candidatura presidencial de su esposa, la senadora Cristina Fernández, para las elecciones de octubre. Como si se tratara de una premonición, la primera dama había venido a la provincia para la celebración del 9 de julio del año pasado, pero no a las dos primeras de la gestión de su marido. LA GACETA (C)







