La acción kirchnerista

El matrimonio presidencial desembarcará en un mes clave. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

01 Julio 2007
La doble campanada que dio la oposición hace siete días aturdió los oídos del kirchnerismo. Mauricio Macri, en la ciudad de Buenos Aires, y Fabiana Ríos, en Tierra del Fuego, desacomodaron a la Casa Rosada, con sus triunfos en sendos ballottages. El ex gobernador santacruceño Sergio Acevedo denunció una “profundización del modelo menemista“, a propósito de la extensión -sin licitación pública- de concesiones petroleras en la provincia del Presidente y en Chubut. Acevedo cruzó así de vereda y golpeó en un lado sensible del equipo gobernante desde mayo de 2003. Demasiados ruidos para el gusto del oficialismo, que sólo había ganado con un candidato de signo peronista en Entre Ríos, y en los otros distritos en sociedad con radicales prófugos de su identidad tradicional. Se fue junio, con un saldo en rojo en las cuentas electorales del oficialismo. El receso de julio le privará de desafíos electorales, pero le dará un respiro para diseñar la estrategia aplicable en el trimestre que va de agosto a octubre. La pieza clave de esa operación será el lanzamiento del binomio para octubre, que siempre llevará el apellido Kirchner (Néstor o Cristina) a la cabeza. En este esquema de politización ascendiente, el acto del 9 de julio adquiere una relevancia mayor que en años anteriores. Al gobierno de José Alperovich le cabe, por tanto, la obligación de que el matrimonio presidencial no sufra ningún traspié durante su fugaz estancia por Tucumán. El país político concentrará sus focos en lo que hagan o dejen de hacer los visitantes.
Dispar fue la suerte que corrió Kirchner cada vez que vino a presidir la celebración patria. En 2004, una trifulca de proporciones entre piqueteros adictos al Gobierno y antialperovichistas empañó la jornada en la plaza Independencia. A causa de ello, el gobernador ingresó en una zona de turbulencia, de la que salió tras dar sobradas fuertes muestras de fidelidad. En 2005, quiso evitar la repetición del problema y llenó policías el escde la ciudad. “Aprendí de las equivocaciones“, confesó. El Presidente habló en el estadio de San Martín, donde escuchó promesas de solidaridad de su anfitrión. “Los tucumanos vamos a estar con usted“, le dijo,
Pero en 2006 volvió a la plaza, donde las escaramuzas entre dos facciones del oficialismo pusieron tensión en el ambiente, pese al férreo dispositivo de las fuerzas de seguridad. Alperovich sólo oyó lisonjas del santacruceño.
El Gobierno se ufanó porque había recuperado el control de la plaza Independencia, pero las algaradas de los otros -es decir, los opositores de turno-le devuelven ahora el nerviosismo al cuerpo.
La tranquilidad de 2006 cedió paso a la turbación preelectoral. El ministro político Edmundo Jiménez consiguió enfriar a los sindicalistas díscolos por 30 días, aun cuando subsisten protestas de menor cuantía. “Son los que van a reclamar más bolsones“. minimizan en Casa de Gobierno.

Examen crucial
A Alperovich le llegó la hora de devolver con votos todo lo que recibió. Octubre será un examen crucial para el gobernador que pretende administrar Tucumán desde el 29 de octubre. Se eligió el Hipódromo porque contendrá a más gente y porque se reducirá el riesgo de inseguridad. “No quiero hacerle el caldo gordo a los pícaros“, manifestó Alperovich.
Los antecedentes de 2006 ubican a partidarios del concejal Carlos Issa“Alito“ Assan y del legislador Antonio “Pachi“ Raed como los protagonistas de la pelea, que se aquietó tras las exhortaciones desesperadas de la diputada Beatriz Rojkés de Alperovich. Neutralizados los focos de protesta sindicales que antagonizan con el oficialismo, las raíces de potenciales conflictos deben buscarse en el mundo alperovichista.
En rigor, las reyertas últimas que perturbaron las ceremonias a las que asistió Alperovich, no fueron causadas por opositores al régimen, sino por facciones leales a él. Confrontaron, así. simpatizantes de Teresa Felipe de Heredia con los del edil “Alito“ Assan, y en tiempos más cercanos, las huestes de la legisladora Marta Zurita con las del diputado nacional Gerónimo Vargas Aignasse. Tres de ellos buscan espacios en la Legislatura, excepto Heredia- ansiosa por regresar al Concejo Deliberante-. La belicosidad de las distintas líneas que conviven bajo el alperovichismo puede pasar de la potencia al acto en el instante menos esperado y ocasionar disgustos fuera de libreto.
El sistema de acople disparó, en ese sentido, una competencia feroz entre corrientes adictas a la Casa de Gobierno. La llave que abre el acceso a los fondos necesarios para las elecciones está en manos de Alperovich, de quien depende la aceptación o el rechazo de las listas que procuran acoplarse a la fórmula oficial .
Para hacer méritos ante él, los dirigentes reniegan de lealtades anteriores y desaparecen los disensos. Incluso, quienes disponen de mayores recursos van a conquistar la adhesión de los postulantes a concejales de otras listas. La piratería política está en marcha y no existen reglas aceptadas por todos.

El desnivel que obsesiona
El aparato estatal debe prepararse en Tucumán para acumular una diferencia significativa de votos en favor del kirchnerismo. De ese modo, se intentará achicar la diferencia de votos contra la fórmula presidencial oficialista que pueden registrarse en distritos como Capital Federal. Tucumán debe ayudar a compensar el desnivel, explican en Casa de Gobierno. El punto de partida se situará en los comicios provinciales del 26 de agosto. Pero todos admiten que la concentración del 9 certificará la voluntad del oficialismo gobernante en Tucumán de ayudar al matrimonio presidencial en el inicio de una nueva etapa política.
La oposición en Tucumán al binomio kirchnerista está principalmente dispersa en tres candidatos presidenciales alternativos: Ricardo López Murphy (Recrear), Roberto Lavagna (Frente de la Dignidad y la UCR en sus distintas vertientes) y Elisa Carrió (la democracia cristiana que lidera localmente la coalición cívica). La apuesta que enfrentan quienes patrocinan a esos candidatos en Tucumán, radica en capturar los votos de las franjas de votantes que discrepan con las políticas de la Casa Rosada. De por medio, está el turno electoral de agosto, que condiciona los acuerdos políticos que trascienden la geografía provincial. Puede ser el árbol que tape el bosque y evite mirar el más allá.
En ese clima, es indudable que se diluye la jerarquía de la celebración patria en los preparativos proselitistas del justicialismo. La reacción opositora está muy lejos de advertir a la opinión pública que se trastocó el sentido que tuvo la elección de San Miguel de Tucumán, como ciudad capital de la República, durante el 9 de julio. Cada vez es más fugaz la permanencia del Presidente en tierra tucumana. Es signo, también, de la creciente dependencia política del Gobierno local de los humores y favores de la Casa Rosada. La indiferencia ciudadana ante ese hecho es un síntoma alarmante de la declinación del espíritu republicano.

Tamaño texto
Comentarios