14 Junio 2007 Seguir en 
"Estoy mejor que ayer
hoy lloré menos"
Gloria Fuertes.
A menudo, las mujeres no reciben las recompensas materiales o emocionales que esperan a cambio del cumplimiento de sus responsabilidades domésticas. Para muchas éste no es, sin embargo, el único riesgo que corren en el hogar familiar. También están expuestas al peligro de sufrir lesiones o hasta de morir por obra de la misma persona de quien esperan protección.
El hogar suele considerarse como un lugar seguro, un refugio frente a las amenazas del mundo exterior. La realidad es, con frecuencia, muy distinta.
El temor a la violencia física y su práctica real representan una importante amenaza para la salud de millones de mujeres y esto, a menudo, constituye un aspecto habitual de la vida familiar.
En los años 70 y principios de los 80, las investigaciones se concentraron en los países desarrollados, donde la denuncia de la violencia contra las mujeres fue una preocupación central para el movimiento feminista. Sin embargo, en estos momentos está claro que la violencia doméstica constituye un problema de salud pública a escala mundial.
Resulta difícil obtener estimaciones exactas del número de mujeres que son víctimas de malos tratos puesto que muchas, por vergüenza o por temor, prefieren no revelar sus sufrimientos privados. Sin embargo, existen pruebas de que muchas mujeres que conviven con hombres ven afectada o incluso arruinada su salud a causa de las agresiones.
Más allá de las diferencias culturales, millones de mujeres comparten la experiencia de la violencia doméstica y la excusa inmediata para los malos tratos, muchas veces es su desempeño del papel de esposas o madres. El propio embarazo parece incrementar, de hecho, el riesgo. Algunos estudios señalan que la probabilidad de que una mujer sea maltratada por su pareja es dos veces más alta si está embarazada.
Las agresiones físicas pueden incluir patadas, tirones de pelo, golpes con objetos contundentes, apuñalamiento, disparos de arma de fuego o ataques con ácido o agua hirviendo. Además, frecuentemente culminan con alguna forma de violencia sexual. Las lesiones pueden ser graves y en algunos casos mortales. En la mayoría de los países, una mujer tiene más probabilidades de morir por su marido o compañero que por obra de cualquier otro atacante.
Además de causar lesiones físicas, la violencia doméstica también aparece como una importante causa de sufrimientos y traumas psicológicos. La mayor parte de las mujeres maltratadas sufren los estragos de la angustia asociada al temor a la próxima agresión, y los ataques de la persona que supuestamente debería cuidar de ellas les causan desconcierto y sentimientos de ira.
Debido al carácter frecuentemente privado de la vida doméstica y a su dependencia económica y a veces también cultural, muchas mujeres siguen creyendo que deben resolver ellas solas sus problemas. Sólo cuando se supere esta idea podrá promoverse el cambio social a través de la acción colectiva, transformando el hogar en un lugar más saludable . Y como dijo la poeta: "Escapé de la línea de tu fuego, ya no he vuelto a ser acribillada".
Por Francisco Arias Solis - Columnista de Internautas por la Paz y la Libertad.
hoy lloré menos"
Gloria Fuertes.
A menudo, las mujeres no reciben las recompensas materiales o emocionales que esperan a cambio del cumplimiento de sus responsabilidades domésticas. Para muchas éste no es, sin embargo, el único riesgo que corren en el hogar familiar. También están expuestas al peligro de sufrir lesiones o hasta de morir por obra de la misma persona de quien esperan protección.
El hogar suele considerarse como un lugar seguro, un refugio frente a las amenazas del mundo exterior. La realidad es, con frecuencia, muy distinta.
El temor a la violencia física y su práctica real representan una importante amenaza para la salud de millones de mujeres y esto, a menudo, constituye un aspecto habitual de la vida familiar.
En los años 70 y principios de los 80, las investigaciones se concentraron en los países desarrollados, donde la denuncia de la violencia contra las mujeres fue una preocupación central para el movimiento feminista. Sin embargo, en estos momentos está claro que la violencia doméstica constituye un problema de salud pública a escala mundial.
Resulta difícil obtener estimaciones exactas del número de mujeres que son víctimas de malos tratos puesto que muchas, por vergüenza o por temor, prefieren no revelar sus sufrimientos privados. Sin embargo, existen pruebas de que muchas mujeres que conviven con hombres ven afectada o incluso arruinada su salud a causa de las agresiones.
Más allá de las diferencias culturales, millones de mujeres comparten la experiencia de la violencia doméstica y la excusa inmediata para los malos tratos, muchas veces es su desempeño del papel de esposas o madres. El propio embarazo parece incrementar, de hecho, el riesgo. Algunos estudios señalan que la probabilidad de que una mujer sea maltratada por su pareja es dos veces más alta si está embarazada.
Las agresiones físicas pueden incluir patadas, tirones de pelo, golpes con objetos contundentes, apuñalamiento, disparos de arma de fuego o ataques con ácido o agua hirviendo. Además, frecuentemente culminan con alguna forma de violencia sexual. Las lesiones pueden ser graves y en algunos casos mortales. En la mayoría de los países, una mujer tiene más probabilidades de morir por su marido o compañero que por obra de cualquier otro atacante.
Además de causar lesiones físicas, la violencia doméstica también aparece como una importante causa de sufrimientos y traumas psicológicos. La mayor parte de las mujeres maltratadas sufren los estragos de la angustia asociada al temor a la próxima agresión, y los ataques de la persona que supuestamente debería cuidar de ellas les causan desconcierto y sentimientos de ira.
Debido al carácter frecuentemente privado de la vida doméstica y a su dependencia económica y a veces también cultural, muchas mujeres siguen creyendo que deben resolver ellas solas sus problemas. Sólo cuando se supere esta idea podrá promoverse el cambio social a través de la acción colectiva, transformando el hogar en un lugar más saludable . Y como dijo la poeta: "Escapé de la línea de tu fuego, ya no he vuelto a ser acribillada".
Por Francisco Arias Solis - Columnista de Internautas por la Paz y la Libertad.
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